La sonrisa también tropieza. Lo hace cuando se topa con una boca adusta y fría, intransformable al bien, sin sentido de empatía.
A veces me gusta viajar al pasado. Ese donde la soledad era oscura y el dolor y angustia carcomía la piel. Ese, donde tu melancolía exaltaba la mía y nos volvíamos un mar de tristeza. Un cuarto lleno de sombras y grietas por doquier, donde nos escondíamos el uno del otro y solo volaban papeles con frases hermosas llenas de espinas. Me gusta volver de vez en cuando a esos lugares donde la oscuridad que habita el sótano de mi alma sale a jugar. Ese dolor que nunca se va y solo dormita en las penumbras. Hasta que algo lo despierte y seamos tu y yo nuevamente escondidos en esas palabras tristes que teníamos. Visito estos lugares tan escondidos que casi se olvidan, para expresar un te extraño sin saber a ciencia cierta si es la presencia o el sentimiento que provocaba ese encuentro de dos soledades tan oscuras y hermosas como las nuestras.
Te he robado palabras para empezar este te extraño tan raro, tan lejano, tan atemporal. Debes estar tan lleno de luz que como yo, has dejado de escribir con dolor.
Hasta la próxima terrible soledad, de donde tal vez no salgamos más.