1
Una vez más entro en ese dolor que le aquejaba. Era saber que nadie la leía. Dos extremos opuestos del mundo la adoraban. Pero no tenían el tiempo o las ganas de leer las pistas que ella dejaba. Ella no entendía como podían ser tan ciegos. Había hecho sendas declaraciones en unos días y ellos ignoraban lo que ella quería.
- Maldita sea, hay que estar ciegos para no entender.
Solo dos mentes la conocían; una veía toda la luz que ella irradiaba y el otro el halo de oscuridad que la rodeaba. Sí, esos son mis únicos amigos. El equilibrio de su vida. Luz y oscuridad.
Los dos amores en su vida daban esperanzas y luego las quitaban. Uno con "cambiar radicalmente tu vida", otro "ven a mi vida con tu vida". Después silencio de un lado y "un siempre no" del otro. Ambos sabían del otro. Pero ninguno hacia nada.
"Eres mi cable a tierra" decía uno. El otro "Mi Alma Gemela". Aunque a ambos los amaba, ella era ajena. Se ilusionaba, lo suficiente para que doliera. Pero abrazar la soledad era convicción y por eso la disfrutaba. Compadecía hasta la lástima a las almas débiles que pensaban que era amarga. Pero al final las entendía ¿que iban a saber de soledad si no se conocían a si mismas y mucho menos la realidad de la vida?
Siempre su fortaleza era su más grande debilidad, era fácil de dejar; "Tú eres fuerte, no me necesitas" ¿Cuánta veces escucho eso? Aún así cada una dolía de distinta manera.
- Mierda, ser fuerte es una maldición...
Letras, su vida y una lengua afilada la volvían blanco de las cacerías de brujas.
- Por favor, las brujas no quieren ser princesas, éstas son débiles y no aprenden, se dejan llevar por la vanidad, celos y necesitan de un Príncipe a su lado ¿Cuando han visto a una bruja anhelar pareja? No sean tontas. A los príncipes los crían en vacuidad. Lean un poco más de historia. La única Reina fuerte no venía de ser una princesa. Nunca se casó, se llamaba Elizabeth I. Y literalmente era una Bastarda, nada de princesa.
Hablaba para si, sacaba sus demonios y oscuridad al escribir. Dejaba ver un atisbo de luz, de humanidad. Pero detestaba la imbecilidad del mundo. Si, solo se pudiera quedar en esta cabaña en el medio del bosque, sola, tranquila, con infrecuentes visitas. Como las verdaderas brujas, con el alma vacía de banalidades humanas.
- No sigo los preceptos comunes de la sociedad. Soy fácilmente detestable, envidiable, hiriente y antes de que digas quien soy yo, yo ya lo descubrí y a todo te puedo decir que sí con una sonrisa. En cambio nadie se mira al espejo como realmente es... ¿Lo haces tú? o ¿Te gana la cobardía?
Sus tribulaciones mentales la llevaron a orilla del lago. Un lago solitario, imponente y sereno. Se sentó en la orilla del muelle. El frío mordía sus mejillas, el viento odiaba sus rizos indómitos. Pensaba en todos los males humanos, las bajezas por simplezas, los odios por tonterías, los límites de la humanidad...
- Es hermoso el lago.
Escucho decir a una voz detrás de ella. Al voltear sorprendida de lo relajada que estaba pensando que la sociedad no existía, que estaba en plena soledad. Que tuvo miedo dos segundos. Había bajado la guardia. Sintió frío recorrer su espalda. Deseaba que su Amarok apareciera. Pero hace muchos años que no venía... Instintivamente se retrajo, lo miró desde abajo, como el pueblo a las deidades y él a contraluz no se le veía la cara. Solo logró ver ese tenue brillo en sus ojos. Le recordaba algo...
- ¿Por qué estas sola?
Se quedó sorprendida, la familiaridad de la voz, la sensación de cercanía.
- Por que me gusta estar sola.
- Eres de los pocos humanos que les escucho decir eso y saber que dicen la verdad. Además hueles bien. Hueles dulce.
Se puso en cuclillas y así a contra luz parecía un animal salvaje, presto a atacar. Ella seguía tratando de averiguar quien o que era.
- No te voy a hacer nada.
- No tengo miedo
- Eso lo sé. Eres hasta peligrosa.
- No es cierto
- Tú sabes que si...
Algo no estaba bien, la olía, la conocía ¿Quién era? De pronto escucho un trueno a lo lejos, volteó al lago y una tormenta se acercaba. Cuando regresó la mirada él ya no estaba. Todo su ser le gritaba, le imploraba.
¡CORRE TRAS ÉL!
Regresó a la cabaña caminando bajo una lluvia torrencial. Helada hasta los huesos, hace mucho no estaba en esos bosques fríos. Hace mucho no iba a su refugio de soledad. Encendió el fuego y tomo un baño hirviendo. Mientras estaba en el agua pensaba en él. El demonio que apareció y desapareció. Siempre ese bosque la trajo de vuelta, los demonios o monstruos que habitaban ahí la visitaban con cautela. Ahora uno desconocido por ella lo hizo con descaro. Como si la conociera. Se estaba enfundando en una bata y tocaron a la puerta. Extrañada se acercó, se asomó a la ventana y era uno de sus amores.
- ¿Que haces aquí?
- Te vine a buscar
- ¿Para que?
- Para de preguntar tanto, estoy aquí, vine a verte, a estar contigo. Solo eso. ¿No lo puedes disfrutar?
Lo dejó entrar. Le permitió arruinar su soledad, interrumpir sus pensamientos, su sensación de libertad y terminó de arruinar la imagen que tenía de él. Lo utilizó. El no tenía problemas con eso. Se dejaba usar por ella, por supuesto eso no quitaba los ires y venires en decisiones. "Ven conmigo... No, ya no", "Te amo, pero lejos estamos mejor".
- ¿Por qué te vienes a encerrar a esta cabaña siempre?
- ¿Por qué siempre me terminas buscando cuando desaparezco?
- Ven conmigo.
- ¿Otra vez? ¿Hasta cuando? ¿Hasta que te des cuenta de que no puedes estar conmigo por que no sabes que hacer ni siquiera contigo?
Silencio... Touché.. pensó ella
- El problema es que tu no me necesitas.
- Es verdad, ni a ti ni a nadie.
- Me voy, te amo...
- Y yo a ti...
- Por cierto... Me voy a ir a vivir con alguien, pero seguimos hablando.
Vaya, la honestidad dolorosamente absoluta.
- Claro, sin problema.
- ¿No vas a decir nada?
- ¿Que digo? Ella si te necesita, yo no.
- Vine por ti y me marchó contigo... aunque no vengas conmigo. Siempre va a ser así.
Cuando se marchó, se derrumbó en lágrimas. La maldición de ser fuerte. Como lo amaba, pero esa inconsistencia en él hacia ella, le había arruinado las expectativas. No lloraba de desamor, lloraba por que ya sabía que esto sucedería. Esa noche sin lluvia, sin luna, corrió. Desnuda, por el bosque, sola. Iría hasta el lago. Tal vez se atrevería a nadar en el agua helada para calmar el dolor. Corriendo veía el lago a lo lejos, entre árboles. Cuando notó algo corriendo a su lado. Amarok pensó. Pero al fijarse bien, era un hombre, grande, corriendo en paralelo, en la misma dirección. Tuvo miedo y aumentó su velocidad, pensó en llegar al lago y nadar, hasta otra orilla, tal vez regresar al bosque que conocía bien, tal vez tenderle una trampa, tal vez cazarlo ¿Por que no? hace mucho no hacía nada "raro". Pero el imponía algo que ella no entendía y siguió hasta el lago, con miedo pero con la fortaleza de seguir corriendo. Cuando llegó al lago y siguió hasta el final del pequeño muelle. Se detuvo, volteó. La noche era oscura. Pero lo veía. Junto a un árbol, recargado observándola. Escuchó a los lobos aullar y pensó que todo iba a estar mejor. Ellos vendrían, con ella. Pero para su sorpresa se instalaron junto a él. La hembra alfa se sentó junto a él. Observándola a ella. De pronto, el corrió y atrás de él la manada. Excepto la Alfa... La observaba, ella la vio adoraba a esa Alfa, fuerte, hermosa, salvaje, una dama. Alzó la mano y le dijo Ve, yo estoy bien.
Ahora estaba sola, Amarok no estaba, la manada seguía a ese extraño que no se sentía como un extraño. Ahora cazar sin tener mayor factor de miedo, sería tal vez interesante.
Extrañamente, al día siguiente llegó a su puerta el otro amor.
- Hola amor ¿Como estás preciosa?
- ¿Que haces acá? ¿Tu familia?
- Ay mi vida, de vacaciones y como desapareciste sabía que te iba a encontrar acá. Estoy solo, por unas semanas.
- Bueno pues acá mucho no te quedas eh.
- No, igual tengo trabajo y cosas que hacer.
- Ah, vaya.
- No te pongas así preciosita, mejor vamos a disfrutarnos como tu y yo sabemos hacerlo.
Sí, el tenía razón, el era claro con ella. La noche como cualquier noche con él, era placentera. Pero no toleró la despedida.
- Ya pronto vamos a estar juntos siempre. Aunque ya lo estamos, sin estar físicamente juntos.
- Si pero basta de estarme diciendo eso. No lo creo hasta que no lo vea. Santo Tomás ¿Recuerdas?
- Ayy preciosita ¿te vas poner conmigo así? Mejor dame un abrazo de despedida.
Después del cálido abrazo que siempre tenía para ella. Ella estaba tranquila, siempre dos personas tan distintas pero tan afines a ella.
- ¿Cuánto vas a estar aquí?
- No se
- Por siempre... Ya te vi brujita linda. Acá te vas a quedar a vivir, tienes todo. Puedes seguir escribiendo desde aquí. Yo te podré visitar seguido.
- Otra vez promesas no...
- Ya sé, te ilusionas y termino haciéndote doler. Ya te vino a ver el otro, n'est pas ma chérie?
- Oui...
- Bon... Yo te conozco mejor.
Eso era cierto, con menos, él la intuía más.... Sola, al fin. Todo su ruido, sus cosas, su mente, se apaciguó, apreció el silencio del lugar. El sol, el pasto verde, las flores. El olor al lago demasiado cerca, el frío que detestaba. Antes de entrar y envolverse entre las mantas y dormir hasta el anochecer, observó con detenimiento alrededor. Alguien la observaba y ella lo sabía, lo sentía. Recorrió cada sombra, entre los árboles, su casa estaba en un claro. Salió y dio una vuelta alrededor de la casa. Buscando alguna pista de que alguien hubiera rondado. Su huerta, sus hierbas, su jardín intacto. Nada. Entró a su casa y prendió el fuego... No tardó en comenzar a llover y entre el arrullo del calor y la lluvia, escucho los aullidos, que formaron parte de la canción de cuna.
Alguien observaba su casa, su caminata alrededor, la olió en el aire, la saboreo, la anhelaba. Desde el primer día que la descubrió en el aire, desde ese día la quería, para él. Como era realmente ella. Como él la intuía. Como era él. Una fiera salvaje...
¡CORRE TRAS ÉL!
Regresó a la cabaña caminando bajo una lluvia torrencial. Helada hasta los huesos, hace mucho no estaba en esos bosques fríos. Hace mucho no iba a su refugio de soledad. Encendió el fuego y tomo un baño hirviendo. Mientras estaba en el agua pensaba en él. El demonio que apareció y desapareció. Siempre ese bosque la trajo de vuelta, los demonios o monstruos que habitaban ahí la visitaban con cautela. Ahora uno desconocido por ella lo hizo con descaro. Como si la conociera. Se estaba enfundando en una bata y tocaron a la puerta. Extrañada se acercó, se asomó a la ventana y era uno de sus amores.
- ¿Que haces aquí?
- Te vine a buscar
- ¿Para que?
- Para de preguntar tanto, estoy aquí, vine a verte, a estar contigo. Solo eso. ¿No lo puedes disfrutar?
Lo dejó entrar. Le permitió arruinar su soledad, interrumpir sus pensamientos, su sensación de libertad y terminó de arruinar la imagen que tenía de él. Lo utilizó. El no tenía problemas con eso. Se dejaba usar por ella, por supuesto eso no quitaba los ires y venires en decisiones. "Ven conmigo... No, ya no", "Te amo, pero lejos estamos mejor".
- ¿Por qué te vienes a encerrar a esta cabaña siempre?
- ¿Por qué siempre me terminas buscando cuando desaparezco?
- Ven conmigo.
- ¿Otra vez? ¿Hasta cuando? ¿Hasta que te des cuenta de que no puedes estar conmigo por que no sabes que hacer ni siquiera contigo?
Silencio... Touché.. pensó ella
- El problema es que tu no me necesitas.
- Es verdad, ni a ti ni a nadie.
- Me voy, te amo...
- Y yo a ti...
- Por cierto... Me voy a ir a vivir con alguien, pero seguimos hablando.
Vaya, la honestidad dolorosamente absoluta.
- Claro, sin problema.
- ¿No vas a decir nada?
- ¿Que digo? Ella si te necesita, yo no.
- Vine por ti y me marchó contigo... aunque no vengas conmigo. Siempre va a ser así.
Cuando se marchó, se derrumbó en lágrimas. La maldición de ser fuerte. Como lo amaba, pero esa inconsistencia en él hacia ella, le había arruinado las expectativas. No lloraba de desamor, lloraba por que ya sabía que esto sucedería. Esa noche sin lluvia, sin luna, corrió. Desnuda, por el bosque, sola. Iría hasta el lago. Tal vez se atrevería a nadar en el agua helada para calmar el dolor. Corriendo veía el lago a lo lejos, entre árboles. Cuando notó algo corriendo a su lado. Amarok pensó. Pero al fijarse bien, era un hombre, grande, corriendo en paralelo, en la misma dirección. Tuvo miedo y aumentó su velocidad, pensó en llegar al lago y nadar, hasta otra orilla, tal vez regresar al bosque que conocía bien, tal vez tenderle una trampa, tal vez cazarlo ¿Por que no? hace mucho no hacía nada "raro". Pero el imponía algo que ella no entendía y siguió hasta el lago, con miedo pero con la fortaleza de seguir corriendo. Cuando llegó al lago y siguió hasta el final del pequeño muelle. Se detuvo, volteó. La noche era oscura. Pero lo veía. Junto a un árbol, recargado observándola. Escuchó a los lobos aullar y pensó que todo iba a estar mejor. Ellos vendrían, con ella. Pero para su sorpresa se instalaron junto a él. La hembra alfa se sentó junto a él. Observándola a ella. De pronto, el corrió y atrás de él la manada. Excepto la Alfa... La observaba, ella la vio adoraba a esa Alfa, fuerte, hermosa, salvaje, una dama. Alzó la mano y le dijo Ve, yo estoy bien.
Ahora estaba sola, Amarok no estaba, la manada seguía a ese extraño que no se sentía como un extraño. Ahora cazar sin tener mayor factor de miedo, sería tal vez interesante.
Extrañamente, al día siguiente llegó a su puerta el otro amor.
- Hola amor ¿Como estás preciosa?
- ¿Que haces acá? ¿Tu familia?
- Ay mi vida, de vacaciones y como desapareciste sabía que te iba a encontrar acá. Estoy solo, por unas semanas.
- Bueno pues acá mucho no te quedas eh.
- No, igual tengo trabajo y cosas que hacer.
- Ah, vaya.
- No te pongas así preciosita, mejor vamos a disfrutarnos como tu y yo sabemos hacerlo.
Sí, el tenía razón, el era claro con ella. La noche como cualquier noche con él, era placentera. Pero no toleró la despedida.
- Ya pronto vamos a estar juntos siempre. Aunque ya lo estamos, sin estar físicamente juntos.
- Si pero basta de estarme diciendo eso. No lo creo hasta que no lo vea. Santo Tomás ¿Recuerdas?
- Ayy preciosita ¿te vas poner conmigo así? Mejor dame un abrazo de despedida.
Después del cálido abrazo que siempre tenía para ella. Ella estaba tranquila, siempre dos personas tan distintas pero tan afines a ella.
- ¿Cuánto vas a estar aquí?
- No se
- Por siempre... Ya te vi brujita linda. Acá te vas a quedar a vivir, tienes todo. Puedes seguir escribiendo desde aquí. Yo te podré visitar seguido.
- Otra vez promesas no...
- Ya sé, te ilusionas y termino haciéndote doler. Ya te vino a ver el otro, n'est pas ma chérie?
- Oui...
- Bon... Yo te conozco mejor.
Eso era cierto, con menos, él la intuía más.... Sola, al fin. Todo su ruido, sus cosas, su mente, se apaciguó, apreció el silencio del lugar. El sol, el pasto verde, las flores. El olor al lago demasiado cerca, el frío que detestaba. Antes de entrar y envolverse entre las mantas y dormir hasta el anochecer, observó con detenimiento alrededor. Alguien la observaba y ella lo sabía, lo sentía. Recorrió cada sombra, entre los árboles, su casa estaba en un claro. Salió y dio una vuelta alrededor de la casa. Buscando alguna pista de que alguien hubiera rondado. Su huerta, sus hierbas, su jardín intacto. Nada. Entró a su casa y prendió el fuego... No tardó en comenzar a llover y entre el arrullo del calor y la lluvia, escucho los aullidos, que formaron parte de la canción de cuna.
Alguien observaba su casa, su caminata alrededor, la olió en el aire, la saboreo, la anhelaba. Desde el primer día que la descubrió en el aire, desde ese día la quería, para él. Como era realmente ella. Como él la intuía. Como era él. Una fiera salvaje...
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