viernes, 7 de junio de 2013

La noche del Cazador

Los pulmones le ardían, corría y no quería detenerse, no sabía donde iba a parar, pero quería seguir hasta dejar atrás ese mal sueño. Por que debía ser una de esas pesadillas recurrentes que la aquejan. Si, debía ser eso, en cualquier momento despertaba...

Se despertó sudando una vez más de ese mismo sueño, sintiendo que había corrido hasta morir. Pero despertaba cuando caía en ese agujero en la tierra lleno de cuerpos. Lo que detestaba de sus sueños era lo real que sentía todo. Olores, sabores, sensaciones... Sería interesante si fueran sueños placenteros, pero siempre terminaban en pesadillas.


Se levantó, tomó agua y escribió lo que había soñado. Lo comparó con sueños pasados y se dio cuenta que lo que cambiaba en cada sueño era solo la persona que ella veía en un espejo. Cada sueño mostraba a una mujer distinta, pero parecida. El común denominador de ellas era el cabello largo, negro y rizado... "Como el mío", pensó. Sintió un escalofrío en la espalda, pero inmediatamente alejo su mente de pensamientos negros que se enfilaban para volverla loca... Otra vez.

Empezó a tener miedo del bosque, así que dejó de correr por ahí y decidió comenzar a correr por las calles de su casa. El asfalto era más duro y no necesitaba tanta concentración como el bosque. Escuchaba su respiración, su corazón bombeando, sentía la sangre correr. No escucho los pasos que la seguían, solo la perdida de conocimiento.

Despertó de noche, frente a un espejo. Con horror vio su reflejo, casi se vuelve loca, pero Ella la enfrío. "shh, shh, shh, tranquila, que locas no salimos más de esta". Vio la mirada depredadora que tomaba posesión de ella y se dejó ir. Ella tomó el control fácil, ahora que la nena estaba escondida y la había dejado salir. Se estiró. Esa maldita medicina que la mantenía en "control" la ponía mal. 

- Eres una estúpida - Dijo mirándose al espejo - ¿Cómo no te percataste del idiota que nos seguía dos calles atrás? Ese imbécil no sabe lo que desató. Pero gracias.

Estaba desnuda, vio su cuerpo, todavía fuerte a pesar de la edad, sintió los músculos, miró el labial indeleble rojo de su boca y acomodó sus rizos negros. 

- Estos rizos son tu perdición nena. Parecen serpientes... 

"Basta de admirarnos en el espejo", pensó. Se puso alerta y silenciosa busco algo en ese mierdero lugar. Algo que sirviera. Encontró una bolsa con calzado deportivo de mujer.

- Así que te gustan las corredoras... 

Encontró un par de su tamaño, no era la marca que le encantaba, pero servía. Exquisiteces de su mente retorcida. Buscó un poco más y encontró una navaja entre la ropa de las otras mujeres. Una ligera, de exploradora. "Creo que a ti no te sirvió de mucho querida". La afiló y la probo en su mano, un ligero corte, fácil. No se vistió, no, correr de noche desnuda era algo que extrañaba, no importaba el frío que anunciaba el invierno próximo. Se montó en el papel de víctima y puso su mejor cara de terror. Hizo ruido y salió corriendo, de manera estúpida, tropezándose. En cuanto se la trago el bosque, él cazador salió tras ella. 

Ligera de pasos, comenzó a caminar despacio y se detuvo en un lugar seguro y oscuro. Guardo silencio, cerró los ojos aclimatando su vista a la noche, su oído a los ruidos y su olfato al bosque. Escuchó agua correr y se acercó sigilosa, bebió un poco de agua y busco un banco de lodo para manchar su cuerpo con el. Comenzó la cacería.

Lo vio pasar sin que el la notara. Se detuvo casi junto a ella. Lo miraba con diversión y fría como animal. El comenzó a preocuparse, no la escuchaba, no la veía.

- Hola, lamento mucho todo esto, pero realmente me pareces irresistible. 

Ella casi se carcajea. Pero la depredadora que era no lo permitió. Estaba gozando todo esto. Olía su desesperación. Veía su frustración. Lo entendía, perder ese poder era algo horrible y no se lo deseaba a nadie, así que lo dejó jugar un rato con ella.

Salió corriendo aparentando desesperación y el cazador comenzó a ir tras ella. Era rápido y alto, así que la alcanzó fácil, la cargó y la tiró en el piso. Ella peleó con fiereza y el se excitó todavía más. Lo dejó violarla, ella era una fiera excitada y el dolor le gustaba, demasiado. La dejó ir y ella corriendo entendió el juego. 

- Ese es mi juego dulzura.

Lo dejó jugar una vez más pero la tercera ocasión...

Comenzaba el forcejeo y ella atrapó su cintura con la piernas, apretó fuerte y lo descontrolo como para ponerlo de espaldas en el piso y ella encima. Con la pequeña navaja en la mano le hizo un corte en la cara y el quedó quieto, sorprendido. Pero su mirada se volvió de terror cuando miró los ojos de ella. 

- No sabes la alcantarilla que destapaste amor.

Tomó el machete y lo desenfundo para ponerlo junto al cuello del cazador.

- Más vale que me complazcas varias veces por que si no lo primero que voy a cortar de ti va a ser esa bestia que tienes entre las piernas. 

La miró asustado y cerró los ojos, se calmó y se concentró. Ella lo acariciaba, se rozaba con él y comenzó a gemir profundo. Lo montó como un animal, como un simple instrumento, "no vayas a eyacular o te mato mi vida" le dijo. Varias veces terminó, gritando, arañando su pecho, la cara. Y el machete siempre junto a la yugular.

Ella satisfecha, se levantó, sin bajar la guardia. Se veía el estupor en la cara de él, la humillación de ser víctima en su propio juego. Ella rió a carcajadas. 

- Ay corazón, nunca pensaste que este día iba a llegar ¿verdad?... Comienza a correr... Que tu y yo nos tenemos que divertir.

El vio ese brillo de animal salvaje en sus ojos y se levanto aterrado y corrió. Escucho las carcajadas terribles de ella a lo lejos y un aullido de lobo al fondo. Lobos, se le habían olvidado los lobos. Esa bruja lo iba a matar, solo esperaba que los lobos la alcanzaran antes.

Corría sin dirección, se había perdido en el bosque que conocía tan bien, se detuvo para retomar el rumbo, trató de mirar las estrellas, pero esta demasiado asustado. Unos ojos brillantes lo miraban, luego dos, después tres.... La manada de lobos. Ella, limpia del lodo, descalza, avanzó entre ellos y se paró junto al macho alfa. Un alfa imponente, negro, perfecto, como la sombra más oscura del bosque. Lo acarició y el se sentó. El cazador estaba petrificado. "Eres una bruja de verdad", le dijo. Ella sonrió. Se agachó, gruño y con la pequeña navaja corrió hacia él. El golpe seco contra el árbol de espaldas lo dejó sin aire y cuando a penas estaba reaccionando sintió la navaja entrar en su estomago y abrirlo hasta el esófago  Abrió los ojos y ella le miraba , lo besó, lamiéndole la boca. Y le dio la espalda. Giró hacia el bosque y cayó en un agujero, el agujero donde el guiaba a sus victimas. No había cuerpos, solo huesos, los animales del bosque los acababan. 

Ahí en ese agujero, boca arriba, rodeado de los huesos de sus víctimas miraba el cielo estrellado, los ojos de la manada de lobos observándolo y esos rizos  negros al viento, parecían serpientes. Pidió perdón, ella rió y los lobos comenzaron a aullar. 

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