lunes, 3 de junio de 2013

Infierno

Llevaba 5 años con ella. Siempre pensó que él podía "curarla", por ponerlo de algún modo. No es que estuviera enferma, pero estaba enferma de celos. Todo el tiempo desconfiando, celando, indagando, vigilando. Estaba harto. 

Hoy fue el colmo. Hace tanto que no sonreía sin mirarla a ella para evitar problemas y hoy, lleno de felicidad por que había organizado una cena fabulosa para ella, le sonríe a la hostess y ese fue el punto a partir del cuál la cena terminó en decepción. La cena por sus cinco años juntos.


Las cosas fueron de mal en peor y en el punto del postre el ya tenía una gastritis insoportable y ahí comenzaron los reclamos más subidos de tono. El en silencio se levanto, pagó la cuenta y se fue. No quiso ni mirar hacia atrás por que terminaría regresando por ella. Le dejo el coche, obvio no era un patán. Aunque a veces sentía que debería serlo.

La noche tibia y las calles solas, le hicieron bien, la brisa fresca lo reconfortó y tuvo tiempo de pensar. Se acabo el juego, no más, se lo diría hoy mismo. Buscaría terapia y superaría su propia enfermedad de tener siempre una pareja conflictiva. Llego a casa y estaba más relajado. Abrió la puerta y ahí estaba ella. Hecha una furia, revisando su lap, tenía la clave. Algo hizo click en su cabeza.

Sereno, ignoró los gritos, amenazas, insultos y demás improperios que ella soltaba cada que se ponía ciega de celos. El mismo infierno de siempre. Fue a la cocina y se sirvió una copa de Champagne, la cuál era para terminar de festejar esa perfecta noche. Tomó de un solo trago la copa y se sirvió otra. Ella seguía y seguía con la misma cantaleta. Tomo un cuchillo cebollero y pensó "Que cliché". Camino hacia ella, bebiendo de su copa y jugando con el cuchillo. El silencio que siguió fue la gloria. "¡Que hermoso silencio! Debería haber hecho esto desde hace mucho." pensó mientras miraba los ojos asustados de ella. Ella tropezó con el sillón y cayó sentada. El se sentó frente a ella. Apuró la copa....

Yo solo escuche el grito de ella, siempre gritaba, pero esta ocasión fue de terror. 

Cuando fui al hospital a verla me dijeron que la tratara con calma, que había quedado muy mal. Me senté junta a ella y esperé a que notara mi presencia.

- Hola 
- Hola querida

Me miro en silencio por varios minutos y nuevamente habló.

- ¿Cómo esta él? ¿Ya mejor?
- Si mucho mejor y te extraña
- Lo sé, es un dulce, siempre fiel, como no lo vi antes.
- Si
- Eres su mejor amiga ¿Lo sabías?
- Si, me lo ha dicho.
- Que bueno, cuando lo veas ¿Le puedes decir que lo amo?
- Claro yo le digo.
- Gracias.
- De nada.

Voltea nuevamente a la ventana y regresa a su mundo. Mirando a la nada, metida en su cabeza, perdida para siempre.

Cuando fui a verlo, le conté toda la escena, me desgasté llorando amargamente, por él, por ella, por nosotros. Eramos grandes amigos y nunca estuve lo suficientemente dañada para que el se fijara en mi. Nos amábamos  libremente, sin títulos, pero con una amistad eterna. Me sequé los ojos, me levanté y acomodé las flores junto a su nombre. Lo que batalló su familia para tenerlo ahí. 

En ocasiones lo sueño, me acercó al sillón blanco donde se sentó por última vez y me toma de las manos y cuando esta por decirme algo, veo como su cuello se abre de oreja o oreja y comienza a bañarme en sangre. Miro sus ojos como la última vez, como queriendo decirme algo. Estira su mano y trata de tocarme la cara. Ahí despierto sudando y gritando. Después lloro hasta quedarme dormida. Esas noches son un infierno.


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