Es domingo y yo quisiera leerlo todo el día. Leerlo despacio y con sonrisas, lagrimas o melancolía, lo que provoque usted. Leerlo con las manos pasando las páginas de sus experiencias. Y como últimamente me gusta usar cliches rosas, leerle la piel, recorriendo cada una de sus historias. Mostrándole lo bien que saben mis dedos interpretar las contracciones de sus músculos, o el acumulo de sangre o el erizado de sus vellos. Leer sus miradas que me indican en que momento se acerca a darme un beso. Leer sus manos que toman mi cara para provocar un beso más posesivo. Leer sus caricias que comienzan resbalando por mi espalda y terminan inquietando mi sangre. Usted levanta la niebla de dulzura de mi sangre, sacando a flote su frescura en la piel. Me habla al oído y disfruta de los sonidos emitidos. Y usted mismo que no ha leído ni una mínima parte de lo que esta mujer puede ofrecer, sabe perfectamente leer la superficie de su cuerpo.
¿Se imagina lo que podrá leer si lo dejo girar las páginas del libro de mi vida?
Escribir es un regalo, pero esto que escribo es solo mi piel.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Habla