miércoles, 30 de octubre de 2013

Arder

El aeropuerto era cómplice de muchas mentiras y algo que amaba era ver arder a las personas en el momento de partir. Acudía, se sentaba en un bar cercano a la salida de internacionales, casi al lado del baño y observaba. Conocía cada rincón para tener momentos efímeros de placer. Sonreía al recordar esa época de tener a alguien a sus pies, muriendo de amor por ella. De pronto encontró lo que buscaba. Una pareja, casi perfecta, pero se notaban ciertos indicios discretos del mal que les aquejaba. No se puede negar que cuando alguien es casado por muchos años adquiere cierta apariencia que lo distingue del común soltero. Paseo su vista de él a ella y entendió quien era la parte podrida de la relación. Ella. 

Se sentaron en el bar a esperar y ella se levantó al baño, discreta la siguió. No le causó sorpresa ver que se desviaba al estacionamiento, subirse a un auto estacionado y disfrutó la escena de sexo clandestino. Los besos salvajes, las manos tocando sin desvestir. Ver la cabeza de ella desaparecer y verlo a él echar la cabeza hacia atrás. Después ver como la tomaba con fuerza, conseguir un orgasmo en unos cuantos minutos. Su cámara de segunda mano de fotos instantáneas la adoraba. Sobre todo por que no tenía flash y ellos estaban tan distraídos que no se se percataron de ella. Fotos, amaba las fotos. Regresó antes que ella, obvio, la señora pasó al baño a "polvearse la nariz". Sin decir nada dejó las fotos sobre la mesa de la pareja. Salió rápido sin darle tiempo de detenerla. Lo observó todo mientras acariciaba su encendedor.

Vio arder el mundo de esa pareja. Que belleza de opera. La cara de ella al ver las fotos, el manoteo de él. Disfrutaba eso, abrirles los ojos a su triste realidad. Vio que ella gritaba, luego lloraba y finalmente, él la dejaba. Se acercó caminando y fingió chocar con ella y la miró a los ojos. Vio el fuego de quien pierde todo en un segundo. Amaba eso. Las consecuencias de sus actos. 

Cada día un fogata encendida.




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