Recuerdo la primera vez que te vi. Cuando pregunté tu nombre con la osadía de la juventud. Cuando miré directamente a tus ojos y supe cuanto me ibas a gustar. Recuerdo la primera vez que probé el fresco de tu boca, la mordida de tus dientes, la humedad de tu lengua. La confianza de decirnos todo desde el primer momento. Así, sin sentir pena, sin remordimientos, sin pensar que tal vez seguiríamos juntos. Era apenas una noche, una cama, un hola, un adiós. No había hasta luego planeado. Era solo el momento.
Hoy seguimos juntos. Te amo, pero como te detesto. Detesto esa insoportable sensación de que no te veo más. Detesto sentir poder hacer todo y no hacer nada por que tu no quieres. Detesto la lucha entre mi quiero y tu no puedo. Detesto tu ambivalencia en decisiones. Hoy es "ven a mi vida con toda tu vida" y mañana es "no vengas que apenas puedo conmigo". Y entonces el abismo se hace profundo.
Anhelo las sensaciones de tus besos suaves y húmedos recorriendo mi cuello, apartando el cabello de mi cara para morder mi boca y deslizar tu mirada en mis ojos. Seguir el camino de mi corazón para atrapar en un gemido mi pezón, duro y suspirante por tu boca, tu lengua, tu calor. Cierro los ojos y evoco la sensación de tus manos grandes y fuertes apretando mi culo, mientras siento tu pecho lleno de vello hacer cosquillas a mi vientre. Tu mano aprieta más fuerte mi nalga mientras tu boca se ensaña con mis pezones y arranca gemidos de placer de mi garganta. Te escucho aspirar para decirme, "tu olor me enloquece morocha". Me escuchas gemir y eso te endurece más. Sigues haciendo tu camino de besos y humedad, hasta que llegas a mi concha depilada completamente. La besas, la lames y juegas solo un poco, para seguir mordiendo mis piernas y llegar a mis pies. Tomas uno de mis dedos y lo chupas. Me miras a los ojos y te acercas a besarme nuevamente en la boca, ahogándome con tu peso y tu lengua jugando con la mía. Mis manos juegan con tu pelo en pecho y bajan mientras me muerdes la boca y la lengua. Atrapo tu miembro perfectamente circuncidado y juego con la punta húmeda. Me deleito sabiendo que yo provoco eso. Gimes por lo bajo sin soltar mi boca y más excitado aún. Me miras a los ojos diciendo "así me encanta que seas, sin tapujos". Comienzo a masturbarte suave, dejando recorrer mi uñas a todo lo largo de tus 21 cms. Tan dolorosamente placenteros. Gimes más y te prendes otra vez de uno de mis pezones ¡Que sensación tan inaudita! Tenernos a merced del otro. Te safas de mi y bajas nuevamente para comerme entera. Tu lengua jugando con mi clítoris, solo para bajar más, abrirme, mirar y decir "Estas empapada mi amor". Te hundes en mi humedad y te dedicas a disfrutar, el sabor, el olor, a dulce. Siempre me dijiste eso... "hueles a dulce, sabes a dulce, eres lo más dulce de mi vida". Mis gemidos te indican ritmo, donde, bien, mal, suave, más, despacio. Hasta que mis piernas; cada vez más tensas; te indican que casi me llenas de placer. Sigues hasta hacer estallar tu nombre en mi boca. Y aún así no te detienes, solo para probar el resultado del orgasmo. Te jalo de los hombros y te obligo a salir para que me beses. Mi sabor en tu lengua, mi olor en tu nariz, mis gemidos en los tuyos. Te digo entre besos "entra ya, te deseo", con tu respuesta "te amo" y entras, suave, apenas con esfuerzo y mi falta de aire por sentirte. El arco que mi espalda pronuncia al sentirte levanta nuestro peso. Tu mano acariciando mi cabello y besándome fuerte mientras entras.Nos quedamos así, quietos, fundidos en uno, besándonos. En ese sublime momento de perfecta comunión. Y la lucha comienza. El empuje, el ritmo, las posiciones, la gloria de sentirnos. Dejas que llegue al orgasmo un par de veces más. Somos tan poco ortodoxos que en cierto momento escupes en mi boca ¡Que aversión! Alguna vez escuche a un viejo decirme "Eso que te hizo es bien de eres mía, de marcar propiedad, de eres mi puta". Eramos tan uno del otro. Todo dentro del quiero. Nada era obligado, ni consensuado, solo lo aceptábamos o no. Tu orgasmo más allá de lo delicioso era sentir cada bombeo. Tan sincronizados que mi último orgasmo venía en el inicio del tuyo. Estallando en tu gemido.
La suave capa de rocío que nos cubre, el calor, la humedad, el olor dulce en el aire. "Sos mundial linda"... Esa frase, tan tuya para mi. Y luego tus besos repartidos en hombros y boca, soplando mi nuca para refrescar el calor de mi piel. Tus suaves caricias y tu dulce mirada. Tu amor incondicional y protector. Tan protector eras que no iba a crecer si seguía a tu lado. Y quien lo viera, hoy he crecido tanto que soy tu "Cable a Tierra". Lo único que te mantiene atado a una realidad.
Mi realidad pasa por momentos tan difíciles y pesados, con tantas lágrimas y apatías, con tantas mentiras a mi alrededor de personas que les otorgo un gramo de confianza y en nada, caen en ese juego decepcionante. Sus mentiras más allá de herir, solo cierran mi calor, mi dulzura, mi amor. Me hacen más fría. Pero al mismo tiempo me hacen anhelar más nuestra piel juntos, nuestros momentos de comunión, nuestra honestidad.
Dueles, siempre va a ser así. Te sueño y nunca voy a dejar de hacerlo. Suena estúpido, pero es la manera en que a pesar del tiempo, la vida, lo cerca físicamente que estábamos y ahora lo lejos que nos vemos, seguimos juntos. Y hay momentos en que solo deseo hundirme en el recoveco de tu cuello y llorar hasta que deje de doler.
Y acá estamos, yo escribiendo y tal vez tu leyendo lo que ya hemos dicho muchas veces en viva voz. Que esto no acaba, solo sigue trascendiendo y cada quien su vida. A veces no logro evitar imaginar...
¿Que hubiera sido de nosotros con solo el Adiós?
Sonrío y pienso....
Siempre será un hasta luego.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Habla