martes, 9 de septiembre de 2025

Regreso

Recuerdo que a un año de tu partida sucedió tan anhelado regreso que llenó de dolor, que puso alerta los sentidos, que dio alegría y desazón. Al mismo tiempo sonreía y lloraba, confundiendo al corazón.
Repasé palabras, y reformé mi postura ante esa nueva situación. Había avanzado un año sin ti y de alguna manera contigo.
Me exasperaba sentirme con tan poca dignidad, por haberme acercado nuevamente a ti, sin reparar el daño que me podía causar la cercanía en si.
Sentía tan ligero tu andar, como si yo me hundiera en un inframundo y tu levitaras para el cielo alcanzar. 
Me sentía pesada de alma, cuerpo y corazón; y no sabía si era el lastre que aún cargaba de nuestro amor.
Llegaste y sentía calor, lleno de miedo y hasta un grado de rencor. ¿Qué acaso no estabas tan mal como yo? ¿O es que para ti no era la misma situación? Exacto, rencor sin razón.
¿Era esa etapa del duelo donde se vertía el odio, rencor y frustración? ¿O solo era yo que pedía muy en el fondo de mi corazón que regresaras a continuar lo que se formó? Allí estaba, luchando por no salir a tu encuentro, por mantener frío mi cuerpo, por no desgarrar mi corazón. 
Escribí esto no como un reclamo, anhelo o petición, solo era expresar lo que sentía ese día.

Hoy, a 4 años de tu partida, vislumbro que soy feliz con tu ausencia. Me aferraba a la idea de vivir en lo normal y no estoy hecha de material común. Soy esa fuerza que no se contiene en un jarrón de cristal, o en la ánfora perfecta del matrimonio de esta sociedad. Soy la católica rebelde que te envenena si así se requiere, cava tu fosa y la llena de flores; la procura y hasta exhibe con orgullo las hermosas rosas que han crecido gracias al alimento de tu descomposición. 
Ahora entiendo que debe haber algo de pesar en este silencio que te comparto y respetas la distancia y no pretendes intimar. Se que notas la frialdad que antes era risa y calor; y no te animas a remediar esa situación. Sé que me das por perdida, cada que lees que escribo en otro tono distinto al que use alguna vez contigo. Sin embargo y a pesar de todo esto; sabes que no te olvido. Porque has sido el último bastión de una vida que pretendí llevar en una ilusión.

Ahora soy libre, vuelo y caigo en brazos de quien yo así lo quiera. Me enamoro y entrego el corazón, mi alma y mi profundo amor, solo a aquellos que logran verme tal cual soy. 

Así que concluyo que doy lealtad y un lugar en mi. Y no olvido que es muy fácil soltar a cualquiera que de por sentado todo lo que soy y doy.

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