Acostada en mi cama veo el sol entrar poco a poco; iluminando todo. Los rayos comienza tocando las puntas de mis pies, me despierto y estoy abrazando su espalda. La piel blanca salpicada de pecas y lunares. Antes de que la llenara de tatuajes. Esta profundamente dormido, respirando una paz que solo es causa de estar juntos. La luz se vuelve más intensa. Siento calor y la mirada de alguien.
Volteo suave para no despertarlo y esa mirada azul que tan bien conocí me observa sonriente.
- Hola, lo traje de vuelta. Se quería quedar contigo. No iba a tolerar más tiempo lejos de ti.
Volteó a verlo y acaricio su cabello negro y rizado. Su espalda suave, sus hombros fuertes. Su dulce olor.
- Lo sé, lo vi triste la última vez.
- Me tengo que ir
- También lo sé.
- Tienes que estar con él.
- Lo dejaste mal, te necesita.
- Eso tiene solución. Pero te necesita a ti.
Nuevamente siento su respiración. Siento esa mirada azul llegar profundo en mi. Me acaricia un momento la cara, sonríe y se va. Abre la puerta y sol parece nacer ahí. No veo, me deslumbra. Regreso mi mirada a ese cabello suave y esa piel inmaculada. Veo ante mis ojos como cada trazo de los tatuajes que ahora tiene, se van formando. Lo siento respirar más profundo. Cierro los ojos y duermo.
Al despertar, no esta.
Solo un sueño, lleno de realidad. Pienso en esos ojos azules que tantas veces me hicieron sonreír, pienso en lo cómplice que era con nosotros. Lo mucho que nos entendió y siempre supo que nuestros andares nos llevaban a estar juntos. Al final solo vino a dejarnos la consigna de estar.
Así estamos, juntos, sin estar.
Tu allá, yo en mi lugar. Todo diseñado para no estar.
- Te cuento lo que soñé
- Contáme
- Acostada en mi cama veo el sol entrar...
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