miércoles, 24 de julio de 2013

Maldición 2

2

La primera vez que él la vio fue en ese restaurante. Le intrigó verla cenar sola. La analizó y cuando llegó su "cita", la descartó. Nadie imaginaba que ese lugar era de él. Nadie reparaba en que todos sus empleados eran devotos a él. Todos ignoraban su oculta vida. Adoraba ese lugar, le fascinaba ver a la gente. Ver escenas de amantes, peleas, indiferencias y descubrir los monstruos detrás de cada faceta, varios del "medio" confiaban en ese lugar para sus juegos previos. Se sentían cómodos y daban muestras de quienes eran en verdad. Él adoraba recolectar esas personalidades, como piezas de rompecabezas. Pero cuando la vio empezar a frecuentar el lugar, sola, comenzó a observarla más. Siempre controlada aparentemente, con emociones poco vistas. Leyó en ella, una mente cultivada, estructurada. Vio el control que tenía de lo poco que le rodeaba. Acomodar la mesa a su gusto y elegir la que ella quería. 


Analizó sus movimientos, su sonrisa y la mirada, lo complacida que estaba con la entrega de su mesero, la misma mesa, el acomodo ya estaba como a ella le gustaba. Ella no sabía que en secreto ese mesero la anhelaba. Ese mesero, sufrió un ligero castigo, por añorar lo que no le estaba permitido tener y además por demostrarlo tan abiertamente en su mirada. Si, ella podía y quería ser doblegada con poder, verdadero poder. Quería aprender a doblegar sin emociones. Quería el total control de ella misma, el desapego a sentimientos. Los mejores alumnos son los que quieren aprender. El plus de ella era que ya llevaba carrera en control. Su Ego no la dominaba, pocas veces surgía. Ella misma lo controlaba. 

- Será una excelente alumna.

Dijo a la oscuridad que lo rodeaba. 

Consultó a otros "Maestros" que la habían observado al igual que él. Todos concordaron con la apreciación. Una noche de vela decidió ofrecerle lo que ella anhelaba. A sabiendas de que podía existir la posibilidad de que al final adquiera una "joya" más. 

Esa noche en cuestión venía harta, se podía leer en su gesto de fastidio. El mesero sufrió el frío desaire a sus halagos Pobre niño, recibirá un castigo por su obsesión. Cuando la vio partir, se levantó de esa mesa que lo ocultaba y salio a la luz. Se acercó a ella silencioso y dijo con firmeza.

- Yo sé que es lo que buscas, no es fácil de conseguir.

Cuando lo miró de ese gélida manera, su alma divertida dijo Serás mía y doblegaré esa mirada retadora y la volveré dulce y tierna, anhelante y adolorida y veré correr lágrimas por tus mejillas, las lameré con pasión y serán mi salada bebida. Te enseñaré a dominarte, te dominaré. Doblegaré esa fortaleza para hacerte más fuerte. Eres una gata salvaje, pero conmigo conocerás el poder de un felino gigante y dominante. Sé que tu alma lo anhela, sé que tienes sed de verdadero poder. Y no hay poder más grande que el control.

Se deleito cuando mencionó la sola palabra Control y el color de su piel cambió, su aroma aumentó, su corazón galopaba. Había tocado la fibra exacta de su ser. Ahí empezó a ejercer su dominio sobre ella. La miró fijamente, duro, los intentos sutiles de seducción que ella emanaba no funcionaban en él. La mirada gélida, con la sonrisa ardiente y desafiante, las postura derecha, perfecta, el cabello echándolo hacia atrás. Tal vez era un reto para otros, tal vez asombraba a los simples mortales. Pero tenía la madera necesaria para arrancarle gemidos de placentero dolor.

Se dio la media vuelta ejerciendo el poder que emanaba de él. La dejó parada con una orden que tenía que acatar sin chistar. La primera prueba de muchas.

- Quédate aquí hasta que me pierdas de vista.

El sintió perfectamente su mirada, sabía que iba a obedecer y sabía las consecuencias de que ella acatara la orden de un extraño. Era tan fácil para él de leer. Supo el momento exacto cuando ella se movió. La observó desde su oficina oculta en el fondo del restaurante. La vio volver el estomago en una esquina oscura junto a los contenedores de basura en el estacionamiento. Sabía que iba a volver. La estaría esperando. 

Tengo una alumna fuerte y con voluntad, un cambio para los pusilánimes que han dicho querer aprender.

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