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Aunque las maldiciones se lanzan fácilmente cuando sale del alma, esa maldición por pequeña que sea cobra fuerza. Tan sencilla puede ser como: "las mujeres de tu familia siempre terminaran solas, hasta que encuentren alguien de su especie".
Aunque las maldiciones se lanzan fácilmente cuando sale del alma, esa maldición por pequeña que sea cobra fuerza. Tan sencilla puede ser como: "las mujeres de tu familia siempre terminaran solas, hasta que encuentren alguien de su especie".
Tan difícil y tan sencillo. Y así, llevan 5 generaciones de mujeres solas. Los hombres en sus vidas desaparecen misteriosamente, mueren extrañamente o solo mienten y rompen toda confianza concedida. Las mentiras son el primer indicio de que no eran los correctos. A esos, generalmente les depara un fin desagradable, la humillación.
Una noche, cenando sola como era su costumbre, pensaba en esa última conquista. Que sencillo fue, no puso resistencia, mucho menos pelea. Ni una frase refuto, ni una orden desobedeció. Había llegado un punto donde eso le parecía aburrido. Necesitaba algo y no sabía con exactitud lo que era. Algo que la hiciera sentir, realmente sentir algo. Sus pensamientos divagaban y su atención en ese restaurante era relajada. Conocía el lugar, la gente de costumbre y los que atendían. Se sentía cómoda y nunca tuvo que estar alerta. Sin embargo alguien la vigilaba, alguien en el fondo, el rincón reservado a la cena romántica estaba ocupado. Una sombra la observaba, la analizaba y la leía. La leía tan bien que sabía que era lo que ella necesitaba.
Apuro la copa de vino, pidió la cuenta y antes de salir ella escucho esa voz suave y dura.
- Yo sé que es lo que buscas, no es fácil de conseguir.
Volteó y al verlo pensó Dios, este hombre impone, podría matar a alguien si quisiera. No se dejo intimidar por esa mirada de fuego. Lo enfrentó con su gélida mirada. La sonrisa torcida de él ante el silencioso desafío apareció poco.
- Impones, belleza. lo Petite no te limita, pero no lo suficiente para mi...
- ¿Que es lo que busco según tú?
- ... Control...
Se paralizó al escuchar la palabra, todo su cuerpo despertó y sintió recorrer cada letra por su piel. Cada significado de la palabra, cada uso y abuso. Cada memoria de las parejas que se brindaban a ella y al final la abandonaban. Cada uso de los que fueron encuentros casuales, donde ellos pedían volver a verla. Cada abuso de las segundas oportunidades. Control. Ella siempre había estado en control y pocas veces la controlaban. La controlaban sus obligaciones conscientemente adquiridas. Pero íntimamente jugaba con el control, con sus juegos seductores, con su hiel. Control...
La palabra hizo eco más profundamente cuando el la miró a la cara serio y frío. Le dijo al oído.
- Yo te puedo enseñar verdadero control...
Extendió una tarjeta que solo decía Mañana, aquí a las 10pm. Dio media vuelta y se fue, la dejó pasmada, con una orden en el aire.
- Quédate aquí hasta que me pierdas de vista.
Ella tácitamente obedeció. Lo perdió de vista y por fin su cuerpo la dejó moverse. Se enfureció consigo misma, tanto que terminó vomitando su cena. Se había paralizado ante la impresión de "ese", ante su atrevimiento, como si fuera tan fácil leerla.
Una noche, cenando sola como era su costumbre, pensaba en esa última conquista. Que sencillo fue, no puso resistencia, mucho menos pelea. Ni una frase refuto, ni una orden desobedeció. Había llegado un punto donde eso le parecía aburrido. Necesitaba algo y no sabía con exactitud lo que era. Algo que la hiciera sentir, realmente sentir algo. Sus pensamientos divagaban y su atención en ese restaurante era relajada. Conocía el lugar, la gente de costumbre y los que atendían. Se sentía cómoda y nunca tuvo que estar alerta. Sin embargo alguien la vigilaba, alguien en el fondo, el rincón reservado a la cena romántica estaba ocupado. Una sombra la observaba, la analizaba y la leía. La leía tan bien que sabía que era lo que ella necesitaba.
Apuro la copa de vino, pidió la cuenta y antes de salir ella escucho esa voz suave y dura.
- Yo sé que es lo que buscas, no es fácil de conseguir.
Volteó y al verlo pensó Dios, este hombre impone, podría matar a alguien si quisiera. No se dejo intimidar por esa mirada de fuego. Lo enfrentó con su gélida mirada. La sonrisa torcida de él ante el silencioso desafío apareció poco.
- Impones, belleza. lo Petite no te limita, pero no lo suficiente para mi...
- ¿Que es lo que busco según tú?
- ... Control...
Se paralizó al escuchar la palabra, todo su cuerpo despertó y sintió recorrer cada letra por su piel. Cada significado de la palabra, cada uso y abuso. Cada memoria de las parejas que se brindaban a ella y al final la abandonaban. Cada uso de los que fueron encuentros casuales, donde ellos pedían volver a verla. Cada abuso de las segundas oportunidades. Control. Ella siempre había estado en control y pocas veces la controlaban. La controlaban sus obligaciones conscientemente adquiridas. Pero íntimamente jugaba con el control, con sus juegos seductores, con su hiel. Control...
La palabra hizo eco más profundamente cuando el la miró a la cara serio y frío. Le dijo al oído.
- Yo te puedo enseñar verdadero control...
Extendió una tarjeta que solo decía Mañana, aquí a las 10pm. Dio media vuelta y se fue, la dejó pasmada, con una orden en el aire.
- Quédate aquí hasta que me pierdas de vista.
Ella tácitamente obedeció. Lo perdió de vista y por fin su cuerpo la dejó moverse. Se enfureció consigo misma, tanto que terminó vomitando su cena. Se había paralizado ante la impresión de "ese", ante su atrevimiento, como si fuera tan fácil leerla.
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