Todas las noches vagaba
errante, se escondía entre sombras y veía la vida pasar. Tantos siglos, tanto
tiempo, tantas noches. Solo. Deseaba tanto sentir, oler, saborear.
Una noche la vio pasar,
joven, llena de luz, fuerte, con rizos negros largos, triste y sola… Ese halo
de soledad era fuerte, atrayente, alguien igual que él. Se ilusionó. Se acercó
sigilosamente entre sombras y la siguió. Se detuvo en la esquina donde estaba
el límite de su dominio. Débil, por la falta de vida en los últimos siglos. Su
ilusión pronto se vio rota. La observó alejarse pero sintió esa poca vida que
“tomó” de ella. No había personas tan abiertas últimamente y ella era el mejor
descubrimiento en años. Sentía que Él todavía no lo abandonaba totalmente,
sabía que estaba castigado, pero no olvidado. Ojalá volviera a pasar…
Todos los días ella
tomaba la misma ruta, a la misma hora. Y él la acompañaba, caminaba a su lado y
le susurraba palabras dulces. Pero ella a veces volteaba y parecía que lo
miraba, él se asustaba y rápido desaparecía. Ella realmente era especial. Después
de bastante tiempo paseando junto a ella cuando pasaba por su calle, entró al
cementerio que tenía frente. Muy triste, muy frágil, muy adolorida, pero
brillaba. Se acercó sigiloso y se sentó junta a ella. Ella lloraba, pero su
llanto era de felicidad, angustia por el futuro, pero sentía la determinación
de llevar a cabo lo que había decidido. Él la abrazo y sintió el latido de su…
¿Dos corazones latiendo? ¡Estaba embarazada! ¡Que sorpresa tan grande! ¡Que
gusto y que alegría! ¡Todo le sonreía! ¡Era perfecto! Se había vuelto la
víctima vulnerable que él necesitaba…
Nueve meses espero, el
último mes, fuerte como hace mucho no estaba, se escabullo entre las sombras y
la siguió hasta su casa. Se escondió en recovecos oscuros y esquinas sin luz. La
primera noche paseó por esa casa. Miro todo y sabía la casa en la que se había metido.
Casa de brujas. Jajajajajaja
Su risa despertó uno de los perros que dormían en la cocina, pero
no se atrevió a acercarse a la sala. Sabían que estaba ahí desde que llegó.
Así que… Somos todas brujas de dinastía ¡Vaya! Mi mejor diversión
es conquistar brujas.
Saltó feliz de un sillón a otro, la luna alumbro el centro de la
sala y un círculo rojo se formó.
Ahhhhh, lindo portal el que hemos encontrado ¡Hooooola! ¿Hay
alguien escuchándome? Todavía estoy vivo y pronto lo voy a estar más y voy a
volver a ser poderoso. Más poderoso.
Su risa mordaz hizo eco en los oídos de su bruja y esta se
levantó.
Ah, mi hermosa bruja, que no sabe que lo es pero lo intuye, así
como toooooda su familia de mujeres. Aquí estoy, mírame.
Su cara fue lo mejor para él. Ella volteó justo a donde estaba él,
en una esquina y lo vio. La sombra blanca parada, quieta y silenciosa,
mirándola. Abrió grandes los ojos, pero ella no se asustó. Lo miró largo,
retadoramente.
¡Vaya! La pelea va a ser digna esta ocasión.
Ella caminó hacia la cama sin dejar de mirarlo. Él estaba
satisfecho con toda su “bon chance”.
Durante varias noches él se dejó ver en el mismo lugar, a la misma
hora. Y lo hacía solamente para causarle angustia y que naciera ya esa pequeña
bruja que traía dentro. Después de obtenerla a ella se haría cargo de “ese” pequeño
detalle. Hasta que una noche sintió que el “detalle” pugnaba por salir. Era su
última oportunidad de sentirla realmente, sentirlas e imponer su fuerza. Se
paró en el umbral de la puerta que iba de la sala a las habitaciones y se hizo
visible. La bruja se detuvo, lo vio, dudó, cubrió su prominente vientre y rezó
mientras pasaba a través de él.
¡Que cosquilleo tan agradable sentirla completamente! El olor, el
calor, la piel, su corazón latiendo ¡Vida! Lo que anhelaba profundamente. Pero ¿Por
qué no sintió a la pequeña bruja? ¿¿Por qué?? ¿Qué había pasado? Algo estaba
mal. Grito y casi delata su fuerza. Si no había sentido a la cría, quería decir
que ella era fuerte de verdad, que mataría por su hija. Maquinaba, pensaba,
daba vueltas y no podía pedir ayuda. Castigado, estaba castigado y no podía
recurrir a nadie. Sintió debilitarse y hasta consideró abandonar la batalla.
Pero recordó de estarlas observando. La madre de ella, la más débil de todas,
cada que la reñía ella bajaba sus defensas. Si, esa sería la solución ideal.
Hacer que la madre le hiciera la vida imposible.
Cuando regresó, la criatura en brazos le pareció detestable. Lo
miró sin miedo, con osadía y lo olía. Le desagradaba, ese olor dulce le
repugnaba. Su fuerza era comparable con la madre, pero está tenía las
sensaciones más despiertas. Si, esta iba a ser de las que soñaban, de las que
veían, de las que escuchaban. Pero nunca tan fuerte protectora como la madre.
No, su madre era una coraza, un reto.
Sé que me escuchas pequeña pronto voy a terminar contigo, en
cuanto tu madre sea mía.
La pequeña lloró y su madre la protegió, miró alrededor y logró
sentirlo cerca. Él se refugió en las sombras y observó. Pasaron semanas y
ningún hecho acontecía para que la madre peleara con su bruja. Se estaba
fastidiando, la armonía que había en esa casa a raíz de ese pequeño desacierto
era intolerable. Pronto remediaría esa situación.
Provocó una pelea. Se acercó al oído de la madre y rebuscó en las
frustraciones de su vida y elegir una era tan fácil que solo buscó aquellas frustraciones que tenían
que ver con su bruja. Y así como encender fuego a la pólvora. Explotó una discusión
sin igual. El brincaba de gusto, como niño pequeño, aplaudía y gritaba,
enardeciendo los ánimos con sus provocaciones. Su bruja quedó agotada y en la
noche fue la victima que él necesitaba. Ella regresaba de la cocina y ahí se
apareció en el umbral de la puerta. Ella, lo desafió con la mirada, más
agresiva, porque esta vez iba sola. Le habló.
No te tengo miedo, soy muy fuerte, así que deberías desaparecer.
El desapareció pero no se quitó y cuando lo atravesó sintió ese
ligero cosquilleo. Y se prendió de su piel. Cuando llegaron juntos a la cama,
la pequeña bruja estaba boca arriba, hambrienta. La madre se acostó del lado y
comenzó a amamantarla. Estaba muy cansada, así que la paz que la invadió al
sentir a su hija alimentarse de ella la relajó todavía más. Él rápido se
apresuró. Se amoldó a la forma de ella y la abrazó por la espalda, recitándole
versos oscuros en el oído. Ella comenzó a caer dormida, pero luchaba por
mantenerse despierta. El recitó más rápido, más profundo, más oscuro y la
abrazó más fuerte. Ella estaba cayendo, estaba abriéndose, cuando la pequeña
bruja emitió un gemido y eso hizo reaccionar las defensas de la madre y gritó.
El grito poderoso y silencioso casi lo destruye. Al separarse de ella el grito
afloró a la luz con toda la fuerza de esa bruja y despertó a la casa entera. Él
débil no podía huir y sabía que si las brujas despertaban la fuerza de las tres
lo destruiría. Contemplaba su fin, cuando la escuchó.
Ven, yo te ayudo.
Volteó y era la pequeña recién nacida. Lo miraba con los ojos
inocentes y el alma vieja que traía lo observaba.
Yo te ayudo, pero vas a tener que hacer lo que yo diga.
Su única esperanza era quien quería destruir para vivir
plenamente. No tenía alternativas y aun así se pensó más listo que ella y
aceptó. Se forzó a caber en ese pequeño cuerpo. Se adaptó rápido y se acomodó.
Una vez dentro sintió el universo mismo nuevamente. El calor de su bruja
hermosa al lado, los gritos de las otras brujas tratando de erradicarlo, pero él
ya estaba a salvo en ese vasto universo cálido y lleno de vida. Cuando estaba
más tranquilo y fuerte se propuso destruir a la pequeña que estaba adentro. Si,
sería el instrumento perfecto y su hermosa bruja se abriría a este cuerpo y
podría tomarla como en su plan original. La buscó, sintiéndola y cuando dio con
ella no esperaba ver lo que estaba ahí.
- Ahhhhh que gusto volverte a ver…
- ¡Tú!
- Sí, yo.
- Te destruí.
- La diferencia es que yo puedo volver a nacer y tú no.
De pronto se vio aprisionado en un calabozo con apenas una pequeña
reja para mirar. Y aunque contaba con la vida suficiente para ser más fuerte
que ella, el cuerpo la obedecía solo a ella. Se había dejado engañar, era la
trampa de vidas pasadas. El castigo era desgarrador, lo había salvado para encerrarlo
con ella. Dentro del calabozo ella se acercó a él. Su rizos iguales a su amada
bruja. Los ojos iguales a la Bruja más buena de todas y su delgada sonrisa que
prometía placentero dolor. Cuando pensó que ella lo destrozaría, lo abrazó y
besó su boca con la pasión guardada por siglos. El calor, el placer, la locura,
casi se pierde en esas sensaciones, cuando sintió el bofetón fuerte en la cara
y la sangre en la comisura de la boca.
Me destruiste pero siempre te amé. Y ahora eres mi prisionero. Te
recuerdo que accediste a hacer lo que yo te pidiera.
Él la miró y se resignó a vivir en ella por una vida, obedeciendo
sus dulces y sádicos caprichos. Pensó en que tal vez, solo tal vez, podría ser
divertido que una bruja compartiera su cuerpo con un demonio.
Esbozó una sonrisa y la mira de soslayo, mientras ella lo encadenaba a una de las paredes.
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