"Bésame", me dijo.
Yo lo besé con dulzura, amor y soltura.
Yo lo besé con dolor, ardor y amargura.
Mordí su boca hasta sangrarle los labios y escaldarle la lengua, hasta que mi sabor nunca se fuera de sus papilas gustativas, hasta que me reconociera en la boca de otra que besaría solo para que no me olvidara. Lo besé con la fuerza de mi alma infinita. Lo besé hasta hartarlo de mi boca.
"Déjame", me dijo.
Yo lo dejé como se dejan los trastes sucios.
Yo lo dejé con dolor, ardor y amargura.
Lo dejé atrás con sus rencores y sus dudas. Lo dejé con esa vida llena de tatuajes que grabaron su odio. Lo dejé recordándolo todos los días. Como se recuerda la risa, el sol y el amor. Lo dejé tanto que me recuerda todos los días.
"Regresa", me dijo.
Y yo regresé a los pies de su cama, con la mano en la cintura, mirando como se desangra con los pasajes bíblicos de su vida. Regresé a verlo sin haber cambiado sus ataduras. Regresé a ver las anclas de sus sentimientos, donde el amor lo defraudó nuevamente y la vida lo hizo llenarse de más rencores. Regresé para descubrirlo.
Besarte y Dejarte fue la mejor parte de mi vida.
Regresar fue trastornador.
Ahora...
Bésame, Déjame y no regreses.
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