martes, 4 de junio de 2013

Gélido Azul

Despertó empapada en sudor con el eco de esa risa en su cabeza . Mira el reloj, la hora de la bruja, 3 AM. Cada vez sueña menos la escena que la liberó. Lleva 3 meses sin ir al psicólogo, se cansó de pensar que necesita ayuda. Pero esa imagen no se termina de ir.

Él siempre será un secreto demasiado oscuro para su alma. No sabía si ya estaba condenada, pero ese tipo de noches sentía las lenguas de fuego lamer su espalda, cuando manos de hielo estrujaban su corazón. 


Se levanta y visita el cuarto de al lado. Su hijo duerme y se siente tranquila. Se va a la cocina y toma un vaso con agua, mientras desde el balcón observa el silencio de las calles y las estrellas sin luna. Comienza a recordar esa noche. Parte del calvario que sucede al sueño desgarrador. Que en realidad es un recuerdo...

Era verano, mucha lluvia, a veces frío y otras calor. Desde que lo conoció eran noches de calor. Todo en secreto, todo a oscuras, el dolor crecía cada vez que tenían una cita. Empezó como un juego y terminó en desgracia.

Era el perfecto sádico y ella cayó en ese juego peligroso. Cada vez las fantasías se tornaban más arriesgadas hasta que una noche fue insoportable. Ya queriendo abandonarlo pero sin la fortaleza para hacerlo pensaba "Solo si él muere podré dejar esto". Así pensaba esa noche, la noche que lo vio para decirle adiós. No pudo decir una sola palabra cuando su voz la atormentó ordenando "Ponte esa ropa y maquíllate como la foto". Ella no podía dejar de obedecer. Todo de primera calidad para terminar viéndose como una prostituta de la calle. La analizó con esa gélida mirada azul y la palpó con esa manos fuertes. La abrazo por detrás dejando sentir lo duro que estaba por ella. Le besó el cuello, le toco los pezones, le acarició el clítoris y ella respondió a los estímulos con un gemido y su característico olor. En ese momento el la soltó con brusquedad y ella casi cae. "Ahora ya eres la perfecta cazadora, muévete, vamos por una víctima".

En su lujoso auto la llevó a las calles de prostitución más sórdidas de esta vasta ciudad. Donde solo el dinero más poderoso y degenerado entraba. Escogió una esquina y se la señaló, la dejó como cualquier otro cliente, pero la observaba. Ella entro en el papel y se puso en la esquina elegida. No tardó en llegar un joven en un lujoso Mercedes. Acordaron el precio y subió. Se metieron en un callejón. Bajaron del auto bajo el pretexto de que el auto era de su papá. Con el dinero ya en su bolsa ella continuó en el juego esperando localizar la mirada de su amo. Cuando el chico, comienza a darle una letanía de que no debería hacer eso, que era hermosa, que debería casarse y tener hijos, una familia, cuidar a sus hijos, no abandonarlos por irse de puta... Ella se percató de que algo estaba mal con él. Estaba cambiando ante sus ojos y eso la asustó. No dejaba de mirarlo por temor a que hiciera algo más. Cuando de pronto, sacó un cuchillo de cazador. "Que ironía" pensó "La cazadora, cazada". 

- Eres una puta
- Pero podría ser tu madre
- Ella también es una puta

El avanzó un paso y ella solo atinó a mirarlo a los ojos, desafiante. El sonrió, con la mirada perdida y llena de odio. El atacó y justo en ese momento su sádico lo detuvo por detrás, le puso el brazo alrededor del cuello y lo estaba asfixiando, el cuchillo cayó y ella lo levanto, el chico cerro los ojos. Y se desmayó. Él soltó el cuerpo laxo y la miro sonriente. Pero ella no soltaba el cuchillo.

- Se acabó, no más
- No puedes dejarlo
- Si puedo
- Eres mía
- No lo soy

Su risa sardónica resonó hasta sus entrañas, solo recuerda la sensación del cuchillo entrando en la carne tan fácil que parecía irreal, sin dejar de empujar hasta sentir el tope con algún hueso y seguir empujando.

El cayó al piso de rodillas, mirándola, sonriendo todavía. A ella le invadió una frialdad en el corazón, un fuego en la piel y una lucidez en sus pensamientos y acciones, de asesino perfecto. 

- Sabía que iba a ver brillar esa mirada de asesina en ti algún día.

Fue lo último que dijo antes de perder el brillo en sus ojos.

Dos segundos tardó en reaccionar. El dinero lo puso en una de las manos del sádico, solo tomó lo necesario. Fue al coche de éste, sacó la gabardina y la maleta con su ropa y limpió todo lo que tocó meticulosamente  Se quitó los tacones y caminó hasta una avenida cercana. Encontró un bar abierto. Se puso los tacones, entró y se sentó en la barra. Pidió un martini y poco después un taxi. No pensó en nada, su mente fría en blanco y su pulso perfecto.

Al amanecer no había dormido nada. Desayunaba en su terraza, sola, su hijo no regresaría hasta más tarde, cuando lo trajera su padre de regreso. Recorría todos los pasos de anoche con frialdad y dureza. No había dejado nada. Ni siquiera su nombre, nunca intimaron de esa manera. Eran amo y esclava. Solo que ahora había evolucionado a algo más grande, poderoso y hambriento.

- Mirada de asesina....- Dijo entre dientes y con una sonrisa. Su mente evocó la carcajada de su adorado Sádico. 


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