martes, 2 de julio de 2013

Erase una vez...

Erase una vez un Rey, Rey con una bella Reina por esposa y sus dos bellos hijos. Un hermoso varón heredero al trono, una hermosa princesa que uniría Reinos enormes como el suyo. Todo era perfecto, pero siempre ambicionó más. Un vacío en su alma no podía ser llenado con nada. 


Aburrido de su Reino perfecto, un día se disfrazó de poeta errante. Caminó entre las calles leyendo los versos que en su castillo había compuesto a la fantasía de la perfección. Así fue por años aburrido, pidiendo encontrar a la musa de sus versos. Se deleitaba con las simples cortesanas que conquistaba en su camino. Sus versos dirigidos a nadie se los adjudicaban todos. Hasta que encontró a esa gitana.

Esa pequeña hembra de piel morena, ojos marrones y rizos oscuros. La que escuchaba sus versos sin parpadear, como habiéndolo escuchado todo. Nada la conmovía, nada la hacía cambiar de semblante, así que se convirtió en un reto. Lanzó sus mejores versos, sus mejores halagos, las mejores flores, las más increíbles ilusiones. Hasta que ella cedió. 

Habló con ella, la gitana, que estaba de paso por su Reino, escuchó con paciencia sus palabras y formuló preguntas necesarias. Por que todos sabemos que los Gitanos son desconfiados. Ella sentía una pizca de desconfianza, sin embargo sus letras le habían gustado. Se sentía halagada por las alabanzas a sus cuentos. Todos los gitanos tienen una tarea en el grupo. Ella se encargaba de los críos en las noches, para tranquilizarlos y enseñarles algo les inventaba cuentos, cortos y a veces dejaba que ellos inventaran. Ese pequeña pizca de desconfianza salió a la luz. 

El reconociendo su disfraz de poeta, deslizo la verdad de su vida a la Gitana que lo tenía encantado. Ella fría e inamovible, cerro su sonrisa y echo candado a sus sentimientos y le ofreció solo amistad. Se hablaban en otro tono, pero no dejaban la comunicación. Aunque la frialdad de ella y las ganas de él no compaginaban degustaban lecturas y ligeras conversaciones. Pero el Rey, como todos, tenía un Ego grande. Cualquier desaire de ella significaba un drama que ella tenía que tolerar. Cuando el Rey reflexionaba sobre el tema, se daba cuenta de su error. Hasta que cometió el último desplante visceral de su Ego.

Decidió lanzar fuera a la gitana y su gente, lo hizo sin dolor y sin miramientos. Huyendo salieron de ese Reino. Ella acudió a él y le preguntó las razones de su actuar.

- Ignorarme y tu frialdad, te han puesto en donde estás
- ¿Pero no sabes lo que pasó?
- No me interesa
- No sirves ni como amigo.

Se marchó sin un adiós y sin mirar atrás. A las puertas de su gran Reino, se detuvo. Miró el castillo y le dijo.

Tu reinado terminará en la falsedad de tu ego, por la bilis de tus visceras, tus subditos se darán cuenta de la pobreza en la que vives. La amistad se valora, no se desecha por caprichos, por el deseo de un cuerpo, por soberbia. Y tu Reina se dará cuenta de la basura con la que vive.

El sintió el frío de la maldición y se maldijo a si mismo por haber intentado cortejar a la gitana. Sabiendo lo que su padre le dijo siempre sobre ellas. "No las cortejes, son brujas, putas y salvajes". 

Su vida transcurrió normal, siguió cortejando ingenuas mentes, sin preocuparse de la nube negra que se cernía sobre él. Las cosechas fueron menguando, las nubes cubrían el sol, la lluvia inundaban las calles, la peste no se hizo esperar. Poco a poco su Reino fue entristeciendo y languideciendo. Su Reina y sus hijos se refugiaron en el hogar materno. El Rey se quedó solo en su vasto castillo, con los ecos de la penumbra. La lluvia filtrándose por las gruesas paredes. Los cuervos carroñeros graznaban. 

Así, solo, sentado en su gran trono orgulloso, escucho la risa cantarina y olió el aroma dulce de la piel gitana. Nervioso empuñó su espada, se levantó y los cuervos volaron en círculos sobre su cabeza, esparciendo una cortina de plumas negras azuladas y brillantes. Sintió el frío húmedo que le comía los huesos. 

Vuela en círculos por tu Reino, recibe alas negras de cuervo, saca los ojos de cuerpos inertes y sin sentimientos, satisface solo tus instintos, sufre el vacío de tu alma por siempre, busca,busca para que nunca encuentres el brillo de la verdad.

Sintió el calor en la espalda, comezón por todo el cuerpo, dolor insoportable, le quemaba la piel. Se quedó desnudo y las alas brotaron dolorosamente. Un grito de agonía retumbó en las paredes mudas. Sus ojos negros y vacíos miraban solo el brillo de los metales. Su voz se extinguió y la necesidad de satisfacer solo sus necesidades le llenaba la mente. Sus versos se extinguían.

El Reino vacío es custodiado por un cuervo. Muchos dicen, un príncipe encantado, otros la oscuridad alada. Aunque solo es un ser humano que escondía en sus versos, en su ego y su soberbia, una necesidad grande de ser amado con pasión.

Se levanta sudando de la cama, mira a su alrededor, toca su espalda, escucha atento. Nada. Su esposa a un lado, su hijo en su cama, su hija en la cuna. Un sueño, solo eso. Hora de levantarse. 

"Buenos días les deseo a todos..."

Una risa cantarina, picazón en la espalda y un escalofrío que lo recorre.




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