lunes, 17 de junio de 2013

Champagne

Su forma de acampar es en una cabaña en el medio del bosque. Una cabaña perdida, entre árboles grandes y sonidos salvajes. Con un claro verde lleno de sol y flores. Lo suficientemente escondida para despreocuparse por posibles vouyeristas. Para caminar desnuda en el prado. Sentir en mi piel el olor y calor del pasto y el sol. Dejar que los insectos trepen por mi y las mariposas se sientan cómodas posándose en mi piel sedosa y descansen. Eso hago al llegar, me quito la ropa y camino hasta el centro del claro.

Me mira sonriente sabiendo lo que voy a hacer desde el primer momento que brinco del jeep. Dejo un camino de ropa. Le encanta saberme tan libre. Somos tan libres que damos miedo. Tan honestos que duele y ambos sabemos que la verdad puede ser el más letal de los venenos.


Observa cada una de mis líneas, desde mis ojos de gata hasta mis uñas pintadas de los pies. Mira mis pliegues grabando cada color y recoveco mientras baja las cosas. Me ve danzar en el medio del claro, con el sol acariciando lascivamente mi piel dorada, mi cabello negro y rizado. Mordiendo mi boca delgada y mágica. Me dejo amar por el sol que tan agradecida recibo. Tiende una manta al centro para que descansemos. Se desnuda y dormimos al sol, extasiados por la mañana salvaje. Las cigarras cantando arrullan nuestros gemidos matutinos, el sol y los insectos masajean nuestra piel, mientras la brisa refresca nuestro calor.

Despertamos mirándonos a los ojos, con hambre, al atardecer. Caminamos al lago por que es la mejor ducha que puede haber. Un camino frío nos lleva a un muelle solitario y pequeño. Brincar, nadar, el corazón a mil por el agua helada y la piel caliente. El sadismo y masoquismo que nos encanta. Ese thrill en el corazón, nos pone a nadar para evitar un ataque cardíaco y el entumecimiento de los músculos y la posible muerte. Muerte desinteresada y aburrida de nosotros mirándonos desde los árboles.... "Bah!! Otra vez estos dos jugando al filo".... Jugamos, besos, caricias, nadar hasta sentir los pulmones en fuego. 

Excitados corremos a la cabaña en un atardecer perfecto. Nuestras ganas se combinan con el ayuno del día. Entramos torpes, bruscos y deseando comida y piel.

Tomo las frutillas enteras, rojas y jugosas, cubriendolas de chocolate, mordiendo la punta, intercalándolas con besos. Besos con sabor a las delicias que nos esperan. Derrama su jugo en la punta de mis pezones para luego lamerlos suavemente y en círculos, arrancándome un gemido  profundo con esa boca que succiona suave y muerde al final más suave. El éxtasis de sentir el eco de su boca en lo profundo de mi vagina. Mi rubor comienza a competir con el rojo de las llamas, es tan fácil que me lleve a ese punto. Su sonrisa al mirar mi calor, que se transforma en sorpresa cuando comienzo a tocarlo suavemente.

La fresa que más me gusta es la suya, la punta de esa verga dura y hermosa. Una fresa perfecta. La forma perfecta... la toco y esta casi erecta. Le sonrío y suave hago mi recorrido desde sus labios, pasando por su yugular que huele a dulce. Me detengo a morder un poco sus pezones y cada una de las cicatrices que tiene, bajo hasta su ombligo y meto suave mi lengua y llego a mi destino. Le miro al tiempo que suave, tomo un poco de chocolate líquido y cubro la punta con él. Caliente el chocolate hace que apriete los dientes, pero sonríe con malicia, sabe que solo es un poco de sadismo, tenemos juegos peores. Lamo, el chocolate que escurre hasta la base de su miembro perfecto. Recorro con mi lengua las venas hinchadas de sangre, cada uno de los pliegues y hago desaparecer el chocolate. Tomo una fresa y mi boca juega con ella solo para mostrarle lo que puedo hacer con la suya. La frescura de mi boca con el sabor de la fresa le inunda cuando me acerco y envuelvo con mi lengua y mi calor su glande. Lo succiono suave y dentro de mi boca muevo mi lengua acariciando cada pliegue de ella y la siento hincharse, muerdo un poco la punta y la dejo nuevamente libre. Extasiado se acerca y me tumba en la alfombra suave y mullida. Comienza a recorrer suavemente cada uno de mis pliegues, muerde y aprieta mis nalgas para después hundirse en mi y comenzar a lamer mi dulce néctar. Ya huele a dulce.... 

No le lleva mucho hacerme gemir profundo y cada vez más rápido, jugando con mi clítoris y guiándome con esa lengua a un éxtasis delicioso. Me escucha y se detiene para derramar un poco de chocolate en mis pezones y lamerlos, derrama champagne en mi vagina y continua lamiendo. Aumenta el ritmo, quiere que acabe, escucharme y sobre todo quiere beberme. Con un grito apagado acabo sintiendo como inundo su boca con mi sabor y siento su lengua disfrutar del sabor mezclado con la champagne.

El primer orgasmo me exige sentirlo adentro y aunque lo demando con calor entre gemidos y sufrimiento, no lo hace. Mi anhelo por apretarlo con mi piel húmeda y suave preparada para él, es tan grande que duele. No lo hace, castigándome por el juego del chocolate caliente.

Se levanta y me ofrece una copa de champagne, bebemos, me acaricia y comienza nuevamente a incendiar mi piel, que duele, mi vagina gime por él. Se toma su tiempo, sus besos en la boca, su lengua jugando con la mía, todo su peso arriba de mi. Un éxtasis de asfixia comienza a surgir y lo sabe. Justo cuando estoy por gemir del deseo por tenerlo dentro entra suave y apenas con esfuerzo. Dejándome sin aire, extasiada. Solo eso es suficiente para un pequeño orgasmo que esta a punto de explotar entre gemidos, pero lo enmudece con un beso profundo. Me arqueo levantando su peso, me abraza y su beso complementado con sus dedos de cirujano dibujando caricias en mi piel, hacen de mi segundo orgasmo algo inolvidable. Lo deja fluir, le fascina saber lo poco que necesita hacer para tenerme así. Eso le saca nuevamente esa sonrisa salvaje que me vuelve loca. Cuando mi cuerpo se vuelve laxo, embiste con calma y aprieto; logrando un gemido en él y una mirada profunda. Su ritmo suave al inicio se vuelve fuerte, rápido y excitante.  Su mirada clavada en la mía cerrando los ojos por momentos, disfrutando de la piel rozándose. Lo abrazo fuerte con la piernas, su cadera se hunde con la mía, clavo las uñas en sus hombros, el calor sube desde mi pelvis hasta la cara, el tercer orgasmo esta por llegar y mis labios delgados se hinchan de placer. Los besa, los muerde y los suelta justo para escucharlos despegarse para gritar su nombre en el momento de mayor placer. Empuja fuerte, trata de salir un poco y mis piernas se lo impiden, me mira maliciosamente. 

-Me fascinas princesa maléfica... 

Esta cerca de acabar y se que en este punto es mío. Pero se mueve obligándome a dejarlo salir. Tengo curiosidad de lo que tiene planeado. Toma una copa con champagne que sostiene en la mano de pie. Con una mirada me invita a él. Me enderezo y  atrapo con la boca su miembro. Saboreo las reminiscencias de la champagne que estuvo en mi, mi propio saber dulce y los inicios de lo que es su sabor. La mezcla sabe deliciosa. Devota me dedico a complacerle. La copa en la mano me sigue intrigando pero no pienso mucho en ella. Aprieto sus nalgas cuando comienzan a marcar el ritmo con su pelvis y su mano en mi cabello. Meto mis dedos hasta tocar su culo y comienzo a masajearlo suave con la punta de mis dedos. Deja entrar mis dedos, solo la punta y gruñe de placer. Su ritmo crece, mi quijada duele, mi lengua se cansa. Justo cuando pienso que voy a tenerlo en mi boca, se separa y termina en la copa de champagne.

Mis ojos brillan junto con su sonrisa lasciva.

Así que para eso era la copa 

Veo como se ve el dorado líquido con el blanco de su eyaculación. Lamo las últimas gotas. Se arrodilla junto a mi y me ofrece la copa. La tomo, me la llevo a los labios sonriendo, no dejo de mirarlo a los ojos. La bebo despacio, siento el sabor del líquido suave y dulce mezclado con su sabor almizclado. Su mirada observando como tomo todo y su cada vez más salvaje sonrisa. 

Apuro la copa con los ojos cerrados y cuando los abro me carga con fuerza y se hunde nuevamente en mi, esta ocasión fuerte, todavía duro. Duele pero es parte del placer. Me acomoda y deja que lo cabalgue y a mi ritmo sin mucho esfuerzo me lleva al cuarto y último orgasmo. Entierro mis uñas en su pecho. Esta vez no gimo, no grito, solo siento su mano alrededor de mi cuello apretando, cortando mi respiración, extendiendo el placer, mi corazón se acelera aun más, mi uñas se clavan mas fuerte. El thrill, el fetiche, justo cuando mis pulmones comienzan a arder, me suelta.... Mi ojos brillan, mi piel deslumbra y mi sonrisa lo conquista.

Me derrumbo en su pecho, me acaricia calmando mi respiración. Lo último que recuerdo es su voz hablando, acariciando mi mente, su mano por mi cabello y mi piel, leyendo para mi un libro, "Seda". Me pierdo en sueños de miel y hiel.

Despierto escuchando el goteo de la tormenta, su suave respiración abrazándome. Salgo al bosque, el frío helado que lastima los pulmones, la luna en lo alto y esos ojos amarillos mirando desde el centro del claro. Aullidos. Mi cazador me invita a salir.

- Hola Amarok. Es hora de cazar.

Regreso y beso su frente, revisando su pulso para asegurarme que el relajante que le di no exceda su fuerza.

- Regreso pronto.

Mi alma sonríe al salir corriendo y ella comienza a cosquillear de alegría.

- Demasiado amor ahí ¿No crees?
- Solo lo necesario
- Cuidado, no queremos que le pase algo o ¿Si?
- No, mientras juegue bajo las reglas, no le va a pasar nada.
- ¿Y a nosotras?

No supe que contestar a esa pregunta, guardé silencio y me concentré en Amarok corriendo al lado de nosotras. 

Las dos corren por el bosque, sin percatarse que él las mira alejarse desde la entrada de la cabaña.

- Corre belleza, acá te esperan más sorpresas...



No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Habla