Se tomaba el cabello a dos manos, ponía la cabeza entre las piernas, vuelta y vuelta frente a la ventana. El piso vacío. Una silla, solo una frente a la ventana. Siempre buscándola en otras mujeres, siempre su mente encontrando a la que encaja perfecto con los detalles. Búsqueda incesante que su mente distorsionada por la infancia vivida realizaba con sumo detalle, para por fin tenerla entre sus manos y destruirla. Una y otra y otra y otra vez.
- No, no, no, no, no, no, no....
Se levantaba, gruñía y intentaba en vano calmarse.
- Es Ella, ella, ella, ellaaaa... Se lleva todo.
Murmuraba, entre dientes decía las cosas que haría con ella en cuanto la tuviera, porque ella era la culpable de todo. Ella se llevaba toda la gloria, toda su gloria.
- Se lleva todo lo que puedo dar. Lo succiona directo de mi. Ella. Es mala, mala, mala.
Se detiene frente a la ventana y toma los binoculares. Observa como esta sentada escribiendo en la computadora. Observa cuando se levanta y sale por fin de la oficina. Tiene 5 minutos para bajar y mirarla de frente, toparse con ella, mirar el vacío de sus ojos y confirmar que era ella, otra vez ella, . Justo en el momento que ella sale, el pasa chocando con ella. Ella lo mira, fría, directo a los ojos y sonríe sin realmente sentirlo. Él la mira, desafiante, le ofrece una disculpa con una sonrisa fingida.
La sigue, 20 minutos de ruta hasta llegar a un barrio sórdido a las orillas de un húmedo y oscuro bosque. Su casa la última de la calle. No hay perros. Un gato brinca del tejado para maullarle y restregarse contra sus piernas. Él observa. Ella lo acaricia mientras voltea a todos lados. Él se hunde en el asiento para no ser descubierto. Ella carga al gato y lo mete en la casa. Alguien llega y golpea la puerta, no toca, golpea. Abren y el visitante comienza a los gritos. Su mano toca el pecho y lo acaricia. El visitante se tranquiliza y entra.
- Mala, mala, mala. Eres tú, ahí estabas, escondida en otra. Pero no me engañas. Sé que eres tu madre...
Él espera con desespero a que salga ese que llegó a arruinar su encuentro. No sale y eso le carcome. Toma el cuchillo y decide mirar de cerca. No hay ruidos. Las casas parecen abandonadas a la carrera. Luces prendidas, radios sonando, televisiones en programas estelares, ni una sola persona o animal a la vista. El barrio tan sórdido parece un punto abandonado del infierno. Unos ojos brillando en la oscuridad y el gato que sisea por el intruso. Se asoma a una de las ventanas. No hay nadie. Ni en la cocina, sala, ni atrás. Prueba la puerta. Silencioso, la televisión ayuda a cubrir el crujido de la puerta. Con cuidado recorre la casa y el último cuarto esta cerrado. Escucha, nada. Por la ventana de al lado mira la linterna que se adentra en el bosque. El cuarto cerrado. Trata de abrirlo, y cuando retira la mano del picaporte la siente húmeda. No pone atención. Se limpia en la ropa y sale tras ella.
- ¿Que hiciste conmigo? Me cansa tu voz en mi mente, tus susurros oscuros, tus condenas de siempre. Mala, mala, mala.
Cuando cree ver la luz, ésta desaparece. Se detiene y espera detrás de un árbol. Ella pasa junto a él, se detiene, levanta la nariz. Olfatea el aire. Mira hacia los lados y no lo ve. Camina de regreso a la casa. Él se acerca a donde estaba y observa un pozo que parece profundo. Tropieza con la lampara. Huele a muerte, a putrefacción. Escucha gruñidos, ligeras peleas. Prende la lampara y lanza el haz de luz que parece perderse en la oscuridad de ese pozo. Silencio. Cuando se asoma a la orilla. Horrorizado mira el fondo... Monstruos, demonios, animales humanos o algo semejante, mandíbulas llenas de dientes, garras, aullidos, quejidos, cuencas vacías. Demonios devorando cuerpos, el invitado era el alimento. Eso era un averno en la tierra.
Un filo se siente en su cuello.
- Malo, malo, malo...
Toman su cuchillo de la mano. Susurros oscuros inundando su cabeza (mala, mala, mala, ella, mala) Comienza a sangrar su nariz. Siente el filo hundirse en su carne.
- Me quitas todo, todo lo que puedo dar, lo succionas directo de mi.
- Me confundes con mamita querida.
- Eres tú, eres mala, escondida.
- Yo soy mala pero no mamita querida.
- Si eres, eres ella. Tienes un pozo de demonios.
- Mamita querida solo te lanzó a los lobos.
- No, los lobos, los lobos, los lobos, eran ellos, hombres, malos. Eres mala.
- Yo soy mala y vas a dar de comer a mis demonios.
Cortó su cuello y calló de rodillas, luego al suelo. Su cuello y cabeza colgando en la orilla del pozo. Los demonios rugiendo por sangre tratando de alcanzarlo y él veía su vida alimentar a los monstruos.
Susurros oscuros de mamita querida en su mente...
- Mal niño, mal niño, te tendré que llevar con ellos para que te enseñen a no tocarte frente a otros.
Empujo su cuerpo y los aullidos comenzaron.
- Coman mis niños.
Susurraba una canción de cuna mientras caminaba de regreso.
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