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Al día siguiente la tarjeta giró y giró entre sus dedos, entre sus papeles, en su bolsa y ante sus ojos. La caligrafía dura y agreste "...Aquí..." Una orden escrita. En su casa a las 9, estaba llena de ansiedad, luchando contra si misma. Peleando y hablando. Hasta que el silencio y la única palabra haciendo eco en todo su cuerpo la motivo.
Llegó al restaurante, la recibieron como de costumbre. La dirigieron a la mesa oscura, entre velas. El lugar estaba casi vacío. Ahí estaba, sentado con la calma de las montañas nevadas, imponiendo con su silencio y su tamaño, con su fría dureza. Con un aura oscura. Se paró frente a él y estaba a punto de dar la media vuelta y marcharse. Pero su voluntad pudo más, quería tener eso que el ofrecía, se sentó. La miró fijamente, ella sostuvo la mirada y no dijo nada. Espero y su mirada cada vez más fuerte y penetrante hizo que ella bajara la vista a sus manos.
Al día siguiente la tarjeta giró y giró entre sus dedos, entre sus papeles, en su bolsa y ante sus ojos. La caligrafía dura y agreste "...Aquí..." Una orden escrita. En su casa a las 9, estaba llena de ansiedad, luchando contra si misma. Peleando y hablando. Hasta que el silencio y la única palabra haciendo eco en todo su cuerpo la motivo.
Llegó al restaurante, la recibieron como de costumbre. La dirigieron a la mesa oscura, entre velas. El lugar estaba casi vacío. Ahí estaba, sentado con la calma de las montañas nevadas, imponiendo con su silencio y su tamaño, con su fría dureza. Con un aura oscura. Se paró frente a él y estaba a punto de dar la media vuelta y marcharse. Pero su voluntad pudo más, quería tener eso que el ofrecía, se sentó. La miró fijamente, ella sostuvo la mirada y no dijo nada. Espero y su mirada cada vez más fuerte y penetrante hizo que ella bajara la vista a sus manos.
Él, desde lejos la vio llegar con esa determinación al caminar. Recordó sus propios días de aprendizaje. Sabía que había elegido a una buena alumna. Cuando hizo que bajara la mirada a sus manos, pensó en como iba a disfrutar enseñando esta ocasión. Aprendía y no se ofendía.
- Bien, ahora que tengo tu atención. Te diré que es esto y después podrás formular todas tus preguntas e inquietudes.
El mundo no es tan rosa como muchos lo ven, aunque tu has visitado sus orillas oscuras no has descubierto el aura oscura que te rodea. Muchos se ven atraídos por eso, lo sabes y lo utilizas. Son como abejas a la miel. Tus juegos seductores aunque divertidos, son excesos para los humanos comunes. Para los hombres casados eres un lujo, para los jóvenes una diosa, para los viejos una perversión, para el soltero una aventura, para tu familia... Adoración. Pero hay unos que te observamos, analizamos y leemos tan fácil como al menú de un exquisito restaurante. Tenemos la mente cultivada, la lengua presta y las letras escritas. El cuerpo disciplinado y el poder necesario para hacer de diamantes brutos un solitario pulido perfecto. Veo en ti esa hambre. Leo en ti las ganas de sentir de verdad. De dominarte más allá de tus límites conocidos. Para tener control hay que saber controlar tus emociones, tu hambre, el dolor, los miedos. Antes de dominar debes saber ser sumisa...
Dicho esto, él, paciente dejó que ella analizara toda esa información, la observaba y sabía lo que su mente trazaba. Parecía ver los engranajes de su cabeza girando. Sabía que era cazadora por naturaleza y que el miedo la había hecho fuerte. El podía lograr más, sin miedo, solo dolor.
Ella repitió las palabras en su mente. Sopeso los pros y los contras, su mente analítica hizo esquema de todos sus límites, recorrió lo que tenía y lo que anhelaba. La palabra sumisa no le encantaba. Odiaba ser lo que siempre había evitado luchando. Despreciaba a la gente que lloriqueaba por nada y exhibía su lastimero dolor como presea, mientras ella veía a la verdadera fortaleza en las calles, el niño en la alcantarilla, el joven que se vende por comida, la mujer que soportaba inclemencias por sus hijos. Sentía lástima por que esa fortaleza era bruta y no se le sacaba brillo. El ser humano necesita verdadero dolor para evolucionar. Seguía en silencio y ella tenía paciencia.
- Mírame y dime tus inquietudes.
Él sabía que ella estaba esperando la orden para hablar. Había terminado sus pensamientos y analizado sus sentimientos.
Él sabía que ella estaba esperando la orden para hablar. Había terminado sus pensamientos y analizado sus sentimientos.
Ella obedeció. La mirada dura seguía ahí. Con una chispa de luz.
- No voy a declararme sumisa, quiero aprender, pero no para terminar a tus pies. Seré tu alumna, tu mi maestro y aunque tu me hayas visto primero, yo te estoy eligiendo a ti.
¿Por que yo?
¿Te digo mi nombre?
¿Como te voy a llamar?
¿Lo puedo dejar?
¿Quien eres?
¿Afuera de esto que vida llevas?
¿Esto siempre es frío o existe complicidad, calor?
¿Cuáles son los límites?
Guardo silencio mirándolo pero después de unos segundos bajo la mirada a sus manos.
Esas pequeñas muestras de obediencia le complacían. Estaba empezando poco a poco a entrar en su cabeza. Ella sabía de obediencia, era ordenada, limpia. Pero sabía que lo que más trabajo le iba a costar era la humillación. Aprendía y no repetía el error.
- Veo que aprendes rápido y me place. Respuestas.
Si en algún momento abrazas como tuya lo sumisión seré el amo que te proteja siempre. Recuerda que este proceso de aprendizaje es descubrirte a ti y tus límites. Esta de más decir que eres una mente cultivada y de pensamiento estructurado y algo frío. Es un honor interactuar contigo. No necesito tu nombre para mi ya eres "Ma Petite" y me debes llamar "Sombra". Esto es voluntario, hasta donde tu decidas llegar, pero si decides abandonar no existe retorno, no conmigo. Todo es consensuado, no obligado. No importa quien soy fuera de este mundo. Afuera todos llevamos una vida común pero hay ocasiones que los demonios tienen hambre de más. Aquí conmigo encontraras seducción y placer, pero dominarte es un proceso duro para la carne. La tuya debe ser educada a tolerar más de lo que ya lo hace. Y tu mente puede controlar todo. Los límites deben de ser dentro de tu seguridad e integridad física y mental. Tu eliges hasta donde llegar. Habrá una palabra de seguridad que siempre debes recordar. Cuando la digas me detendré, no antes, no después. Solo esa palabra es una orden para mi. Después tus lamentos, tu agonía o tus lagrimas serán rosas para mi. Este mundo no es falso, no hay mentiras, aquí la traición significa destierro. Aquí hay confianza ciega y verdad humillante y dolorosa. Este es el mundo recto que anhelas. Este mundo aunque retorcido es honesto.
Otra vez ese silencio que gritaba en los oídos. Escucha su sangre pasar por sus oídos, sentía caliente la piel, sentía sus latidos fuertes y se obligo a calmarlos.
-Tu esencia es tu mejor arma, pero conmigo no funciona. Si tienes más dudas levanta tu mirada y exprésalas; si no; retírate y te espero mañana aquí.
Ella se levantó estaba por dar media vuelta cuando escucho.
- Ma petite la educación es importante. Despídete de mi apropiadamente. Di "Con su permiso Maestro Sombra".
El color escarlata en sus mejillas y pecho le indicaban la lucha entre su orgullo de hembra libre y sus ganas de aprender. Una prueba que deseaba poner desde el primer momento. Ella tenía que aprender que siempre hay que mostrar devoción ante el maestro.
- Con su permiso Maestro Sombra
Él guardo silencio y la dejó ahí parada, mirándola hasta las profundidades de su alma. Ese tiempo ella lo sintió como una eternidad. Dicen que en el infierno un movimiento parece eterno.
- Te puedes retirar Ma Petite.
Se retiró y al levantar la vista observo una bella mujer, de anhelante mirada, con total devoción, esperando, a que Sombra la llamara. Esa inigualable entrega que observó le daba las ganas de aprender. No hay maestro que no haya sido alumno antes.
Cuando ella se retiró, observó la reacción de ver a su joya preferida. La había citado por la total entrega que tenía hacia él. Quería darle una muestra en carne y hueso de ese verdadero poder.
Cuando ella se retiró, observó la reacción de ver a su joya preferida. La había citado por la total entrega que tenía hacia él. Quería darle una muestra en carne y hueso de ese verdadero poder.
Determinada se presentó al día siguiente con un sencillo y elegante vestido negro. Ropa interior a juego y para el "juego". Ese tipo de ropa doblegaba al común denominador, pero ella sabía que para él solo era un estorbo. Se vistió para sentirse segura, para tener fuerza, para resistir. Cuando llegó, la hostess no la miró a los ojos, la trato como si fuera él. La llevó a la mesa de ayer y se retiró en silencio y despacio. Ella se quedó esperando. El se levantó.
- Sígueme Ma Petite
Lo siguió hasta el estacionamiento ahí el se acercó a ella y le vendó los ojos. La guió con su voz y ella con su oído a subirse al auto. Escucho el suave ronroneo del motor, olió la loción de él, la limpieza del auto y el roce de la ropa. Lo que ahora en silencio y ciega pensaba era que nunca escucho su andar. A pesar de su tamaño y su cuerpo, era silencioso como felino, como una ... Sombra. Sonrió encontrándole sentido. Sintió el vaivén del trayecto, casi se duerme, pero el le pego una palmada en la pierna. Poco después sintió como el auto entraba a un garage, escucho el eco, el frío y el silencio. Subieron por un elevador, sabía que estaban en un piso alto.
- Espera aquí.
Escuchó una puerta abrirse y el olor de él emanaba de ese lugar. Era un olor embriagante. Un olor fuerte, puro, limpio. Se quedó quieta, escuchando atenta. Solo suaves roces, ligeros ruidos. Cuando escuchó su voz.
- Remueve la seda de tu vista y entra, si así lo decides.
Quito la suave tela de sus ojos y vio un cuarto en penumbras, suave luz iluminaba una mesa aquí, una repisa allá y al fondo una llama bailarina. Era el camino que debía seguir. Parada al umbral de la puerta, volteó hacia atrás, al pasillo iluminado, observo el elevador. Una vez que cruzara el umbral no habría marcha atrás, regresó su vista a las penumbras y adelanto el pie con firmeza, dio ese paso que la llevaría a otro mundo.
- Ma Petite... Has entrado. Cierra la puerta y camina hacia mi voz.
Cerró la puerta. El pestillo del picaporte le dio la sentencia del inicio de algo nuevo, renovador y peligroso. Algo que la haría cambiar por siempre. Un parteaguas más en su vida. Caminó lentamente, sin tropezar, con cuidado, escuchando. Un roce de ropa, unos dedos marcando el tiempo mientras tamborileaban sobre una superficie. El olor era más fuerte. La luz cada vez era más suave.
- Detente... Gira a tu izquierda... Ahora Ma Petite... Reglas.
1 No debes desobedecer
2 Hay castigos y buscaré el más mínimo error para dártelos
3 La letra con sangre entra, la perfección es importante aquí
4 Dime que no te gusta
Pensó en lo que detestaba del dolor. Pensó que realmente le incomodaba. Lo que realmente le causaba angustia. Recordando programas y documentales, fotos y toda la investigación que pudo hacer en una noche. Lo que más detestó de todo fue el maltrato a los senos y las pinzas en cualquier parte del cuerpo. No toleraba los pellizcos fuertes. Dijo todas y cada una de sus inquietudes, terminó hablando de sus más profundos miedos, de la especie de maldición que aquejaba a las mujeres de su familia y como terminó cenando sola. Hablo libremente de sus amores, de sus aversiones. Al mismo tiempo que ejecutaba las ordenes que él daba. Terminó desnuda con solo un hermoso collar largo de bijoux. Sentada en la incomoda posición de una geisha, quieta con la mirada baja las manos entrelazadas sobre sus piernas, a los pies de la sombra. Él, paciente, la escucho y con golpes suaves y firmes de una fusta le indicaba sus errores. Cuando terminó de vaciar su alma, guardo silencio respirando pausadamente para controlarse. El sentado en el sillón frente a ella la observaba. Silencioso, pero tan peligroso como un animal salvaje enjaulado. Y la presa era ella.
- Espera aquí.
Escuchó una puerta abrirse y el olor de él emanaba de ese lugar. Era un olor embriagante. Un olor fuerte, puro, limpio. Se quedó quieta, escuchando atenta. Solo suaves roces, ligeros ruidos. Cuando escuchó su voz.
- Remueve la seda de tu vista y entra, si así lo decides.
Quito la suave tela de sus ojos y vio un cuarto en penumbras, suave luz iluminaba una mesa aquí, una repisa allá y al fondo una llama bailarina. Era el camino que debía seguir. Parada al umbral de la puerta, volteó hacia atrás, al pasillo iluminado, observo el elevador. Una vez que cruzara el umbral no habría marcha atrás, regresó su vista a las penumbras y adelanto el pie con firmeza, dio ese paso que la llevaría a otro mundo.
- Ma Petite... Has entrado. Cierra la puerta y camina hacia mi voz.
Cerró la puerta. El pestillo del picaporte le dio la sentencia del inicio de algo nuevo, renovador y peligroso. Algo que la haría cambiar por siempre. Un parteaguas más en su vida. Caminó lentamente, sin tropezar, con cuidado, escuchando. Un roce de ropa, unos dedos marcando el tiempo mientras tamborileaban sobre una superficie. El olor era más fuerte. La luz cada vez era más suave.
- Detente... Gira a tu izquierda... Ahora Ma Petite... Reglas.
1 No debes desobedecer
2 Hay castigos y buscaré el más mínimo error para dártelos
3 La letra con sangre entra, la perfección es importante aquí
4 Dime que no te gusta
Pensó en lo que detestaba del dolor. Pensó que realmente le incomodaba. Lo que realmente le causaba angustia. Recordando programas y documentales, fotos y toda la investigación que pudo hacer en una noche. Lo que más detestó de todo fue el maltrato a los senos y las pinzas en cualquier parte del cuerpo. No toleraba los pellizcos fuertes. Dijo todas y cada una de sus inquietudes, terminó hablando de sus más profundos miedos, de la especie de maldición que aquejaba a las mujeres de su familia y como terminó cenando sola. Hablo libremente de sus amores, de sus aversiones. Al mismo tiempo que ejecutaba las ordenes que él daba. Terminó desnuda con solo un hermoso collar largo de bijoux. Sentada en la incomoda posición de una geisha, quieta con la mirada baja las manos entrelazadas sobre sus piernas, a los pies de la sombra. Él, paciente, la escucho y con golpes suaves y firmes de una fusta le indicaba sus errores. Cuando terminó de vaciar su alma, guardo silencio respirando pausadamente para controlarse. El sentado en el sillón frente a ella la observaba. Silencioso, pero tan peligroso como un animal salvaje enjaulado. Y la presa era ella.
- Muy bien Ma Petite. La confianza es importante y no será traicionada jamás. Acabas de desnudar tu cuerpo, tu vida y tu alma...
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