El 25 de mayo de 2026 no se vivió fácil, sin la llamada anual de horas entres risas y lágrimas, entre besos y caricias mentales, de te quieros y te extraños llenos de amor. Sin ese amor impoluto de complicidad, honestidad y crudeza. Donde decir lo que opinamos no significa ser cruel, significa que nos conocíamos tan profundo que teníamos ubicada cada grieta, tanto las que han cerrado como las que aún supuran. Charlábamos de las nuevas heridas llenos de lágrimas, de las viejas que sacaban sonrisas, de las que aun sangraban a pesar del tiempo. Y al final de la llamada, el te amo eterno que nos prodigábamos sin miedo al rechazo, a que nos lastimaran, a que se aprovecharan.
Tú, el amor de mi vida. Este es el último año que te festejo con palabras escritas, rindiendo homenaje a este amor tan eterno e infinito que me lleva a creer que seré la viuda perfecta de antaño, menguando en rincones oscuros, camuflada en negro, llorando en silencio, arrastrando la mantilla de encaje en cada paso lleno de sufrimiento.
El mundo exterior no es digno de mis lágrimas, de mis lamentos y mi profunda tristeza por ti. El mundo exterior no se toma la molestia de pasar de la sonrisa y la alegría que prodigo a otros. Ni siquiera los que dicen conocerme se ocupan de este corazón que sangra por momentos. Me encierro contigo en un cuarto reviviendo momentos, charlas y lo hago mi sustento.
Volqué mi amor por ti en la alegría de alguien que merece ser querido por este corazón espinoso que no se abre a cualquiera. Pasé hermosos momentos, y de reojo veía la sombra de tu recuerdo. Se que viste que no pude evitar llorar por ti en el momento en que me encontré sola y no pude dejar de sentirme sola, tan sola como el vacío entre galaxias que existen en el universo.
Sin ti me siento incomprendida, soy la que esconde su vida imperfecta y muestra solo lo que le interesa. La que nadie realmente escucha porque habla demasiado pero no dice nada, pero que es la escucha perfecta de todas las vidas que toca. La que creen conocer pero se sorprenden cuando conocen algo de ella que no encaja en sus vidas. La que dan por sentado en sus vidas y cuando desaparece y la buscan no encuentran respuesta. La que se disfraza con cada persona para ser complemento de ella, y que para nada es mentira, ese disfraz y todos los que me pongo son parte de mi verdadera naturaleza. Es solo que contigo era un todo sin tener que cambiar de piel. Me mostraba desnuda sin trazo de pudor, podía perder la cordura y recuperarla un segundo después y no te espantabas de lo abrupto. Y era mutuo. Éramos un libro abierto el uno para el otro, podíamos cambiar la página y llegar al capítulo que queríamos leer, no había reticencia, ni duda alguna. Nos dejábamos hojear como libro en estantería de librería perdida.
Ahora, sola, sin ti, me vuelvo precavida, fría y a veces vacía. Porque no hay una red que me sostenga en el momento de caer por los precipicios de la confianza defraudada, del amor no correspondido, de la herida de abandono que sufre con cada conexión humana que establece mi alma. Se acerca mi cumpleaños, el que no recibirá tus cálidas palabras llenas de dulzura y sabiduría. No hay hombre que comparta contigo la sapiencia de saber tratar a esta alma penante, de amarla en plenitud, y a veces pienso en tus palabras: No saben lo que pierden por pensar con el ego de hacerte rogar.
Tus palabras enalteciendo mi alma aún resuenan: Mujer como tú, con la falda muy corta, la lengua muy larga, que cualquiera que pase una noche contigo necesita 500 para olvidarla, y eres mía y eso amor de mi vida, es presumir demasiado. Yo solo me reía a carcajadas, sabiendo que te robabas palabras de Sabina porque decías que nadie expresaba mejor lo que sentías por mi, que ese vejete español al que tanto admirabas y del cual yo estaba enamorada.
Entonces, vivir sin ti, es vivir a pedazos, retazos, incompleta, porque no puedo quitarme todas las pieles que he creado a lo largo de mi vida hasta llegar a ese centro que si bien es oscuro, brilla como una estrella.
Al final lo que quiero decir es que esta, de las últimas oraciones lanzadas el universo palpitante, te alcance hasta el origen al que todos regresamos, a ese "caldo" de energía que esta católica empedernida llama Dios. Al cual a veces le grita por su nombre para provocar su ira y que por fin me condene para acabar con este dolor. Pero no sucede, así que imagino que tendré que esperar al juicio final en alguna esquina de este nuestro hogar que se ha quedado sin vida.