Sentado frente a su café se extrañaba de lo tarde que llegó. Recuerda las veces que habló con ella como si estuvieran a la vuelta de la esquina, cuando en realidad había dos fronteras de por medio. Recuerda la dulce voz con la que le decía "Hola mi vida". Recuerda su dulce mirada por la cámara. El reconfortante placer de sus letras. Sus suaves reclamos. Pero lo que adoraba era su fiel presencia a pesar de todo. Y él no pudo estar con ella cuando realmente lo necesitó. No pudo, por que no quiso.
Entre sus nuevas ocupaciones laborales, que encima eran divertidas: Bartender, locutor de radio... Cosas que elevaban su ego. Su familia: esposa e hijo, le dejó de dar tiempo y "ganas" de fomentar el idilio. Al fin ella era relajada con esos temas y siempre lo recibía con amor. Por lo que no notó su ausencia hasta muy tarde.
El primer día de mensajes no le extrañó su silencio. El segundo día le molestó su indiferencia. El tercero le intrigó lo orgullosa que se portaba. El cuarto le lleno de dudas. El quinto le carcomió el Ego. El sexto le llenó de celos e ideas estúpidas. Pero el séptimo realmente le preocupó.
Tras llamar miles de veces a su casa, al celular, a la oficina y sin respuesta alguna; literal, se volvía loco. No logrando concentrarse en nada, la pensaba, la añoraba y no sabía que más hacer. De pronto en uno de sus intentos de localizarla le contestaron el celular. No era su voz y su desesperación lo impulsó a preguntar por ella.
- ¿Quién le habla?
- Un amigo
- Si fueras realmente su amigo sabrías que hace un mes murió.
Un silencio anormal llenó su mente y el zumbido de sus oídos lo dejó sordo, las lágrimas que llenaban sus ojos lo cegaron. Colgó y el dolor se volvió tan grande que no supo como manifestarlo.
Compró un boleto de avión y con los mejores ardides logró viajar solo. Cuando llegó, buscó a un amigo abogado que investigaba personas. Le pidió ayuda y el sin cuestionarlo demasiado en tres días tuvo toda la información reunida.
- Esto no te va a gustar.
- No importa, dilo.
- De acuerdo... Hace un mes hubo una noticia de un ataque muy salvaje en un paraje del bosque que usan los corredores...
Lo que siguió fue desgarrar su alma en pedazos...
Ella corría por las mañanas, al salir el sol, solo media hora, para no terminar desgastada. Él ya la había observado, la analizó y la tenía estudiada. Se hizo amigo de ella, corrían juntos y hasta se sospechaba de un romance. Pero un día no regresó. Después de 4 días de larga búsqueda por el bosque. La encontraron. Los fotos eran explicitas y el sufría con verlas. El asesino frío y calculador la había tratado con crueldad.
La había violada de incontables y salvajes maneras. A veces estuvo despierta de acuerdo a los psiquiatras forenses y otras drogada. Atada de pies y manos como en un potro de tormento por las marcas en tobillos, muñecas y espalda. Todo el cuerpo llenó de cicatrices del mismo tamaño, perfectas. En el vientre un tatuaje por escarificación de un extraño y antiguo símbolo que significaba la unión de almas oscuras en un solo demonio. Su firma para víctimas muy especiales. El dolor debió haberla llevado a los gritos, cosa que la psique del asesino adoraba. Después de numerosas demostraciones de "afecto", el asesino terminaba con el amor de ese momento. Sacaba sus ojos y cosía la cuencas. La boca libre para que gritara todo lo que quisiera. El amor de este "loco" lo exhibía al final. La encadenó colgando de lo alto de un árbol, no sin antes lavarla perfectamente, desinfectar y cauterizar sus heridas. Les dejaba un beso dibujado en el corazón y disfrutaba de asfixiarlas hasta sentirlas expirar.
El lloró por días con amargura, dolor, tristeza y sobre todo con impotencia. Se culpó recordando los últimos mensajes de ella preguntando: "¿Realmente quieres que me vaya contigo?". El había dicho que le proponía cambiar su vida. Las cosas en su matrimonio no iban bien y era un hecho que terminaba. Eso era verdad. Lo que no sabía a ciencia cierta era aventurarse a una pareja tan completa como ella lo era. Tenía miedo de esa perfecta comunión.
Cuando regresó a casa, su cambio fue radical. Terminó su matrimonio de buena y sana manera. Su trabajo de bartender lo mantuvo ocupado, el de locutor lo distraía. Logró seguir y se derrumbaba pocas ocasiones.
Un día atendiendo el bar de un restaurante, un tipo que no era nacional, se sentó. Alto, imponente, sonrisa perfecta, ojos verdes como las esmeraldas, mirada fría y calculadora. De esos especímenes perfectos que doblegaban a cualquier mujer, incluso hasta ella. Su inteligente y hermosa difunta. Sí, pensó en ella al verlo. La imaginación sexual y galopante que ella tenía le saco un sonrisa. La de barbaridades que podría estar diciendo de ese macho. El tipo sonrió y le pidió un whisky. Cuando se daba la vuelta para acomodar los vasos y abrir la cuenta del caballero, escucho:
- Realmente ha sido la mejor mujer que he tenido. Luchó hasta el final.
Sintió el frío recorrer su espalda y su palidez la notó el monstruo que estaba sentado frente a él.
- Eso si, lloró de impotencia. Pero sus gemidos de dolor todavía me causan erecciones.
El monstruo cerró los ojos recordando mientras sonreía. Cuando los volvió a abrir lo miró directamente a los ojos y fue como caer a un abismo frío e infinito.
- Nunca rogó por el fin. Estoica soportó todo mi "amor". Mira que 25 cm causan algo de dolor. ¿Leíste lo de la escarificación profunda?...Mmmmm, hizo que maullara para mi, su piel era fabulosa. Pero ¿te confieso algo? Su mirada me incomodaba.... Esta bien, la verdad, me causaba "algo" de miedo. Por eso saqué esos bellos ojos negros antes de tiempo. Otro detalle encantador es que su sangre se mezclaba perfecto con su dulce aroma. Que mujer, que mujer.
El monstruo cerró los ojos recordando mientras sonreía. Cuando los volvió a abrir lo miró directamente a los ojos y fue como caer a un abismo frío e infinito.
- Nunca rogó por el fin. Estoica soportó todo mi "amor". Mira que 25 cm causan algo de dolor. ¿Leíste lo de la escarificación profunda?...Mmmmm, hizo que maullara para mi, su piel era fabulosa. Pero ¿te confieso algo? Su mirada me incomodaba.... Esta bien, la verdad, me causaba "algo" de miedo. Por eso saqué esos bellos ojos negros antes de tiempo. Otro detalle encantador es que su sangre se mezclaba perfecto con su dulce aroma. Que mujer, que mujer.
Petrificado lo miraba, hipnotizado por lo que decía. Realmente estaba ahí, lo había buscado para decirle esto.
- Sí, piensas bien. Te busqué, por que el verdadero regalo de mi trabajo es para ti. Quería que lo supieras y me conocieras. Quería que te enteraras que alguien más disfrutaba de ella. Que ella me trajo más placer aún que la primera de todas. Todavía la siento, la huelo. Ahora es mía por siempre. Tal vez si no la hubieras dejado tan abandonada, tal vez si no te hubieras confiado tanto... Tal vez sería tuya...
Se levantó, dejando un propina más que generosa y una caja pequeña de madera negra y tapa de cristal. Bajó la vista a la caja ahogando un grito de dolor al ver sus ojos.
Se acomodó el saco, sonrío y le susurró al oído.
- Al final dijo tu nombre.
Se acomodó el saco, sonrío y le susurró al oído.
- Al final dijo tu nombre.
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