2
Él la observaba anhelante. Caminando en esa extraña forma de hombre, se recostó sobre las hojas húmedas del bosque, miraba la Luna entre el follaje de los árboles y comenzó a recordar.
Esa noche que la encontró más al norte, en la tundra fría. Corría como siempre solo, su soledad le gustaba y pocas veces se unía a una manada. Llevaba siglos rondando el mundo. Estaba aburrido. Y de pronto el olor llegó a sus olfato. En el aire flotando, como una invitación. Se dirigió sin pensar hacia la fuente del mismo y se topó con un campamento de humanos, estaban construyendo. Dentro de unos de los campers estaba la fuente de ese olor. Rasco la puerta, olió el miedo, olió el valor, aulló. Fuerte, profundo, declarando que ella era de él. La siguió sin que se diera cuenta. Observaba el dolor que la aquejaba.
Hasta que una noche se quedó sin gasolina en el trayecto. Hizo algo que él no esperaba. Salir caminando para regresar, sola, con la valentía del predador que sabe que puede morir. Se adentró en el bosque, protegiéndose de su propia especie. Cuando el hizo notar su presencia, ella lo admiró. El casi pierde el control cuando ella desnudó su cuerpo y ese dulce olor retumbó en su nariz.
- Amarok concédeme el honor de morir rápido y sin tanto sufrimiento.
Se ofrecía en sacrificio, lo respetaba, conocía su nombre, su verdadero demonio. La respetó por esa valentía, por mostrar el cuello y reconocer que él era más fuerte que ella. Se acercó, la olfateo y la marcó. Mía. Cuando se marchó la observó de lejos. Poco después ella se marchó de ese lugar. El la tenía presa en su olfato, sabía que no iría lejos. La encontró, sola, melancólica y en el aire encontró el rastro de alguien, que permanecía en la piel de ella, alguien que la había lastimado. Alguien igual a ella, pero ligeramente más débil. Lo encontró jugando a ser "normal", pero veía en sus ojos la ansiedad por salir a cazar. Y cuando decidió salir, él lo cazó. Lo llevó a ese claro, junto a esa cabaña de nadie. Era el regalo que él le daba a ella. Cuando la buscó y la guió hasta ahí, ella se liberó. Observó como ella terminaba el trabajo que él había empezado y aulló. Su compañera, por fin. Ella se desnudó y corrió con él.
Durante bastante tiempo fue así, juntos, corriendo, cazando, jugando, una manada los veneraba, a ambos. Era el líder de esa manada, era de ella y viceversa. Pero la hembra que anhelaba era la fiera que se escondía bajo la piel de su humana. Un día ella se fue, tenía que irse, demasiado tiempo en soledad. Aunque tenía todo, ella debía hacer vida de humana. Era mágica para él. Cuando se marchó aulló de dolor. Aunque sabía que regresaría.
Vagando en una de tantas noches, rondando la cabaña, solo para estar cerca de su olor, el fuego estaba encendido. Corrió pensando que era ella, pero al llegar se detuvo cauteloso. No era ella, olía parecido, pero no era ella. Algo más estaba ahí. Se abrió la puerta y la vio.
- Amarok, el lobo solitario, el monstruo cazador, el demonio encantado... Un gusto conocerte por fin ¿Me parezco? Sí, soy algo que tiene que ver con ella, gracias por traerla aquí. Soy ella, ella es yo, pero para ser una debes liberar la fiera que reside dormida en ella. Su especie no la consuela, su especie le aburre. Ella es parte de ti. Hazte parte de ella...
Una propuesta, una respuesta. El amaneció en el claro del bosque, al levantarse se cayó, manos, pies, piel expuesta a las inclemencias del tiempo, no aullaba, hablaba, corrió al lago, se acercó a la orilla del muelle y se observó. Recordó la cabaña, regresó veloz, pero no había nadie, cenizas en la chimenea, la reminiscencia de su olor. Recordó las palabras, el ofrecimiento. El dolor que sintió después de aceptar con la mirada. En la cabaña había un espejo, se admiró con su reflejo. Era como ella, humano. Se preguntaba como lo percibiría ella y justo en ese momento la olió en el aire. Se acercaba, el salió, se escondió en los árboles, silencioso la observó.
La manada lo encontró por el olor y algunos se pusieron desafiantes al ver al humano con el olor del líder. Se desconcertaron, pero la hembra alfa, la hermosa compañera de su antigua especie, se acercó cariñosa. Los demás confiaron y así nuevamente se coronó como Alfa de esa manada, en su forma humana.
Quería correr hacia ella, decirle quien era, pero la conocía para saber que no confiaba en su especie. Acercarse y que confiara en él sería difícil, así que la rondó, la observó. Su primer acercamiento en el muelle, le confirmó que ella no confiaba en él. Pero también se dio cuenta que adentro de ella estaba esa fiera que confiaba en el instinto animal y pugnaba por salir. La vio reptar a la superficie, por abajo de su piel, olió a la que el día anterior lo visitó. La noche que la escuchó llorar por uno de los que la amaban, quería abrazarla y besarla, había observado como el la trató. La anhelaba, cuando la vio salir, corrió en paralelo con ella, libres, grandes, pero ella se asustó, el se detuvo en la orilla del bosque y el lago. La manada aulló por que la olía. Pero él los detuvo, quería que ella averiguara quien era en realidad. La Alfa es la única que no le obedeció y entendía la razón, ella había cuidado de esa Alfa desde que nació. La encontró sola desamparada, su madre la había protegido con su vida de los cazadores. Pero ella y él cazaron a los cazadores. La veneraba como madre, como hembra Alfa de la manada.
Esa noche se decidió a entrar de lleno en su vida. A conquistarla, a amarla, a sacar la fiera en ella. Se coló en su casa. La vio dormir hasta que el fuego se apagó. Al despertar estaba sentado en un rincón, observando desde la oscuridad.
Ella se levantó y sabía que no estaba sola, había soñado a su Amarok acariciarla con la nariz fría y de pronto lo había visto transformarse dolorosamente en humano. Había gritado en sus sueños. Mientras lloraba por su degeneración a la especie más vil del planeta. Sentía que lo perdía. Amaba al animal, al demonio, no quería a uno de su especie. Buscó a tientas para prender una vela y lo olió, ese olor a bosque, a tierra, a lobo... Amarok, susurró.
- Antes de que la prendas, escúchame, sin verme, soy yo...
Hasta que una noche se quedó sin gasolina en el trayecto. Hizo algo que él no esperaba. Salir caminando para regresar, sola, con la valentía del predador que sabe que puede morir. Se adentró en el bosque, protegiéndose de su propia especie. Cuando el hizo notar su presencia, ella lo admiró. El casi pierde el control cuando ella desnudó su cuerpo y ese dulce olor retumbó en su nariz.
- Amarok concédeme el honor de morir rápido y sin tanto sufrimiento.
Se ofrecía en sacrificio, lo respetaba, conocía su nombre, su verdadero demonio. La respetó por esa valentía, por mostrar el cuello y reconocer que él era más fuerte que ella. Se acercó, la olfateo y la marcó. Mía. Cuando se marchó la observó de lejos. Poco después ella se marchó de ese lugar. El la tenía presa en su olfato, sabía que no iría lejos. La encontró, sola, melancólica y en el aire encontró el rastro de alguien, que permanecía en la piel de ella, alguien que la había lastimado. Alguien igual a ella, pero ligeramente más débil. Lo encontró jugando a ser "normal", pero veía en sus ojos la ansiedad por salir a cazar. Y cuando decidió salir, él lo cazó. Lo llevó a ese claro, junto a esa cabaña de nadie. Era el regalo que él le daba a ella. Cuando la buscó y la guió hasta ahí, ella se liberó. Observó como ella terminaba el trabajo que él había empezado y aulló. Su compañera, por fin. Ella se desnudó y corrió con él.
Durante bastante tiempo fue así, juntos, corriendo, cazando, jugando, una manada los veneraba, a ambos. Era el líder de esa manada, era de ella y viceversa. Pero la hembra que anhelaba era la fiera que se escondía bajo la piel de su humana. Un día ella se fue, tenía que irse, demasiado tiempo en soledad. Aunque tenía todo, ella debía hacer vida de humana. Era mágica para él. Cuando se marchó aulló de dolor. Aunque sabía que regresaría.
Vagando en una de tantas noches, rondando la cabaña, solo para estar cerca de su olor, el fuego estaba encendido. Corrió pensando que era ella, pero al llegar se detuvo cauteloso. No era ella, olía parecido, pero no era ella. Algo más estaba ahí. Se abrió la puerta y la vio.
- Amarok, el lobo solitario, el monstruo cazador, el demonio encantado... Un gusto conocerte por fin ¿Me parezco? Sí, soy algo que tiene que ver con ella, gracias por traerla aquí. Soy ella, ella es yo, pero para ser una debes liberar la fiera que reside dormida en ella. Su especie no la consuela, su especie le aburre. Ella es parte de ti. Hazte parte de ella...
Una propuesta, una respuesta. El amaneció en el claro del bosque, al levantarse se cayó, manos, pies, piel expuesta a las inclemencias del tiempo, no aullaba, hablaba, corrió al lago, se acercó a la orilla del muelle y se observó. Recordó la cabaña, regresó veloz, pero no había nadie, cenizas en la chimenea, la reminiscencia de su olor. Recordó las palabras, el ofrecimiento. El dolor que sintió después de aceptar con la mirada. En la cabaña había un espejo, se admiró con su reflejo. Era como ella, humano. Se preguntaba como lo percibiría ella y justo en ese momento la olió en el aire. Se acercaba, el salió, se escondió en los árboles, silencioso la observó.
La manada lo encontró por el olor y algunos se pusieron desafiantes al ver al humano con el olor del líder. Se desconcertaron, pero la hembra alfa, la hermosa compañera de su antigua especie, se acercó cariñosa. Los demás confiaron y así nuevamente se coronó como Alfa de esa manada, en su forma humana.
Quería correr hacia ella, decirle quien era, pero la conocía para saber que no confiaba en su especie. Acercarse y que confiara en él sería difícil, así que la rondó, la observó. Su primer acercamiento en el muelle, le confirmó que ella no confiaba en él. Pero también se dio cuenta que adentro de ella estaba esa fiera que confiaba en el instinto animal y pugnaba por salir. La vio reptar a la superficie, por abajo de su piel, olió a la que el día anterior lo visitó. La noche que la escuchó llorar por uno de los que la amaban, quería abrazarla y besarla, había observado como el la trató. La anhelaba, cuando la vio salir, corrió en paralelo con ella, libres, grandes, pero ella se asustó, el se detuvo en la orilla del bosque y el lago. La manada aulló por que la olía. Pero él los detuvo, quería que ella averiguara quien era en realidad. La Alfa es la única que no le obedeció y entendía la razón, ella había cuidado de esa Alfa desde que nació. La encontró sola desamparada, su madre la había protegido con su vida de los cazadores. Pero ella y él cazaron a los cazadores. La veneraba como madre, como hembra Alfa de la manada.
Esa noche se decidió a entrar de lleno en su vida. A conquistarla, a amarla, a sacar la fiera en ella. Se coló en su casa. La vio dormir hasta que el fuego se apagó. Al despertar estaba sentado en un rincón, observando desde la oscuridad.
Ella se levantó y sabía que no estaba sola, había soñado a su Amarok acariciarla con la nariz fría y de pronto lo había visto transformarse dolorosamente en humano. Había gritado en sus sueños. Mientras lloraba por su degeneración a la especie más vil del planeta. Sentía que lo perdía. Amaba al animal, al demonio, no quería a uno de su especie. Buscó a tientas para prender una vela y lo olió, ese olor a bosque, a tierra, a lobo... Amarok, susurró.
- Antes de que la prendas, escúchame, sin verme, soy yo...
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Habla