miércoles, 5 de marzo de 2014

Miércoles de Ceniza

Toda esta liturgia del arrepentimiento y la conversión me recuerda lo mucho que me alegro de todos los pecados cometidos. De como disfruto de cada una de mis hazañas, por más que estas sean insospechadas para algunos. Y hace poco tuve esta pequeña conversación:

- Que increíble que las personas que más nos impusieron la religión, podamos criticarla tan abiertamente.
- Pero rescatamos lo mejor de ella
- Yo rescato la bueno del cristianismo.
- Exacto, no hablo de otra cosa.

Y me hizo recordar los momentos de terrible cercanía a lo que es la iglesia y sus sentimientos. La humanidad refugia su agonía, su vació sangriento entre las paredes de un hermoso recinto. Recuerdo las veces que niñas de 15 años se acercaban sonriendo sin conocerme, a contar todas sus terribles, terribles, terribles penas. Recuerdo haberme convertido en la devoradora de penas ajenas. La que palmeaba la espalda, lloraba con ellas, se sentía destrozada y las abrazaba, para terminar diciendo frases de clichés religiosos: 

Dios esta contigo.
Dios te da pruebas para que tu fortalezca crezca.
Dios no te pone nada que no puedas soportar.
Dios...

Y me sentía tan hipócrita pensando que Dios daba todo lo bueno o lo malo. Pensaba que no sabía la grandeza de si Dios existía o no, solo tenía fe en la vida. En la bondad de las personas, en la belleza del mundo y su naturaleza, pero también he creído siempre en los monstruos que habitan el mundo y no son otra cosa que humanos. Y sí, los detesto. Y esas confesiones me lo demostraban. Niñas que les pasaban cosas horribles. 

En fin, me quise volver monja, por unos meses estuve convencida de que era mi vocación serlo, solo para ayudarlas a ellas. La reacción ante mi intempestiva vocación fue que mi madre me sacó del colegio de monjas en el que estaba (donde había encontrado cierta especie de paz) y me regreso al antro de castigo en el que había vivido toda mi vida. Regresé a disfrutar la mierda de mis compañeras que un día te quieren y otro día te detestan, regresé a la basura de la hipocresía y a mi sarcasmo e ironía. Regresé a que me detestaran y a que yo las hiciera rabiar. y ¿Saben? Uno realmente aprende a disfrutar sus infiernos y a carcajearse en ellos. Hasta disfruto visitar iglesias y de vez en cuando (poco, muy poco, casi nunca) la liturgia de la misa de 7am entre semana.


¿Qué? ¿No sabían que soy católica por convicción?



No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Habla