viernes, 1 de noviembre de 2013

Fuego


Sentía el fuego lamer su cara, comenzaba a oler su cabello quemarse. El aire agotándose, respiraba el fuego. Sus pulmones quemaban. Por fin se decidió a correr. Se alejó de ese infierno. En el puño llevaba el encendedor que adoraba. Cuando había corrido lo suficiente y su piernas no aguantaban más. Volteó hacia atrás, la oscuridad la rodeaba y comenzó a escuchar las sirenas a lo lejos. El fuego era grande, sus lenguas lamían el cielo y el humo espesaba el cielo. Casi amanecía. Incendiar una casa era siempre impresionante. Veía el fuego crecer y sentía un extraño placer. La pasión con la que su pecho latía al ver ese espectáculo la hacía sentirse grande, imponente. Sabía lo que era sentir ese fuego. Su espalda se lo recordaba todos los días.

Regresó a casa, silenciosa. Al acostarse en la cama, comenzaba a relajarse.

- Hueles a fuego
- ¿A fuego?
- Sí, como a madera.
- Ahh debe ser la chimenea de la casa, me acerqué demasiado.
- Ten cuidado, no quiero que te pase nada.
- No mi amor.

Silencio. Su lagrimas rodaban. Él ya no estaba, ni estaría, era simple ceniza y no se anima a dejarlas en donde él deseaba estar.


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