Había días de lucidez en su vida. Era como despertar de una pesadilla y ver el mundo soleado. Pero con el sol y la conciencia venían los recuerdos negros que fluían libremente y a su antojo.
Esa bruja a veces se presentaba frente a sus ojos y se ría de él, con esos rizos rojos y esa mirada fría. Era un castigo eterno. Perfecta para él, hermosa, inteligente, animal indomable, hasta que al final le mostró quien era ella realmente.
Bajo el sol perfecto de la primavera comienza a hilar sus pensamientos ¿Por que tuvo que tocar una vida de tan mala manera? Y así, con esa pregunta, comienza el fin de su despertar.
Ese cabello y esa mirada fue lo que lo atrajo. Parecía conocerla, la sentía cerca y su aroma evocaba algo olvidado en algún cajón de su memoria. Apareció de pronto en el mismo lugar donde el compraba café todas las mañanas. Puntual, a la misma hora, el mismo espresso negro, duro y doble. Para una mujer joven era algo extraño ver que tomara eso. Las mañanas se habían vuelto ilusión y motivo de levantarse. Besaba a su esposa con más ganas y abrazaba a su hija con mayor gusto.
Un día ella se acerco con esa mirada y una sonrisa que no coordinaba con los ojos y su vida se volvió por momentos perfecta. Hablaron dos minutos e intercambiaron números, nombres y una cita para más tarde. Dicha cita fue casi perfecta, tomaron café, hablaron horas y tenían tanto en común. Le doblaba la edad pero parecía que sus experiencias igualaban las edades. El halo de oscuridad que la rodeaba la hacía más atractiva por peligrosa. Sus instintos adormecidos por lo cotidiano repicaban cuando la veía. Pero su instinto sexual despierto lo manipulaba.
Su primer encuentro sexual fue salvaje, agresivo y hasta doloroso. Despertó en el esa bestia que creía muerta. La sodomía con ella era agresiva, sádica y hasta sangrienta. La evolución de estos encuentros fueron a pasos agigantados y en menos de un mes el era otro. Renovado, vigorizado, atractivo, varonil. Parecía que era una bruja que le daba juventud cada vez que lo tocaba.
Cada encuentro ella dejaba asomar en su mirada un animal salvaje que estaba controlando. Hasta que un día lo vio libre. Encadenado a esa mesa de madera y con la luz de las velas. Observo al animal fuera de su jaula. Enfundada en esa piel miel saliendo de un rincón oscuro, la mirada fría y brillante... Tuvo genuino miedo y sus instintos despiertos por fin le indicaron que era alarmante el evento.
- Hoy te voy a decir quien soy. Te conocí cuando tenía 5 años. Vivías con nosotras, siempre fuiste cruel conmigo y me hiciste temerte. Me rompiste por siempre después de tu sádico abuso. Soy tu más oscuro pecado y no te olvido.
No dijo más. Él, con terror recordó la escena de la niña que dejó bloqueada y perdida. Recordó el miedo que le tenía "¿Como una niña de 5 años lo podía hacer sentir aterrado? Le enseñaría quien es el "Coco" de esa casa..."
No pidió perdón, de nada servía, simplemente se enfundo en fiereza y esperó el final. Ella hizo con su cuerpo lo que quiso en silencio. Fue denigrante, doloroso, enfermo. Llegó un momento donde no sabía cuando iba a terminar y deseaba fervientemente que así lo hiciera. Su cuerpo supuraba sangre. Cuando creyó llegar el fin, aliviado sonrío. Ella se sentó sobre su estomago, con un escalpelo en la mano. Y lo que hizo a continuación lo hizo gritar de terror.
La sonrisa triunfante de ella al escuchar su grito se quedó tatuada en su memoria. El escalpelo hundido en esa bella piel, atravesando su vientre y vaciando sus vísceras sobre él. La agónica muerte de ella mirándolo a los ojos mientras lo besaba. Durante horas la tuvo encima. Cuando lo "rescataron", el estaba perdido.
En su primer momento de lucidez se descubrió en la calle, sucio, maltrecho y abandonado. Trató de recuperar su vida, pero ella no tardó en aparecer constantemente, hasta romperlo nuevamente, una y otra vez.
Ahora levantando la vista, ahí, al otro lado de la calle, estaba ella. Vestida de negro, sonriendo, con sus risos al viento y su sonrisa triunfante al sol. Las cuencas de los ojos vacías. De pronto empezó a acercarse, grito de terror y se hundió nuevamente en las tinieblas de su mente rota.
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