miércoles, 28 de mayo de 2014

Más allá

Sentado a la orilla de su cama, la observo. Toco sus tibios pies y ella los retrae ante mi tacto frío. Me siento más cerca y toco su cadera. Ella se encoge ante el tacto. Comienza a temblar y se que esta por despertar. Sonrío y me levanto. Me pongo en el marco de la puerta y le lanzo un beso. Despierta, se incorpora. Mira hacia la puerta en el momento en que me retiro. Escucho su llanto. Me congela, me mata, sufro al escucharla y no puedo hacer nada para consolarla. Mis abrazos son helados y ella necesita calor. Mis besos son de muerte y ella necesita vida. Mis sonrisas causan lágrimas y ella necesita alegría. 

La sigo en la calle y la observo solitaria, menguante, oscura. Me alejo para que no se detenga ante la mirada cálida de algún extraño. Empujo candidatos que escojo por sus lecturas. Elijo uno que le gustan los mismos libros que a ella. Tropiezan, los libros caen y casualmente es el mismo título. Se miran, sonrién y comienza la interacción.

- ¿Ahora como sabemos cuál es el de cada uno?
- Los míos tienen anotaciones, bueno un punto en alguna frase que me gusta.
- ¡Que original! Si algún día llego a encontrar un libro con esas marcas sabré de quien son.
- Lo dudo, cuido a los libros como hijos porque

"Los libros no se prestan"

Se ríen juntos al decir lo mismo, al mismo tiempo. Me alegro y en la emoción tiro unos panfletos. Ella voltea y me intuye. Me disgusto conmigo mismo y se enfría todo de pronto. Ella regresa la vista a mi candidato. Su mirada se ha enfriado. Mi nena hermosa lo lamento tanto. El se da cuenta del cambio y se despide no sin antes regalarle una sonrisa que la suaviza un poco.

Caminando sola nuevamente, cuando no hay nadie cerca me dice.

- Sé que estás cerca, sé que te preocupas, pero si no entendiste en tu funeral, te lo repito. No voy a volver a sufrir por nadie más, contigo he tenido más que suficiente.

Cuando llegamos a casa la abrazo y ella comienza una vez más a llorar. Tiro un jarrón de flores de colores. La impotencia me destruye. No quiero dejarla pero eso le hace mal. 

Pasa el tiempo y nada cambia. Desisto de los intentos de acercarla a alguien. Solitaria y de mirada altiva, esquiva con su armadura de frialdad a la más cándida sonrisa. Y he ahí que aparece mi héroe de hace unos meses. Se sienta en la mesa contigua y yo finjo ausencia. Ella leyendo, él con un libro en la mano. Ella poniendo sus puntos en las frases y él observándola. Sonríe y le dice:

- Lo dicho, la idea de los puntos me parece bastante original. Te pediría un libro prestado solo para hojear las frases que más te han interesado.

Ella lo mira con el escudo de su gafas. Él le sonríe de manera segura y sincera. Ella duda, mucho, tiene miedo, siempre el miedo. Y decide ser valiente.

- Sí, pero te lo prestaría solo para eso, hojearlo. 

Y aparece una sonrisa. Me emociona ver esa sonrisa. Es tan dulce cuando lo hace, es despojarse de la armadura un rato. Es ser libre, es volar con el temor de las alas recuperadas después de destrozarlas. "There is someone in the wing", diría ella. 

Todo comienza a fluir rapidamente. Porque como ella dice "A cierta edad, hacerse del rogar es perder el tiempo". Cada que se ven no hay respiro, no hay alivio, es querer estar. Se contienen, se retienen. Pero ella es siempre demasiado para los que tienen miedo. Demasiado de algo que te hace bien da ansiedad. Es caer en esa espiral de confusión pensando que uno nunca va a poder dar tanto como ella. Pero si quitas el miedo, ves con claridad. A ella le gusta dar toda su dulzura, y se conforma con la mitad de vuelta. Exige solo honestidad. Lo observo y me doy cuenta de su angustía. Trato de acercarme a él y no escucha. Mucha inseguridad. 

Y lo inevitable sucede. Él se va. Ella llora por tener esa capacidad que la enaltece y ennoblece más que a cualquiera, de creer una vez más. 

La trato de consolar y ella solo grita:

- No debiste haberme dejado continuar, te lo dije "Nunca más". 

Ese poema que tanto le gusta desde que me fui en contra de su voluntad, de la mía. Tocán a la puerta y es Ella.

- Vaya, parece que no te quedan más ganas de estar.
- No, ya no.
- Hija mía. Pídemelo.
- Lo sigo dudando.
- Lo podrás ver, y yo necesito ayuda. Ya me cansé.
- No sé, tengo miedo.
- Vamos, puede ser placentero. Piénsalo... Otra vez.

Trato de decirle que no la acepte. Es ella, y su trabajo es duro, frío y aunque sea su hija, ella es dulce, dadivosa. Ella me mira y me llama con un dedo.

- Tú casi no tienes más tiempo en este lugar. Te he dejado intentar que ella sea lo que fue contigo y mira. Los hombres siguen siendo hombres y ella no deja de creer. La humanidad la pierde un poco más con cada miseria que ve, que lee. No es el amor nada más, es la humanidad. Pronto tendré mucho trabajo y necesito ayuda que sea eficiente. Que convenza a todos de marcharse en paz.

Yo sé que me queda poco tiempo y trato de buscar la manera de que ella rechace la oferta. Hasta dejo huellas en casa de él. Pero él solo cree en lo que puede ver, palpar.

Trato de hablar con ella en su sueño, pero no acepta escucharme más. La amo y el trabajo que esta por aceptar es horrible y se que solo lo hace por verme una hora. Una hora que vamos a ser reales el uno para el otro y después, la eternidad.

28 de mayo de 2014. 6:50 am. Ella llega. Esa mujer hermosa que amo abre. Decidida y solo dice Sí, acepto. El dolor que siento es indescriptible y eso que carezco de cuerpo. Ella sonríe y le dice.

- Perfecto, pero a las 7:00 am en punto se hará todo.

Diez minutos que parecen una eternidad. Todo en ordén, todo arreglado, todo dispuesto para partir. La hora llega y comenzamos a existir en el mismo plano. Me alegro pero me duele tanto. Ella nos mira. 

- Tienen una hora, después de eso tú - señalándome - te irás a donde corresponde y tú - señalándola - vendrás conmigo.

De 7 a 8 nada más y después "Nunca más". Nos tiramos en brazos del otro sin respiro, entre besos, sonrisas, risas y lágrimas. Decidí no decirle nada de lo que había hecho y solo me dedique a amarla por última vez. Una hora que me dedique a decirle que la iba a extrañar y que cuando todo acabara la estaría esperando. "Solo con esa promesa cualquier trabajo será placentero" me decía. 

A las 8:00 am ella nos dice que el tiempo (tan relativo) ha terminado y beso sus ojos que comienzan a llorar. Y toco su nariz y su cara y la abrazo. Solo para inundarme de su olor, su piel, su calor. No olvidarla jamás. No encontraría peor castigo que perderla por completo, hasta de mi memoria.

Comienzo a alejarme, hacie ese lugar que no conozco, que me da miedo porque ella no esta. Solo me consuelo pensando:

"Vamos ¿cuanto tiempo se puede llevar esta pandemia en acabar con la humanidad? Apenas son 7 mil millones de personas. Esas dos se pueden arreglar muy bien dirigiendo a ese ejercito de Carontes que tienen."

- Una pregunta.
- Dime mi niña.
- Entiendo el día pero ¿Porqué a las 7:00 am?
- Porque a esa hora decidí no llevarte al más allá y adoptarte como mía. En este día, a esa hora naciste.







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