Como dice la canción "todo arde si le aplicas la chispa adecuada", hasta tú. Puedes, si alguien logra encontrar la mecha que te puede hacer explotar. He visto tus incendios, tus fuegos, tu inequivoca firma. Te he visto merodear personas, te he visto destruir vidas. He observado como dejas que el fuego te rodeé, como lo dejas lamer casi tu piel, cierras los ojos y respiras tranquila, tu cabello flotando y tus puños cada vez más apretados. De pronto... Corres, huyes y dejas las flamas, te enfrias y luego hundes tu cara en la almohada, llorando y vuelves a la frialdad que te caracteriza. Nadie se acerca entonces nadie hace daño. Así quejarse es más fácil. No hay nadie que te sostenga, entonces es más fácil quedarte tirada el tiempo que quieras. Sola, te gusta la soledad. Tanto que alguien se acerca y después de dos o tres salidas te sientes invadida. Entonces comienza el frío de tu piel. Y se alejan. El día que me acerque lo suficiente voy a provocar un incendio en tu piel y arderas en mis manos. Entre la delicia del tacto experto y mi lengua reconociendo el sabor de tu esencia. Eres bella, un reto. El infierno te espera. Lo prometo.
El miraba ansioso a la pirómana con el encendedor en la mano y deseaba lamer las cicatrices que cubrían esa espalda. Ese fuego protegido por ese bloque de hielo que tenía por mente. Paciencia era su mejor arma, contra un alma atormentada. Pronto la atraparía en uno de sus fuegos y desataría el verdadero infierno en la tierra. El mundo ardería a sus pies.
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