lunes, 10 de marzo de 2014

12

Es justo el momento donde comienzo a pensar en ti, el momento en el que casi cambia el día. No me permito pensar mucho en tu mirada, porque empiezo y no termino si no es escribiéndote. Me doy la licencia de hacerlo al último momento del domingo. Y sonrío con el corazón, cada que pienso en que parte del jardín te tengo. Veo los árboles que han crecido en ese lugar y entre sombras te veo. Me miras, aunque no descifro si es odiándome o resignado a tu recinto final. Y yo creo que tomar el té bajo las sombras de esos árboles que susurran con el viento, es el mejor trabajo de jardinería que he hecho. A veces escucho como intentas romper las raíces de los arboles para salir de tu encierro y acusarme con el mundo entero. Pero amas esos árboles tanto como yo. Siempre fuiste un devoto amante de la naturaleza. Así que quiero pensar que solo estiras esos huesos para estar más cómodo entre las brazos del árbol. Recuerdo cuando regaba el jardín y vi uno de tus dedos sobresaliendo de la tierra. Y recordé que hace mucho no hablaba contigo para contarte nada. Esa fue una excelente llamada de atención a que recordara mis deberes para contigo. Ahora no falló en sentarme cada domingo cerca de las 12 de la noche para conversar contigo. Bajo los árboles, contándote lo que me alegra que sigamos juntos, a pesar de que tu hubieras pretendido dejarme. Escucho el murmullo de la noche, estrellada y sin luna. Escucho el viento rozando la hojas. Y muy al fondo escucho "Eres mala", pero tu solo lo dices para molestarme y no lo permito. Porqué sé que sabes que todo lo que hago es con amor. Y a ti amor mío, te sigo amando. 


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