martes, 20 de octubre de 2026

Tatuaje

Soy ese tatuaje que indeleble se quedó grabado en tu memoria. Como todos esos que ya carga tu piel y que no sabes quien eras cuando comenzaste a entintar tu cuerpo. 

Primer fui la imagen prístina y colorida de lo que querías que yo fuera. Era la batalla perdida que de niño te dejo frustrado y ahora la oportunidad de redimirte se presentaba conmigo. Yo era la carrera bajo la lluvia para guarecerse bajo un enorme pino en el bosque, la sonrisa y risa, mirándonos a los ojos, empapados, para después besarnos tiernamente. Elevando el fuego fatuo que nos rodeaba a hoguera de inquisición. Cayendo uno en brazos del otro, sin mediar las consecuencias y el porqué de esta extraña pasión. Con sexo tan ardiente y perfecto de pareja que se conoce de hace años, que sin palabras el otro entendía la siguiente caricia. 

Recuerdo tus ojos miel antes del beso bajo la lluvia y haber preguntado tres veces tu nombre porque no entendía lo que decías, así de nerviosa me tenías. Seguimos varios meses y casi un año duramos uno al lado del otro, viendo como los colores perdían intensidad hasta que se volvieron una lluvia en la ciudad gris y llena de asfalto, donde ya no corríamos de la mano. El refugio ahora era un café con silencios en lugar de galletas. Donde la incomodidad se palpaba en cada sorbo y hasta se escuchaba a las mentes tratando de decidir si romper el silencio, o quedarnos en nuestras esquinas por temor a enfrentarnos.

Ahí, en esos momentos de indiferencia, mi tatuaje deslavado en tu cabeza se preguntaba cuándo acabaría en el olvido. Y hoy sigo dando vueltas por tu cuerpo como bacteria camuflada con tu flora. De pronto acaricias esa parte donde aún queda algo de color de lo que fui para ti un día. Te preguntas donde te encontrarías de haber refrescado las líneas con nuevos cartuchos de tinta, enfrentando el dolor que causa renovar un dibujo y convertirlo en mural de la parte más triste y dichosa que has tenido en tu vida.

Por un momento lo intentaste porque sabías que solo conmigo podrías llorar el dolor tan grande que cargabas en el pecho. Estuve a tu lado sin rechazarte, te acune con cariño y todo el amor que soy capaz de darte, hasta que dejó de doler y te enfrentaste a que otra vez jamás podrías controlarme. Porque sabías que siempre me escapaba entre las rendijas que tu dejabas desatendidas. Y nuevos paisajes aparecían en tu vida. Yo, consternada, dejé que te alejaras. Aún no comprendía mi propia naturaleza, cuando tu ya me tenías catalogada. Me pediste silencio y lejanía sin decir una sola palabra, siempre he sido buena para leer lo que no se dice en voz alta. 

El amor que te tengo aun existe por que no se mide, no necesita control, ni sacrificios que vacíen, no invade y no exige. Ese amor sin apego es el que se tatuó en tu alma. Y ahora, cariño, te acaricio de lejos y a veces veo que quieres romper el silencio y acortar la distancia solo porque has acariciado el dibujo tatuado de tu vida a mi lado. Con la cruel esperanza de que el para siempre exista entre dos personas que ya no recuerdan quienes eran en la primer lluvia donde se besaron en ese bosque de asfalto, hace ya más de 25 años. 

jueves, 3 de septiembre de 2026

VENENO

¿Te das cuenta que buscamos ternura entre dientes afilados y sonrisas maliciosas? ¿Entre datos fríos y mentes rotas? Buscamos dolor pensando que es amor y creemos que nos aman. Encontramos golpes en lugar de caricias y confundimos los dos. Dejamos que las líneas se desvanezcan. Doblegamos nuestros propios límites y continuamos tomando lo que nos hace daño. Es el veneno que nos mata el alma poco a poco y aun así lo disfrutamos. Ella, escuchaba la voz en calma que dilucidaba, parecía que no se dirigía a nadie en particular, y continuó escuchando.

Primero fue una sonrisa y luego risa. Luego llegaron las caricias y comenzaron las fantasías. Poco a poco tomando el control que cedían. Continuó el juego de hacer sentir especial al otro. De tener a esa persona embelesada. De pronto los días soleados y sus noches estrelladas, comenzaron a estar ensombrecidas, como si pasara una nube por sus ojos y ahí aparecía un gesto adusto cuando antes había dulzura. 

¿Nunca viste la mirada vacía? Esa mirada que no concordaba con sus palabras y caricias. No, ya estabas demasiado adentro del abismo para distinguir lo que no cuadraba. Y así todo empezó a cambiar. Llegó el dolor como pequeños cortes. La palabra punzante que heria para luego ser curada con palabras de miel. Luego vino la hiel. Silencios prolongados, ausencias estando juntos y al final, las reales. Pequeños momentos donde dudabas de tu existencia.

Arribaron las lágrimas y reclamos, para terminar por sentir que la locura te invadía ¿Serás tu? ¿Estás mal de verdad? La desesperación llegó hasta el momento de discutir en medio de gritos y soltar un bofetón y ahí, su mirada revivió. Se abrió la puerta al demonio que en el fondo observaba y paciente esperaba. Su momento llegó. El bofetón que regresó nublo la vista, pequeñas estrellas desfilaban en la mirada. Vértigo y náuseas, el sabor a hierro en la boca y su olor en la nariz. Ella más pequeña que él, sorprendida de la reacción, lo miró tratando de enfocar su cara, por un segundo vio un monstruo y luego su cara de aflicción. La levantó, le ofreció mil disculpas justificando su acción, y ella lo perdonó.

Ella, escucha esta historia de boca de aquella que está acuclillada junto al lugar donde se desangraba. La figura de una mujer a contraluz, indefinida, oscura, fría; continuó hablando.

Y así empezó ese camino en una espiral decadente de golpes y caricias, de insultos y disculpas, hasta llegar a este momento. Tú, desangrándote y él organizando la desaparición de tu cuerpo. Del otro lado veía una luz que habló y dijo: Te envié muchas oportunidades de salir, te envía ayuda ¿por qué no quisiste tomarlas? El ángel sollozaba y la muerte se levantó observando en silencio. Tomó la mano de ella y dejó de sentir dolor con un último gorgoteo lleno de sangre.

Ella lloraba, aún rogándole a él para que le ayudara, que lo perdonaba. Él la envolvía en plástico para luego emplayarla. La muerte la tomó del brazo y la arrastró sin esfuerzo a pesar de que ella se empecinaba en zafarse de ese apriete que parecía un grillete.

El gato desde el alfil la observaba con la indiferencia de los animales que pueden atravesar los velos invisibles que separan distintas realidades sin que les pasara nada. Ella continuaba resistiéndose a dejarlo. De pronto del apriete frío de la muerte, pasó a un apriete lleno de fuego y dolor. Se detuvo y miró la sombra oscura que la arrastraba con una cadena de hierro candente. Ahí sintió el profundo horror de su final, miro la condena y esa alma gritó NO. La palabra que debió haber dicho en ese primer bofetón.


martes, 25 de agosto de 2026

GURÚ

Déjame ser el Gurú de tu maldad. Déjame tocar esa oscuridad que quieres ocultar detrás de una sonrisa llena de bondad. Déjame retirar con tacto suave la gasa que oculta una de tus sombras más hermosas. Déjame sacarla a pasear, que vea la luz de tus días y tus glorias, que observe que no odias y que se de cuenta que tus miedos no provienen de ella. 

Dale permiso de jugar en el parque de la realidad, déjala retozar en el pasto de la felicidad. Enséñale a observar y disfrutar sin que la culpa de tu bondad la interrumpa, deja que tu cruda honestidad guíe su mano hasta mi oscuridad. Acercala a mi maldad y que sean amigas en el mismo patio de juegos, que planeen, especulen y se diviertan hasta perderse en ello.

Dile que no la quiero domesticar, que solo la quiero ver tomada de la mano de mi sonrisa llena de dientes afilados y lengua viperina. Dile que la quiero ver reir con todo el caos que juntas pueden generar, sin llegar a lastimar. Dile que prometo que a eso nuncan van a llegar.

Ahora, amor, toma mi mano y vamos a soltarlas, quitemos correas y cadenas de bien y mal. Vamos a verlas descubrir una nueva faceta de esta aventura que nos ha llevado a juntarlas a ellas. Observemos como se besan y se contienen la una a la otra porque saben que no se pueden sobrepasar.

Recuerda, cariño, que entre tu y yo las cadenas no existen y la única correa que nos ponemos son los besos y caricias que nos dan la posibilidad de llegar al éxtasis o quedarnos con el deseo de más. No quiero el control, quiero verte volar y compartir el vértigo que provoca el dejarnos llevar por una versión más de lo que somos juntos en libertad.