La luna transforma el cuerpo en un lobo sangriento.
Un lobo sangriento que corre cazando cazadores furtivos.
Cazadores que salen de casa besando a su esposa en la mejilla con un te amo vació.
Esposas que se sientan en el vacío de su vida sin sopesarlo demasiado.
Vacío que se llenan con figuras de fantasía.
Fantasía que lees en letras que te llenan la mente.
Mente que transforma esas fantasías en sueños.
Sueños que se vuelven pesadillas.
Pesadillas que te miran desde la orilla del bosque con ojos amarillos.
Tu pesadilla se relame en cada mordida que da a tu carne dura.
Y tu sientes, oh vaya que sientes.
Sientes la sangre correr con adrenalina.
Los dientes clavarse profundo, desgarrando.
Duele, y como duele.
Y prefieres eso a la vida pasiva que llevas.
Adicto a ese repulsivo pero delicioso dolor y dices "nunca más".
Y regresas, siempre regresas.
Como ofrenda a la manada de lobos.
Siempre vas a regresar con soltura.
Siempre vas a mirar a los ojos llenos de frío y calor.
Siempre vas a desnudar tu cuello a los colmillos.
Y disfrutas, como disfrutas.
Va más allá, es mental.
Tu placer y tu dolor, tu adicción.
Tu adicción...
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