Desorientado caminaba bajo la lluvia, castañeaba los dientes. Encontró sentido en las calles en unos minutos, y llegó a su piso. Extrañamente vigilancia no lo saludo. En casa se despojó de la ropa, y se dio una ducha. Dejó correr el agua caliente sobre su cuerpo y vio como esta se teñía de rojo. Sorprendido busco de donde salía esa sangre y al tocarse la cabeza encontró una herida y los dedos manchados le confirmaron que el golpe era fuerte. Se sintió mareado por unos segundos pero logró contener el vértigo y terminó la ducha. Sintiéndose limpio y fresco, se vistió decidido a ir al hospital más cercano y que lo revisaran. Seguía sin recordar de donde venía, pero su aliento le indicaba que seguro venía de copas ¿Con ella? Pensaba... Lo dudaba, ella no quería saber nada de él desde hace meses. Lo había dejado, lo había cambiado por una mejora en su vida ¡Vaya! Mejorar su vida... Todo le daba, se entregó en cuerpo y alma, con devoción se tiró a sus pies y la muy perra... Un dolor de cabeza lo hace cerrar los ojos y acallar los pensamientos. Tenía que ir al doctor. Tenía que hacerse revisar antes de caer dormido y tal vez nunca despertar. Se acercó al baño y revisó los bolsillos del pantalón notando que este estaba manchado de sangre ¡Que buen golpe me he dado! Debe ser que me resbalé corriendo en la lluvia ¿Corría? ¿De qué? ¿Huía? ¿De quién? ¿Me desmayé? Tomó la cartera. La lluvia seguía, así que tomó un paraguas y su gabardina. Caminó tranquilo y no encontró taxis. Decidió seguir andando, el hospital no quedaba muy lejos. Entró en emergencias, nadie lo atendía, había más casos mortales que el suyo. Decidido a esperar deambulaba por la sala. De pronto vio una mano colgando de una camilla y le pareció extraño sentirse atraído a ver esa mano, con un anillo de compromiso. Caminó impresionado de las dudas que surgían en su cabeza y el dolor cada vez más intolerante. Cuando vio el rostro macilento de la mujer en la camilla, trastabilló hacia atrás cayendo al suelo sentado. Todos lo veían. El hombre al lado de la mujer comenzó a gritar. FUE ÉL, FUE ÉL, FUE ÉL...
Era ella, ella. Lo había dejado por una vida mejor. Cerró los ojos y se tapó los oídos y todo fue claro otra vez. La había esperado escondido entre los autos del estacionamiento, tenía que hablar con ella una última vez, no la acosaba, no, solo la amaba, la detuvo y ella estaba asustada de verle. Le recordó la orden de restricción que tenía, le recordó que ya no lo quería, le recordó... ¡QUE SE CASABA!... Le mostró el anillo y eso hizo hervir su sangre. Sacó su propio anillo y le pidió matrimonio a dos rodillas, implorando, rogando, ella se negó, gritaba, se levantó y le tapó la boca. Saco de su saco uno de los bisturíes que se había llevado del trabajo, y sin pensarlo demasiado lo hundió fácilmente en la carne de su vientre. Hizo un tajo de izquierda a derecha y miró sus ojos sorprendidos. Observó como los cerraba y la sangre caliente mojaba su ropa, sus manos. Miró hacia abajo y observo los intestinos y escucho el grito... ¿¿¿QUÉ LE HAS HECHO DESQUICIADO???... Volteó para darse cuenta de que era él, su supuesto amigo, el mismo que le gritaba en estos momentos en la sala de emergencia, que comenzó a llenarse con el barullo de policías y manos que lo agarraban.
La lluvia siempre le recordó a ella y su frescura al besar, su cuerpo desnudo y las noches de vino tinto...
Y ese dolor tan fuerte, que su cabeza parecía a punto de estallar...
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