Estas ganas de estar solo contigo, no se apaciguan con el café que bebo.
Estas ganas que dejas de no estar con cualquiera se palpan en la lengua.
Estas ganas que dejas de no querer estar con otro se salen desde dentro y desdeñan sonrisas.
Estas ganas de ti me vuelven altanera, soberbia, más irónica y sincera.
Son las ganas de solo estar en tus brazos.
Las ganas de ser dueña de tus besos y tremperas.
Ser la que provoca tus mejores sonrisas, además de la humedad en tu entrepierna.
Son las ganas de escribir dulce y sincero mientras pienso en los dientes que me marcan como tuya.
Son las ganas que se vuelven deseo y de pronto anhelo.
El deseo que provoca por tener tu boca recorriendo mi cuerpo.
El deseo que se traduce en tocarme pensando que son tus manos.
Ese deseo de tener tu mirada en mis ojos mientras llega el orgasmo.
Y es solo contigo, y a ti el que deseo, con las sonrisas que tenemos con sarcasmos incluídos. Que son el pretexto perfecto para pedirnos disculpas a besos y mordidas.
Terminar cayendo en abrazos, que no toleran estar sin besos.
Y sí, te gusta ser rudo y el dolor que provocas es delicioso, aunque termines diciendo que soy deliciosa, es solo contigo.
Lo exquisito es que todo esto es un poco mas que sexo.
Es hablarnos en cualquier momento y bajo cualquier pretexto.
Es tenernos paciencia, tiempo, ganas y anhelo.
Es el cariño de tenernos escribiendo hasta vernos.
Es que cada encuentro sea como si fuera el primero y luego evoluciona a ser como una presencia de todos los días.
Mis sutiles negativas hacia cualquiera no son falta de cortesía, simplemente me dejo llevar por estas ganas de serte exclusiva.
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