Con los labios pegados están los amantes, sin decir una palabra, suspirando al inicio. Primero tibios al comenzar las caricias y terminan sudando cuando llegan las sonrisas.
Una mano tocando la dureza de una verga perfecta, una fresa empapada. No alcanzan ni a quitarse la ropa. Esto es un juego de manos, seamos villanos inclementes de nuestros placeres. Se desabotonan camisas, blusas y braguetas. Se siente la piel a medias.
En silencio se tocan, se exploran, se provocan.
Los besos cada vez más duros hasta hincar los dientes en los labios y mirarse a los ojos perdidos el uno en el otro. Las lenguas debaten en la cueva de la boca, se muerden, se expulsan y se buscan nuevamente.
Los dedos trazando suaves caricias la inicio y terminando en rudos pellizcos. Las manos buscando solo los puntos claves. Una mano toca la entrepierna mojada y explora cavidades, sintiendo el río que comienza a desbordarse.
Suaves amantes la manos. Mientras las bocas son agrestes la una con la otra.
Unos dedos comienzan a frotar más fuerte esa grieta húmeda, la punta rosa que se erecta de un clitoris ansioso. Una mano envuelve el glande lleno de sangre y comienza el trabajo de arriba a abajo. Otra mano pellizca y acaricia pezones. Mientras otra sostiene el cuello del amante para que no termine ese beso.
Se muerden la boca más fuerte, siseos de dolor y placer.
Los suspiros suben decibeles en unos minutos.
Las piernas se estremecen, ella se retuerce y el contiene el aliento.
Y todo acaba en un río, blanco y cristalino.
Es cuando llegan las sonrisas, risas y miradas.
Los besos se suavizan, y las manos acarician.
La respiración descansa y los corazones se acompasan.
Los amantes se han masturbado.
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