De putas y arrabales el mundo,
De avernos y fuego la vida,
De mentiras y traiciones la historia,
De muerte y destrucción el planeta,
De las vilesas humanas las guerras.
De todas esas maravillas que ocasiona el ser humano, pero los sueños quedan como esperanza de la perpetuidad de la naturaleza del planeta.
Llego al fin de las escaleras y salgo al techo del edificio más alto que había, se ve la ciudad dormida. Un edificio que aunque viejo, era firme y completo. Con la sencillez del tabique rojo barnizado y la limpieza perfecta. No había ruidos, pero solo porque era fin de semana y amanecía. Parada. Mirando extasiada el alba naranja, me acerco al único cuarto que estaba en esa azotea. Uno blanco, limpio e iluminado. Rodeado de ventanas y una puerta de cristales y madera. Bancas viejas pero firmes, barnizadas de blanco y la gente sentada charlando y sonriendo. Todas ellas reunidas sin conocerse realmente. Todos me miran dando una especie de bienvenida. Afuera hay cuatro personas, 2 parejas, comenzando a desvestirse. Guardan su ropa en bolsas de plástico transparente. Las lanzan por el edificio y al asomarme veo una callejuela entre los edificios, calles de servicio, no de tránsito, vacía. Las bolsas en el suelo y la ciudad sigue dormida. Nada se mueve, pero el amanecer indica el tiempo que sigue su curso sin detenerse.
Los veo mirarme sonrientes, desnudos, perfectos. Veo que comienzan a subir a la cornisa del muro que llega a las costillas. Existen unas escaleras marinas que bajan todo lo largo del edificio. Me asomo y la tranquilidad aparente de donde estaba se ve interrumpida por un viento que vuela mis rizos con fuerza y los quita de mi cara. Sé que van a bajar por esas peligrosas escaleras. Pero no me angustia, la emoción me guía. A uno le pregunto ¿Porqué hacen eso? y me responde con un guiño y una sonrisa.
- Porque es lo más emocionante que hemos hecho y podemos. Esto es divertido y lo sabes. Tu también vienes por lo mismo, por eso te hemos invitado.
Mi sonrisa no puede con la sensación del momento, el amanecer cada vez más glorioso y la ciudad sigue dormida. Los veo comenzar a bajar las escaleras y todos siguen hablando en el cuarto. Alguien a mi lado se acerca y me dice.
- Solo tienes que seguirlos, por eso has venido. Comienza por desvestirte.
Me asomo a la calle y los veo abajo, vestidos, saludando, invitándome a hacer lo mismo. Y así lo hago, dentro del cuarto blanco tan cómodo. Todos miran, todos sonríen, nadie se ríe. Esperan paciente el proceso. Pongo la ropa en una bolsa y la lanzo al vacío. Escucho como golpea el suelo de la callejuela y la observo. Me espera abajo mi ropa, que no me importa demasiado. Todos están en dos filas una a cada lado. Me paro en la cornisa y observo con una sonrisa el amanecer que sigue avanzando hacia el despunte del sol. Me quedo esperando hasta ver la orilla del sol naranja surgiendo. Imponente y sonriente, diciendo "estoy aquí, no te abandono". Siento el viento fuerte hacer mis rizos a un lado y el frío de su latido. Me pongo de espaldas y me agacho para tomarme del primer barrote de las escaleras y asentar mis pies en el frío hierro. La escalera se ve llena de herrumbre pero solo es el color con que la han pintado. Comienzo a bajar y el viento sigue haciendo a un lado mi cabello. No siento el vértigo, ni miedo, mucho menos frío y bajo desnuda con calma, peldaño a peldaño. Terriblemente emocionada, con fortaleza y segura de que esto es más divertido de lo que pensé que fuera. Ligeros ruidos, la ciudad despierta.
¿Qué? ¿No sabían que uso psicotrópicos antes de dormir?
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