martes, 6 de enero de 2026

Saudade

Amor, la época de ahogarse en la oscuridad llegó cuando las ganas de verte y abrazarte se quedaron en la ilusión de estar contigo. Caminar de tu brazo como esas parejas de antaño, como la que alguna vez fuimos, como la que seguimos siendo.

Te extraño, por que este amor perdura, dura y duele, a veces de lejanía física y a veces de silencio crónico. Sin embargo cuando charlamos la distancia se desvanece, el tiempo no existe, no hay espacio. Parece que lo nuestro rompe las leyes físicas conocidas por el hombre. El distante ayer parece que fue a penas esta mañana. Vaya, que cuando hablo contigo parece que te tengo al lado tomando un café, en alguna esquina con sol.

Añoro esos domingos de periódico y café, por que somos viejos y nos negamos a soltar el papel. Nos gusta la tinta en los dedos, el olor a libro nuevo, a libro viejo. Observar en complicidad y luego comentar. Silencios que se aderezan con miradas llenas de palabras. Sonrisas de soslayo por ese culo que ha pasado. Un mundo en una burbuja de dos.

Pedí que nunca me dejaras y mira, a 25 años del primer encuentro en esa bahía que ahora esta muerta, no nos dejamos. Es un pacto sin palabras, con la tinta del silencio y la comunión del universo. ¿Quién necesita una boda, anillo o lazo, cuando tu y yo estamos atados más allá del tiempo?

En verdad no hay día que no piense en ti, aunque tengas un mausoleo de mis recuerdos, yo tengo la memoria que aun no pierdo. Y ahí vives en uno de los cuartos más soleados de mi vida. Hay cerraduras porque a nadie le doy acceso a esto aún siento.

Esta es otra ánfora que uso para guardar el amor que te tengo, que siendo infinito, aún cabe en unas cuantas palabras. Estas letras son solo unas gotas de los que supura mi alma. Que si digo abiertamente lo que siento, las lágrimas me ganan. No es tristeza, es Saudade, el sobrenombre que tengo por ti. 

Tú eres mi Saudade.

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