¿Como terminé aquí? Se preguntaba mientras la bestia de dos metros la violaba brutalmente. Dentro de su cabeza se había refugiado en ese lugar donde nadie la toca. Su cuerpo recibía el dolor sin conectarlo realmente a la mente. Por lo que tuvo permiso de pensar libremente sobre el camino que había tomado para llegar hasta aquí.
Salió a pasear a su perro, regresó tranquila a casa y salió nuevamente a comprar algo a la tienda. Dos calles, la zona era tranquila o esa pensaba. Pero cuando eres la víctima de alguien no hay zona segura. Regresaba cuando siente sus instintos brincar. Mira a todos lados y antes de poder correr él gigante la toma entre sus brazos tapándole la boca y arrastrándola fácilmente. Recuerda el pinchazo en el brazo y el mundo desvanecerse poco a poco. Lo último que escucha es su ronca voz diciendo: "Duerme hermosa".
Y ahí estaba ella en una lujosa cama de dosel gigante. Tan fuerte que no se movía un ápice con los movimientos del Vikingo salvaje que la embestía con la fortaleza de un toro. Gruñó y se quedó estático, para desplomarse sobre ella a los pocos segundos. Solo veía su cabello, ondulado, castaño claro, olía limpio, su piel ligeramente tostada por el sol, el hombro lleno de pecas, así que se imagino que tenía ojos claros. Pero de lo que estaba segura, era que ese hijo de puta podía partirla en dos si así lo deseaba.
Cuando su violador se levanto, le tapó los ojos con una tela gruesa. Ella estaba amarrada. y no podía hacer nada. Lo escucho suspirar.
- Te deseaba desde la primera vez que te vi.
"Maldita sea, que voz tan de acuerdo a la bestia que es", pensó. Tembló cuando sintió un lado del colchón hundirse. Se endureció cuando el la comenzó a tocar con la yema de sus dedos. Le vendó los ojos. Y a continuación hizo algo que ella no esperaba. Comenzó a besarle, suave, cadencioso. Le mordió los labios, forzó su boca a aceptar la lengua que la invadía, pescó la lengua que ella retraía, le mordió suave la punta. "Maldito enfermo" pensaba. Comenzó a tocarla con la expertis del amante. La punta de los pezones, suave, en círculos. Bajo por su cuello, la olió, atrapó un pezón con su fuerte boca y lo succionaba. Ella se resistía a gemir. El siguió recorriendo su cuerpo con besos y caricias. Llegó entre sus piernas y ahí ella perdió la cordura. Metió la lengua entre sus pliegues adoloridos y comenzó a lamer ávidamente. Su ritmo constante y suave, como lengua de gato. "Como lengua de Demonio, tonta, Demonio" le dijo su otra personalidad sabiamente guardada. El siguió y ella resistía lo que estaba por venir. El introdujo dos dedos en su adolorida vagina y la estimuló más. Y su cuerpo hizo lo que ella no quería. Un orgasmo contundente, vibrante, de arquear la espalda y llenar el ambiente de su dulce aroma. Se derrumbó, podía soportar el dolor y cualquier tortura, pero la humillación de que ese desgraciado la hubiera hecho terminar así, era insoportable. Lloró de coraje y mientras lo hacía el se reía a carcajadas.
- Eres dura preciosa, el mejor objetivo de placentero dolor que tenido.
La desamarró y le ató las manos al frente, le vendó lo ojos con más fuerza y la empujó al baño. Escuchó el agua correr y la metió en una bañera con sales y aceites. Al saberse sola trato de desatarse con los dientes, pero alguien entro y unas manos suaves de mujer la detuvieron. La bañaron y le quitaron la venda de los ojos, solo para quitarle el maquillaje. Entre el jabón, el vapor y las lágrimas no pudo ver quien era y aunque le rogó por su ayuda, la mujer parecía no escucharla. Terminó encadenada nuevamente a la cama y con los ojos vendados.
Durante los siguientes días, esto se volvió rutina. Él demonio aparecía de improviso, la amarraba en distintas posiciones y la violaba salvaje y dolorosamente, para luego colmarla de caricias y placer, el baño, comida, dormir... Perdió la sensación de tiempo y espacio. La cordura estaba frágil.
- No te enamores
La mujer antes de salir y dejarla sola una vez más, dijo esa sola frase. "¿Enamorarme?".
Esa noche cuando llegó su secuestrador, su sádico, su violador, su... amo. Hizo algo que él no esperaba. Correspondió los besos y gimió sin represiones, pero el también hizo algo que ella no contemplo... Le hizo el amor suave y delicado hasta hacerla acabar y en ese momento de gloria, él comenzó a asfixiarla, cada vez un poco más...
- No te preocupes princesa, es hora de regresar a casa, prometo dejarte en tu cama como si estuvieras dormida.
"No te enamores"... pensó en la frase, mientras la falta de oxigeno por esas manos que apretaban más y más fuerte, le quemaba los pulmones hasta que el negro velo del fin la cubrió suavemente.
- La muerte para los que se enamoran ciegamente.
Y ahí estaba ella en una lujosa cama de dosel gigante. Tan fuerte que no se movía un ápice con los movimientos del Vikingo salvaje que la embestía con la fortaleza de un toro. Gruñó y se quedó estático, para desplomarse sobre ella a los pocos segundos. Solo veía su cabello, ondulado, castaño claro, olía limpio, su piel ligeramente tostada por el sol, el hombro lleno de pecas, así que se imagino que tenía ojos claros. Pero de lo que estaba segura, era que ese hijo de puta podía partirla en dos si así lo deseaba.
Cuando su violador se levanto, le tapó los ojos con una tela gruesa. Ella estaba amarrada. y no podía hacer nada. Lo escucho suspirar.
- Te deseaba desde la primera vez que te vi.
"Maldita sea, que voz tan de acuerdo a la bestia que es", pensó. Tembló cuando sintió un lado del colchón hundirse. Se endureció cuando el la comenzó a tocar con la yema de sus dedos. Le vendó los ojos. Y a continuación hizo algo que ella no esperaba. Comenzó a besarle, suave, cadencioso. Le mordió los labios, forzó su boca a aceptar la lengua que la invadía, pescó la lengua que ella retraía, le mordió suave la punta. "Maldito enfermo" pensaba. Comenzó a tocarla con la expertis del amante. La punta de los pezones, suave, en círculos. Bajo por su cuello, la olió, atrapó un pezón con su fuerte boca y lo succionaba. Ella se resistía a gemir. El siguió recorriendo su cuerpo con besos y caricias. Llegó entre sus piernas y ahí ella perdió la cordura. Metió la lengua entre sus pliegues adoloridos y comenzó a lamer ávidamente. Su ritmo constante y suave, como lengua de gato. "Como lengua de Demonio, tonta, Demonio" le dijo su otra personalidad sabiamente guardada. El siguió y ella resistía lo que estaba por venir. El introdujo dos dedos en su adolorida vagina y la estimuló más. Y su cuerpo hizo lo que ella no quería. Un orgasmo contundente, vibrante, de arquear la espalda y llenar el ambiente de su dulce aroma. Se derrumbó, podía soportar el dolor y cualquier tortura, pero la humillación de que ese desgraciado la hubiera hecho terminar así, era insoportable. Lloró de coraje y mientras lo hacía el se reía a carcajadas.
- Eres dura preciosa, el mejor objetivo de placentero dolor que tenido.
La desamarró y le ató las manos al frente, le vendó lo ojos con más fuerza y la empujó al baño. Escuchó el agua correr y la metió en una bañera con sales y aceites. Al saberse sola trato de desatarse con los dientes, pero alguien entro y unas manos suaves de mujer la detuvieron. La bañaron y le quitaron la venda de los ojos, solo para quitarle el maquillaje. Entre el jabón, el vapor y las lágrimas no pudo ver quien era y aunque le rogó por su ayuda, la mujer parecía no escucharla. Terminó encadenada nuevamente a la cama y con los ojos vendados.
Durante los siguientes días, esto se volvió rutina. Él demonio aparecía de improviso, la amarraba en distintas posiciones y la violaba salvaje y dolorosamente, para luego colmarla de caricias y placer, el baño, comida, dormir... Perdió la sensación de tiempo y espacio. La cordura estaba frágil.
- No te enamores
La mujer antes de salir y dejarla sola una vez más, dijo esa sola frase. "¿Enamorarme?".
Esa noche cuando llegó su secuestrador, su sádico, su violador, su... amo. Hizo algo que él no esperaba. Correspondió los besos y gimió sin represiones, pero el también hizo algo que ella no contemplo... Le hizo el amor suave y delicado hasta hacerla acabar y en ese momento de gloria, él comenzó a asfixiarla, cada vez un poco más...
- No te preocupes princesa, es hora de regresar a casa, prometo dejarte en tu cama como si estuvieras dormida.
"No te enamores"... pensó en la frase, mientras la falta de oxigeno por esas manos que apretaban más y más fuerte, le quemaba los pulmones hasta que el negro velo del fin la cubrió suavemente.
- La muerte para los que se enamoran ciegamente.
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