Con cuatro años de edad, con el terror constante, hecha un palo. Desde que lo conoció sabía que había algo mal en él. Y varias noches lo descubrió. Privada y bloqueada, recordaba solo su mirada y sus últimas palabras.
- Si le dices a tu mamá de esto te va a doler mucho más.
Con esa imagen en la mente estaba recostada boca arriba mientras su pareja abusaba de ella. Todos estos años huyendo de posibles abusadores, los olfateaba a kilómetros. Siempre buenas parejas que terminaban por cuestiones normales. Hasta que lo conoció a él.
Dicen los psicólogos que el subconsciente tiene una manera muy especial de arreglar lo problemas inconclusos. Busca la segunda oportunidad, sin avisar, pone a prueba todo tu crecimiento y aprendizaje. Solo para cerrar ese tema, para ser más fuerte.
- ¡Vaya! Gracias, ojalá dieran una nota de aviso, "Próximamente usted estará repitiendo la situación más humillante de su vida".
En esa relación vio todas las señales de alerta. Pero no hizo caso y ahora entendía el por que. Superar el tema.
Cuando se colocó nuevamente en su cuerpo, se dio cuenta de que lloraba y realmente sufría. El se levantó y ella sentada, se cubrió sollozando. El se tensó y le volteó un bofetón.
- ODIO QUE LLORES.
Se quedó muda. Ella podía soportar el abuso, los gritos, los insultos y hasta la violación. Pero el bofetón despertó esa ira reprimida. La sintió crecer y solo la hizo una bola de fuego en el pecho. La guardo y la conservó. Él no la veía. Se fue a fumar un cigarro. Mientras, ella se baño, se observo en el espejo. Se miró el pómulo enrojecido, hinchado y observó su cuerpo. Lo tocó y analizó su cara nuevamente.
Los psicólogos también dicen, que para superar esa segunda oportunidad tienen que enfrentar los miedos que generaron la primera. Ese abuso venía con el miedo del abandono, el miedo por que ella permitía que él se sintiera más fuerte, el miedo por que a él le gustaba doblegarla. Claro, mantenerte esclavizada con miedo era el arma perfecta.
- No más miedo, no más la víctima perfecta. Esos dos hijos de puta van a recibir lo que merecen. El que está en mi cabeza y la copia barata que esta fumando afuera.
Tenía que pensar en algo, en como iba a superar a esos idiotas cobardes. Sentada con la mirada perdida, en su café favorito. La silla de al lado la ocupó alguien. Cuando ella se percató y levantó la vista, una mirada profunda y una sonrisa deslumbrante la observaba. Podía ver que era alto por las manos grandes, eso y por que sentado seguía siendo grande.
- Me intriga saber donde estas metida, llevas 15 minutos con la mirada perdida y ya estaba a punto de robarte tu café.
Lo observó y puso atención en todos sus instintos, ninguno le decía que algo estuviera mal. Él la miró fijamente, a los ojos, escudriñando su alma, desnudando sus pensamientos. Se ahogó en su mirada y pensó en dos segundos las posibilidades que se presentaban ante ella. Reaccionó cuando este tomo su cara, observo el pómulo morado. Ella no ocultaba el golpe, no lo obviaba. Le quitó la mano y se congeló.
- No me toques.
- Eso deberías decirle al hijo de puta que te puso así.
- Eso planeo hacer...
La miró intuyendo los planes, sonrió maliciosamente y le robó un beso, dulce, suave, arrebatador.
Se rompió, no pudo más y terminó llorando en brazos de esa sonrisa. Estaba tan desgastada. El con paciencia, le acarició el cabello hasta que terminó y ella se puso la armadura nuevamente. Era justo lo que él buscaba, la víbora atormentada por un "águila" cuando en realidad ella era el águila que podría destrozar a la miserable rata que tenía en casa. Solo necesitaba darse cuenta y él la iba a ayudar, a despertarla, entonces, solo entonces... Ella lo merecería a él.
Ella se levantó y se fue, consternada por lo que había pasado ¿Quién era? ¿Por que le había hecho sentir... viva?... Llegó tarde a casa, sabiendo lo que provocaría con ese simple detalle. De hecho buscaba el problema. Estaba decidida. No más...
- ¿Olor a comida?... ¿Que pasa aqu...?
Lo ve, amarrado, desnudo a una silla, con la mirada aterrada, sangrando por lo diversos cortes en la piel. Lo habían estado torturando. Ella fría, lo miraba de arriba a abajo, mientras los ojos suplicantes de él le pedían desatarlo. Se dirigió a la cocina y ahí estaba. La sonrisa deslumbrante.
- Hola "mor", linda noche ¿No es así? Te ves radiante.
- Hola
- ¿Ese frío es cierto o solo es fingido?
- Cierto
- Ahhh ya decía.
Se acercó y con esa sonrisa le entrego un Martini y brindó con ella.
- Por un mundo nuevo y lleno de "posibilidades"
- Salud
Cenaron tranquilos, hablando de todo un poco, gustos, películas, libros, poesías, psicología. Como una pareja hecha a la medida, conociéndose por siempre. Al unísono voltearon a ver la silla ocupada por el HDP...
- ¿Comenzamos a trabajar?
- Mmmm, no sé es que....
- Te vas a arrepentir y me dejas solo todo el trabajo de limpiar.
- Listo, te acompaño.
Le extendió un regalo sobre la mesa. Al abrirlo era un fino bisturí, con mango de acero inoxidable con una hoja No. 23. Sádico, preciso, hermoso y mortal. Lo tomó y el peso era tan agradable. Él, sonriente la observaba, dirigió su mirada hacia el pedazo de mierda en la silla.
- Ven vamos a probarlo
Ella obediente, se acerca a la silla del cautivo. Rió a carcajadas cuando lo vio orinarse.
- Eres un miserable, cobarde. Nunca imaginaste esto.
El primer corte fue perfecto. No usó mucha presión, pero tampoco fue un rasguño. Lo disfrutó de manera malsana. Mientras, el caballero había puesto un bella y singular grabación de la opera de Fausto en francés. Se sentó en el sillón disfrutando de su bebida, la música y el espectáculo.
Sin hacer un destrozo, durante largo rato lo fue torturando, sin decirle nada y cantando. Fue sublime verla realizar tan perfectos cortes, buena idea haber puesto ese plástico por toda la sala. Excelente regalo los guantes quirúrgicos.
Le démon! Le vois-tu? Là, dans l'ombre,
Fixant sur nous son yeux de feu!
Que nuous veut-il?
Sonriendo con la estrofa, mientras por última ocasión mira los ojos vivos de la basura que supero por fin.
- ¡El demonio! ¿Lo ves? ¡Allí en la sombra! ¡Fijando sobre nosotros su mirada de fuego! ¿Qué quiere de nosotros?
Cerceno el glande de un tajo, sin previo aviso y con una sonrisa. Lo llevó al extremo del dolor y murió de un ataque cardíaco.
El verdadero demonio sentado en el sillón, comenzó a aplaudir, ovacionó de pie la actuación y se acercó. Tomando su cara entre los manos, la beso suave y lánguidamente.
- Ahora si eres perfecta.
- No me toques.
- Eso deberías decirle al hijo de puta que te puso así.
- Eso planeo hacer...
La miró intuyendo los planes, sonrió maliciosamente y le robó un beso, dulce, suave, arrebatador.
Se rompió, no pudo más y terminó llorando en brazos de esa sonrisa. Estaba tan desgastada. El con paciencia, le acarició el cabello hasta que terminó y ella se puso la armadura nuevamente. Era justo lo que él buscaba, la víbora atormentada por un "águila" cuando en realidad ella era el águila que podría destrozar a la miserable rata que tenía en casa. Solo necesitaba darse cuenta y él la iba a ayudar, a despertarla, entonces, solo entonces... Ella lo merecería a él.
Ella se levantó y se fue, consternada por lo que había pasado ¿Quién era? ¿Por que le había hecho sentir... viva?... Llegó tarde a casa, sabiendo lo que provocaría con ese simple detalle. De hecho buscaba el problema. Estaba decidida. No más...
- ¿Olor a comida?... ¿Que pasa aqu...?
Lo ve, amarrado, desnudo a una silla, con la mirada aterrada, sangrando por lo diversos cortes en la piel. Lo habían estado torturando. Ella fría, lo miraba de arriba a abajo, mientras los ojos suplicantes de él le pedían desatarlo. Se dirigió a la cocina y ahí estaba. La sonrisa deslumbrante.
- Hola "mor", linda noche ¿No es así? Te ves radiante.
- Hola
- ¿Ese frío es cierto o solo es fingido?
- Cierto
- Ahhh ya decía.
Se acercó y con esa sonrisa le entrego un Martini y brindó con ella.
- Por un mundo nuevo y lleno de "posibilidades"
- Salud
Cenaron tranquilos, hablando de todo un poco, gustos, películas, libros, poesías, psicología. Como una pareja hecha a la medida, conociéndose por siempre. Al unísono voltearon a ver la silla ocupada por el HDP...
- ¿Comenzamos a trabajar?
- Mmmm, no sé es que....
- Te vas a arrepentir y me dejas solo todo el trabajo de limpiar.
- Listo, te acompaño.
Le extendió un regalo sobre la mesa. Al abrirlo era un fino bisturí, con mango de acero inoxidable con una hoja No. 23. Sádico, preciso, hermoso y mortal. Lo tomó y el peso era tan agradable. Él, sonriente la observaba, dirigió su mirada hacia el pedazo de mierda en la silla.
- Ven vamos a probarlo
Ella obediente, se acerca a la silla del cautivo. Rió a carcajadas cuando lo vio orinarse.
- Eres un miserable, cobarde. Nunca imaginaste esto.
El primer corte fue perfecto. No usó mucha presión, pero tampoco fue un rasguño. Lo disfrutó de manera malsana. Mientras, el caballero había puesto un bella y singular grabación de la opera de Fausto en francés. Se sentó en el sillón disfrutando de su bebida, la música y el espectáculo.
Sin hacer un destrozo, durante largo rato lo fue torturando, sin decirle nada y cantando. Fue sublime verla realizar tan perfectos cortes, buena idea haber puesto ese plástico por toda la sala. Excelente regalo los guantes quirúrgicos.
Le démon! Le vois-tu? Là, dans l'ombre,
Fixant sur nous son yeux de feu!
Que nuous veut-il?
Sonriendo con la estrofa, mientras por última ocasión mira los ojos vivos de la basura que supero por fin.
- ¡El demonio! ¿Lo ves? ¡Allí en la sombra! ¡Fijando sobre nosotros su mirada de fuego! ¿Qué quiere de nosotros?
Cerceno el glande de un tajo, sin previo aviso y con una sonrisa. Lo llevó al extremo del dolor y murió de un ataque cardíaco.
El verdadero demonio sentado en el sillón, comenzó a aplaudir, ovacionó de pie la actuación y se acercó. Tomando su cara entre los manos, la beso suave y lánguidamente.
- Ahora si eres perfecta.
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