- No regreso...
- ¿Pero por que?
- Me duele, por todo.
- Bueno, dijimos que me movía para allá
- Tampoco se si me quedo
- De acuerdo, te entiendo.
- Te amo
- Y yo igual.
Ella, aunque realmente entendía, estaba decepcionada. La verdad es mejor que las mentiras. Duelen más cuando caen. Estaba totalmente decepcionada y eso siempre trae problemas. Sonó su teléfono mil veces más y ella nunca volvió a contestar.
La decepción fue tan grande, que su siempre dulce sonrisa se disimuló con un deje de oscuridad. Ella no lo ocultaba, simplemente lo dejaba sentir cada vez más. Hasta que un día tuvo la oportunidad de irse a trabajar lejos. Una obra, en el medio del invierno del norte de Canadá. Una línea de transmisión tan complicada como interesante. Iban a ser tres rigurosos meses de hielos perpetuos. Eso no le importaba. Todo se había tornado tan doloroso para ella que sufrir físicamente no le causaba angustia.
- Te estás castigando Reina, déjame ayudarte…
Esa voz, ella, pugnaba por salir y el amor enfermizo que aún sentía por él no le permitía soltar esa personalidad hecha para cuidarla del dolor.
Una vez en ese país, los primeros días fueron el sufrimiento físico que combinaba con el sufrimiento mental. El frío congelante, las caminatas por la trayectoria, la vigilancia constante del firmamento para evitar la noche en el exterior. El dolor de músculos, huesos. Pero la más dolorosa era su alma. A pesar de ser de las pocas mujeres que estaban en esa obra, nadie la buscaba. Sus noches las pasaba sola y sin sobresaltos. Pareciera que nadie se atrevía a rondarla.
- Alguien (algo) está afuera princesa, ponte lista…
“Gracias” pensó. Era ella como siempre avisándole de lo que ella dulcemente ignoraba muchas veces. Silenciosa y acomodando el rifle en el hombro, escuchó. El viento resoplando de la tormenta. El frío colándose por los orificios. Nada extraño… Un gruñido, algo resoplando en la puerta, olfateando… “Lobos”. Muy al norte, sin presas, algunos llegan tan bajo como cazar humanos, algunos se volvían carroñeros. Esos animales eran detestables, rompían el honor de un verdadero lobo. Se tranquilizó, solo rondaban, mientras ella no saliera… Un aullido cortando el ruido de la tormenta, justo afuera de su puerta, tan desgarrador como un cuchillo de cazador. Sintió el frío de ese aullido entrar por sus oídos y congelar cada sentimiento. Sus pupilas dilatadas con la oscuridad, la piel erizada sintiendo el peligro, la respiración pausada y controlada para no entrar en histeria. El lobo la olía, lo sabía, sentía que el olor de su piel se enardecía con el miedo. Rascaba la puerta, acomodó el rifle al hombro y espero. Era fuerte, la puerta se movía… Silencio de pronto, así como vino, desapareció. Cuando ella se empezó a reír sardónicamente, se sobresaltó y sintió el corazón retumbar en el eco del silencio.
- Que buen susto nos pegó ese bicho, debe ser hermoso, grande, pesado. No dudo que sea blanco con negro, pese más de 80 kg y sea un solitario cazador.
- Ni que fuera Amarok tonta.
- Tú nunca sabes dónde te vas a topar con demonios…
- ¿Y te asustaste?...
Silencio… La cabrona se había asustado. Eso le sacó una sonrisa, su demonio no estaba exento del miedo.
Pasaron las semanas y no volvió a tener ningún tipo de incidente extraño. Un día en el medio de la trayectoria, sola, se descompuso la camioneta y caminar de regreso le implicaría dos horas, tenía una sola de luz de día. Tomó sin retraso su rifle, sus lentes y tomó algo de agua. Dos horas sobreviviría. Si llegaba…
Sintió que ella se removía como serpiente, alerta, vigilante y la dejó aflorar junto a ella.
- Mmmmm, que delicia… lindo clima
- Cállate y pon atención
- Querida, yo siempre estoy alerta para ti.
- Ya sé.
La primera hora caminó lo más rápido posible, le dolían las piernas y el frío le cortaba los pulmones. Ese frío cada vez era más pesado. Avanzó poco más de la mitad, si continuaba a ese ritmo llegaría media hora antes. Media hora de oscuridad, solo media hora.
- Creo que tenemos que hacer menos ruido, estar menos a la vista. Intérnate en el bosque, el camino no es seguro.
La obedeció. No fallaba el loco que salía a estas horas. No fallaban los incidentes. Aunque lejos de la población había gente en los bosques y esos eran los depredadores más difíciles.
En el bosque, estaba un poco más protegida del viento. Caminaba atenta y de pronto todo se hizo silencio. Muda, se detuvo, escuchó. Se puso en cuclillas y no movió el cuerpo un ápice. En esa posición lo observo salir de las profundidades de oscuridad. Grande, imponente, con esos ojos amarillos como bandera, el pelo negro del lomo erizado. Ella tenía razón, debía pesar por lo menos 100 kg. Magnifico animal. Solitario cazador… “Amarok” pensó. Fue como si la hubiera escuchado. Volteó directamente hacia donde estaba ella y pausadamente se acercó. Se levantó pensando en que si iba a morir a manos de semejante espécimen lo iba a hacer parada, sin miedo, sin agazaparse o esconderse, sin huir, de frente.
- Amarok concédeme el honor de morir rápido y sin tanto sufrimiento.
Soltó su rifle, el cuchillo y se quitó el traje térmico, para quedar desnuda ante él. El frío era mortal, pero moriría de cualquier forma. El animal se acercó más a ella. Le llega a la altura del pecho. 1.20 de alto hasta la cabeza. La olfateo, su nariz fría recorriendo su piel, hasta subir a su cara. Ella cerró los ojos y ella sonrío. Sintió la nariz en su boca, sintió el gruñido bajo que subía por la garganta del animal, abrió los ojos para ver los seis incisivos ante su cara. Sonrío al sentir el frío y la muerte tan cerca, el dolor por fin iba a terminar. Cuando sin esperarlo la bestia lengüeteó su cara. Como si fuera un hermoso perro, después la rozo, con todo su cuerpo, como si la marcara.
- Nos está marcando dulzura.
Se fue, en tres segundos tomo la velocidad de caza: 65 kmph, eso había leído alguna vez.
Cuando regresó al campamento era muy tarde. Ya la estaban buscando, habían encontrado la camioneta pero no a ella. La ligera nieve había cubierto sus huellas. Después de eso su trabajo concluyó, le faltaba dos semanas exclusivamente de papeleo.
Decidió quedarse en ese país, buscó casa más al sur, pero siempre colindando con el bosque. Extrañamente quería volver a ver al Amarok. Y una madrugada así fue. Caminaba justo antes del amanecer. En el bosque, con el invierno ya avanzado, pero casi de salida.
Amarok salió de entre las profundidades oscuras del bosque, se acercó sigiloso con algo en la boca, ellas lo observaban alegres, sonrientes y emocionadas como niñas con el primer perrito que papá les regalaba. Él se rozó con ellas, las rodeo y las acarició con la cola. Frente a ellas puso la ofrenda.
- Un dedo
Lo recogieron y observaron con calma el dedo, con un anillo… Ese anillo…Abrió grandes los ojos, reconocía ese anillo perfectamente, ese anillo lo había regalado ella, a él… ¿Vivía acá? ¿Desde cuándo? Maldita sea las mentiras caen y cuando lo hacen terminan provocando terremotos.
Volteó a ver al Amarok que se alejaba y la miraba, invitándola a seguirlo. Y así sin mirar atrás como tantas decisiones en su vida, caminó detrás del peligro. El día clareaba pero el bosque era profundo, frondoso y era invierno todavía. Cuando llegaron al claro vieron la cabaña, un lago no muy lejos y en el centro, una gran mancha roja. Se acercó y ahí estaba él, entre la vida y la muerte, sufriendo.
La miró y trato de hablar. Ella se acuclilló junto a él y le acarició el cabello ensangrentado.
- Shhh… No te esfuerces. Te dije que cazar de noche era peligroso, que había demonios más peligrosos que tú y que yo. Tú y yo siempre buscábamos víctimas de día. Estaba incompleta sin ti, sin mi compañero de juegos.
Se levantó y comenzó a desnudarse…
- ¿Recuerdas cuando corríamos desnudos? ¿Después de jugar? Quemábamos nuestras ropas manchadas y corríamos, solo corríamos.
Dejó la ropa junto a él, entró a la casa y encontró el bote de gasolina y los cerillos. Roció todo y el la miró con cara de alivio y terror.
- Te dije que cazar solo no era divertido, pero decidiste tener una familia, una vida “normal” dijiste… Ahí está tu vida normal.
Lanzó el cerillo y observó las llamas comerse lo poco que quedaba de él. Amarok aulló profundo y largo. Otros lobos se unieron al canto sin acercarse. Amarok la invitó con una mirada y ella comenzó a correr.
Libre, corriendo con lobos. Su lobo, su demonio…
Abre tu corazón
No temas a la oscuridad
Cubre tus ojos
El diablo está afuera
La decepción fue tan grande, que su siempre dulce sonrisa se disimuló con un deje de oscuridad. Ella no lo ocultaba, simplemente lo dejaba sentir cada vez más. Hasta que un día tuvo la oportunidad de irse a trabajar lejos. Una obra, en el medio del invierno del norte de Canadá. Una línea de transmisión tan complicada como interesante. Iban a ser tres rigurosos meses de hielos perpetuos. Eso no le importaba. Todo se había tornado tan doloroso para ella que sufrir físicamente no le causaba angustia.
- Te estás castigando Reina, déjame ayudarte…
Esa voz, ella, pugnaba por salir y el amor enfermizo que aún sentía por él no le permitía soltar esa personalidad hecha para cuidarla del dolor.
Una vez en ese país, los primeros días fueron el sufrimiento físico que combinaba con el sufrimiento mental. El frío congelante, las caminatas por la trayectoria, la vigilancia constante del firmamento para evitar la noche en el exterior. El dolor de músculos, huesos. Pero la más dolorosa era su alma. A pesar de ser de las pocas mujeres que estaban en esa obra, nadie la buscaba. Sus noches las pasaba sola y sin sobresaltos. Pareciera que nadie se atrevía a rondarla.
- Alguien (algo) está afuera princesa, ponte lista…
“Gracias” pensó. Era ella como siempre avisándole de lo que ella dulcemente ignoraba muchas veces. Silenciosa y acomodando el rifle en el hombro, escuchó. El viento resoplando de la tormenta. El frío colándose por los orificios. Nada extraño… Un gruñido, algo resoplando en la puerta, olfateando… “Lobos”. Muy al norte, sin presas, algunos llegan tan bajo como cazar humanos, algunos se volvían carroñeros. Esos animales eran detestables, rompían el honor de un verdadero lobo. Se tranquilizó, solo rondaban, mientras ella no saliera… Un aullido cortando el ruido de la tormenta, justo afuera de su puerta, tan desgarrador como un cuchillo de cazador. Sintió el frío de ese aullido entrar por sus oídos y congelar cada sentimiento. Sus pupilas dilatadas con la oscuridad, la piel erizada sintiendo el peligro, la respiración pausada y controlada para no entrar en histeria. El lobo la olía, lo sabía, sentía que el olor de su piel se enardecía con el miedo. Rascaba la puerta, acomodó el rifle al hombro y espero. Era fuerte, la puerta se movía… Silencio de pronto, así como vino, desapareció. Cuando ella se empezó a reír sardónicamente, se sobresaltó y sintió el corazón retumbar en el eco del silencio.
- Que buen susto nos pegó ese bicho, debe ser hermoso, grande, pesado. No dudo que sea blanco con negro, pese más de 80 kg y sea un solitario cazador.
- Ni que fuera Amarok tonta.
- Tú nunca sabes dónde te vas a topar con demonios…
- ¿Y te asustaste?...
Silencio… La cabrona se había asustado. Eso le sacó una sonrisa, su demonio no estaba exento del miedo.
Pasaron las semanas y no volvió a tener ningún tipo de incidente extraño. Un día en el medio de la trayectoria, sola, se descompuso la camioneta y caminar de regreso le implicaría dos horas, tenía una sola de luz de día. Tomó sin retraso su rifle, sus lentes y tomó algo de agua. Dos horas sobreviviría. Si llegaba…
Sintió que ella se removía como serpiente, alerta, vigilante y la dejó aflorar junto a ella.
- Mmmmm, que delicia… lindo clima
- Cállate y pon atención
- Querida, yo siempre estoy alerta para ti.
- Ya sé.
La primera hora caminó lo más rápido posible, le dolían las piernas y el frío le cortaba los pulmones. Ese frío cada vez era más pesado. Avanzó poco más de la mitad, si continuaba a ese ritmo llegaría media hora antes. Media hora de oscuridad, solo media hora.
- Creo que tenemos que hacer menos ruido, estar menos a la vista. Intérnate en el bosque, el camino no es seguro.
La obedeció. No fallaba el loco que salía a estas horas. No fallaban los incidentes. Aunque lejos de la población había gente en los bosques y esos eran los depredadores más difíciles.
En el bosque, estaba un poco más protegida del viento. Caminaba atenta y de pronto todo se hizo silencio. Muda, se detuvo, escuchó. Se puso en cuclillas y no movió el cuerpo un ápice. En esa posición lo observo salir de las profundidades de oscuridad. Grande, imponente, con esos ojos amarillos como bandera, el pelo negro del lomo erizado. Ella tenía razón, debía pesar por lo menos 100 kg. Magnifico animal. Solitario cazador… “Amarok” pensó. Fue como si la hubiera escuchado. Volteó directamente hacia donde estaba ella y pausadamente se acercó. Se levantó pensando en que si iba a morir a manos de semejante espécimen lo iba a hacer parada, sin miedo, sin agazaparse o esconderse, sin huir, de frente.
- Amarok concédeme el honor de morir rápido y sin tanto sufrimiento.
Soltó su rifle, el cuchillo y se quitó el traje térmico, para quedar desnuda ante él. El frío era mortal, pero moriría de cualquier forma. El animal se acercó más a ella. Le llega a la altura del pecho. 1.20 de alto hasta la cabeza. La olfateo, su nariz fría recorriendo su piel, hasta subir a su cara. Ella cerró los ojos y ella sonrío. Sintió la nariz en su boca, sintió el gruñido bajo que subía por la garganta del animal, abrió los ojos para ver los seis incisivos ante su cara. Sonrío al sentir el frío y la muerte tan cerca, el dolor por fin iba a terminar. Cuando sin esperarlo la bestia lengüeteó su cara. Como si fuera un hermoso perro, después la rozo, con todo su cuerpo, como si la marcara.
- Nos está marcando dulzura.
Se fue, en tres segundos tomo la velocidad de caza: 65 kmph, eso había leído alguna vez.
Cuando regresó al campamento era muy tarde. Ya la estaban buscando, habían encontrado la camioneta pero no a ella. La ligera nieve había cubierto sus huellas. Después de eso su trabajo concluyó, le faltaba dos semanas exclusivamente de papeleo.
Decidió quedarse en ese país, buscó casa más al sur, pero siempre colindando con el bosque. Extrañamente quería volver a ver al Amarok. Y una madrugada así fue. Caminaba justo antes del amanecer. En el bosque, con el invierno ya avanzado, pero casi de salida.
Amarok salió de entre las profundidades oscuras del bosque, se acercó sigiloso con algo en la boca, ellas lo observaban alegres, sonrientes y emocionadas como niñas con el primer perrito que papá les regalaba. Él se rozó con ellas, las rodeo y las acarició con la cola. Frente a ellas puso la ofrenda.
- Un dedo
Lo recogieron y observaron con calma el dedo, con un anillo… Ese anillo…Abrió grandes los ojos, reconocía ese anillo perfectamente, ese anillo lo había regalado ella, a él… ¿Vivía acá? ¿Desde cuándo? Maldita sea las mentiras caen y cuando lo hacen terminan provocando terremotos.
Volteó a ver al Amarok que se alejaba y la miraba, invitándola a seguirlo. Y así sin mirar atrás como tantas decisiones en su vida, caminó detrás del peligro. El día clareaba pero el bosque era profundo, frondoso y era invierno todavía. Cuando llegaron al claro vieron la cabaña, un lago no muy lejos y en el centro, una gran mancha roja. Se acercó y ahí estaba él, entre la vida y la muerte, sufriendo.
La miró y trato de hablar. Ella se acuclilló junto a él y le acarició el cabello ensangrentado.
- Shhh… No te esfuerces. Te dije que cazar de noche era peligroso, que había demonios más peligrosos que tú y que yo. Tú y yo siempre buscábamos víctimas de día. Estaba incompleta sin ti, sin mi compañero de juegos.
Se levantó y comenzó a desnudarse…
- ¿Recuerdas cuando corríamos desnudos? ¿Después de jugar? Quemábamos nuestras ropas manchadas y corríamos, solo corríamos.
Dejó la ropa junto a él, entró a la casa y encontró el bote de gasolina y los cerillos. Roció todo y el la miró con cara de alivio y terror.
- Te dije que cazar solo no era divertido, pero decidiste tener una familia, una vida “normal” dijiste… Ahí está tu vida normal.
Lanzó el cerillo y observó las llamas comerse lo poco que quedaba de él. Amarok aulló profundo y largo. Otros lobos se unieron al canto sin acercarse. Amarok la invitó con una mirada y ella comenzó a correr.
Libre, corriendo con lobos. Su lobo, su demonio…
Abre tu corazón
No temas a la oscuridad
Cubre tus ojos
El diablo está afuera
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