jueves, 20 de junio de 2013

Musa

Las peores traiciones son las que recibes de la persona que amas. Provocan ese dolor que no logras ubicar exactamente. Entre el corazón, la garganta y la cabeza. Sientes que cada uno quiere explotar. El zumbido en los oídos sube y la estupefacción en tu rostro parece durar una eternidad.

Así estaba él, sentado al borde de la cama. Leyendo la carta donde el editor lo tachaba de plagiador. Donde daba por terminado la relación con esa editorial. Pensó en sus libros. El primero fluyó sin ayuda, solo, de la nada. El segundo tuvo la inspiración de los sinsabores de su vida y las desgracias del amor y su abandono. Pero el tercero. Ese libro era terrible. Lo rechazaban, la historia era simple, inverosímil, aburrida. Las ideas se encontraban atoradas. Así como su vida.


Hasta que la conoció. Con apariencia de fragilidad y sumisión en realidad era una fiera indomable. Llena de vida, libre y con las ganas de estar con un aburrido escritor. Su crítica literaria favorita. Ella nunca había escrito nada, sin embargo su imaginación era conmocionante. Si escribiera como pintaba, ella sería un Bestseller absoluto. Y se lo dijo.

Tampoco era pintora, su carrera no tenía nada que ver con ninguna especie de arte. Era fría y calculadora en su trabajo. Las finanzas siempre le representaban el reto a su volátil y cambiante imaginación. Se apasionaba hablándole de como leer los señales que anunciaban devaluaciones, que hacía crecer su dinero, que lo podía llevar a la ruina o a la gloria económica. El la escuchaba como alumno de primer ingreso. Extrañaba sentir la pasión que ella tenía sobre todas las cosas, sobre todo lo que hacía. Entre toda esa pasión se enamoró de ella. 

Esa conquista duró para él una eternidad. Aunque tenía la paciencia de un escritor, cuando se abocaba por alguien, era implacable. Entre cafés, libros, museos y demás tertulias artísticas. Él, poco a poco, fue haciendo camino en esa imponente personalidad. Ella poco a poco fue cediendo terreno. Esa personalidad efervescente, la volvió el centro de atención de sus reuniones literarias. Y su imaginación galopante no se hizo esperar. De una palabra contaba los cuentos más llenos de emociones humanas, principalmente las más aterradoras. Se sorprendía de lo fácil que ella convertía a amantes enamorados en asesinos despiadados. A personas normales en demonios enjaulados. A hechos comunes en situaciones aberrantes. Tenía por 10 minutos a todos al borde de sus sillas. Imaginando, volando. Él la amaba todavía más, era la proyección de lo que quería de su tercer libro. Cada vez que la escuchaba contar sus cuentos se preguntaba de donde venía esa ávida imaginación. Una noche descubrió algo que cambió su congelada vida de escritor. 

Despertó al sentir que ella se levantaba de la cama. Fingió seguir durmiendo y puso atención. 

- No, no, no, ese cuento esta mal, yo no escribo así.
- Sí, lo tienes que escribir.
- No, ya es demasiado.
- Te dije que lo escribieras, eso acordamos, tu escribes lo que yo diga.
- Tus cuentos me dan miedo.
- No me interesa, ese fue el trato ¿O lo rompemos?

Silencio, el sonido del teclado, murmullos ¿Habían sido dos voces distintas? Fue impresionante, no podía dejar de sentir escalofríos. Le daba vueltas y no quería ni imaginar lo que podía tener ella. De pronto se percató del escalofriante silencio. Se levantó de la cama y de puntillas caminó hacia la sala. Nadie, no estaba. El ordenar abierto, con un archivo. Comenzó a leer, abriendo cada vez más los ojos. Eran sus cuentos. Pero estos eran más terroríficos que los contados en las noches de vino con sus amigos. Subyugaban la mente, era imposible dejar de leerlos, por más terribles, sangrientos y deshumanizados que fueran. Absorto como estaba no sintió la cercanía de ella. 

¿Qué haces?

Esa voz, le llenó de terror. Cuando volteó a verla su mirada era otra, más vieja, más fría, vacía.

- Me levanté, no estabas y me acerqué a la sala, no te vi y estaba abierto este archivo y comencé a leer. Son tus cuentos...
¿Te gustaría escribir así?
- Tienen un toque único, es tu firma la que se lee entre líneas.
Pero te gustaría ¿No es así?
- Si, la verdad que hace mucho no logro nada bueno y tu lo sabes.
Si quieres son tuyos, seré tu Musa... Pero la condición es que nunca me dejes. 

Un trato sellado con un beso, un beso frío, carente de amor. Eso es lo que él sintió al besarla.

El libro, recopilando los cuentos que nunca se habían contado, fue un Bestseller en solo una semana. Lo mejor que había "escrito". Y su amada, cada vez era menos su amada, cada vez era más ella. El éxito lo llevó a ser uno de los más cotizados autores. Su vida repuntó de la más brillante manera. Pero su persona venía en decadencia. La mujer de la que se había enamorado, iba desapareciendo cada día más y en su lugar quedaba un ente frío, hambriento de todo y exigía que ahora él escribiera esos cuentos. 

Un día, su dulce amada estaba presente y llorando.

- No lo tolero más, me siento miserable, es como estar enjaulada en un calabozo frío y oscuro. Ayúdame. Te lo imploro. 
- Es que no se que podemos hacer... Ella es implacable. Prometo encontrar la manera de ayudarte.
Podrías tomar su lugar...

La voz había cambiado, la Musa, había aparecido. El se levantó de golpe, alejándose de ella. 

¿Que acaso no la amas? ¿No dijiste que ibas a hacer todo por ella? ¿Que nunca nos dejarías? ¿Vas a traicionar las promesa que nos hiciste? Nunca nos ibas a dejar...

Se acercaba cada vez más y el aterrado salió corriendo del departamento, corrió hasta que los pulmones le ardieron. Cuando regresó ella no estaba. Tomo una maleta sencilla, sus papeles y su portátil. No miró atrás y no se detuvo a pensar en ella, su amada, la promesa de nunca dejarla, de ayudarla.

Meses después, el escándalo surgió, ella apareció con un blog diciendo que esos cuentos eran suyos, la editorial gasto cantidades exorbitantes de dinero para no perder su credibilidad. Hizo público el plagio de él y la disculpa hacia ella. Cuando vio las televisoras difundiendo la entrevista con ella, no vio a su amada, era la Musa que hablaba.

El me traicionó, la confianza que le otorgué, el prometió nunca dejarme... El amor que le tengo no ha cambiado. Se que quería ayudarme, solo que no supo como... Pero es un traidor de lo más ruin.

Nadie pareció notar el cambio en las voces, la mirada de vacía a dulce y viceversa. Nadie más que él. Sentado al borde de la cama, con la carta en la mano, sintiéndose traicionado en un inicio, terminó sintiendo el peso del peor traidor de la historia. No lucho por el amor de ella, la traicionó a ella. A su amada cuentista, su verdadera Musa.


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