De todos los cliches el mejor es Paris en verano, Paris con luna llena, Paris paseando por el Sena..
Para ella Paris con sangre en las manos.
Esos cliches baratos y ella odiando la vida una vez más. Porque sí. Porque se puede odiar sin razón, porque la oscuridad te puede apretar el corazón sin ninguna razón en particular. SIMPLEMENTE PORQUE SÍ. Porque hay personas que desde que nacen su vida es un infierno. Un orfanato, el maltrato, el abuso, la mala vida, y sin embargo ella era una flor llena de belleza. Que a la primera oportunidad devoraba a los que se cruzaban en su camino. Idealista pero sádica. Defendía a las almas inocentes proyectándose en ellos, recordando los sueños de una heroína que la rescatara de su miseria. Ahora ella era la heroína. Estúpida idealista. Inocente soñadora. Seguía creyendo en los cuentos de hadas, aunque el terror se le presentara siempre. Inquebrantable alma...
- No te asustes, no te voy a hacer nada.
La niña voltea y la mira, fría.
- A la que le va a pasar algo si no te vas pronto, es a ti.
Ella retrocede unos milímetros, observa algo dentro de esa niña, algo más fuerte y desconocido. De la nada una sombra, un animal, un gruñido y solo cierra los ojos al ser regada con sangre brotando a presión del cuello partido de la niña en cuestión. Cuando abre los ojos, solo la neblina de la noche, la sangre por todas partes como pintura de arte sin sentido. El sabor que cae en sus labios, en su lengua y se sorprende saboreando el sabor dulce de ella. Sangre en su boca, sangre en sus manos.
¿Una delicia? N'est pas? Cherrie, podrías probar más...
Se acercó la bestia, hocico ensangrentado, sonriendo con esa hilera de dientes, la lengua roja saliendo de entre ellos. Ojos amarillo tóxico, pelaje negro tupido. Perfecta especie de monstruo paseándose alrededor, lamiendo la sangre que caía de sus manos, de su cara, de su boca.
Eres tan dulce que seguiría lamiendo hasta llevarme tu piel entre los dientes.
La niña murió tan fácil y rápido. Sin dolor, no más dolor.
Ofrece tu cuello hermosa, voy a amarte con la fuerza de una pesadilla. Con la belleza de lo inconcebible. Con la locura de lo desconocido.
Amor, que palabra tan hermosa. Tan desconocida para ella, con tantas ganas de sentirla. La soñadora seguía latiendo. Cerró los ojos e inclinó la cabeza dejando al descubierto un cuello delgado y suave, arterías palpitando, olor dulce que desesperaba. Sintió sus manos, unos labios, la boca aprisionando un lóbulo de la oreja.
Así hermosa, deja te amen, deja que te devuelva a la especie sangrienta que perteneces.
La amó, con gruñidos, rasgaduras, gemidos sordos, besos asfixiantes, orgasmos iracundos. Con sadismo, lujuria. Rompió su ropa y lamió cada rincón de ella. La llevo a éxtasis desconocidos. Dejó sus pezones lastimados, heridos, punzantes. Su vagina palpitante, adolorida. Hundida en esos ojos tóxicos. De pronto cerró los ojos y al abrirlos la bestia gruñía junto a su cuello. Mostraba todos los dientes, filosos, enormes y se hundieron en su hombro, un colmillo llegó al corazón. Frío cuchillo que quemaba. Veneno recorriendo su cuerpo. Hervía, ardía y no pudo más. El dolor salió a gritos hasta perder el sentido.
- ¿Un café cherrie?
- Por favor.
- ¿Lo endulzamos?
- El café me gusta negro, pero el dulce lo prefiero rojo, solo.
- Los dulces se ofrecen solos.
- ¿Vamos por uno?
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