- Buen día.
Escuchas una voz suave y dulce que te habla. Estas tirado en el piso, no enfocas correctamente y una especie de luz no te deja ver bien. Distingues a contra luz una silueta. Mujer, estas seguro. No respondes, tienes miedo.
- El miedo no ayuda, entorpece algo que es muy sencillo.
Te preguntas si se nota tu miedo, piensas pero no recuerdas que hacer y donde estás. Te sientas pareciera que no puedes hacer más.
- Ahora quiero que se calme y no piense demasiado. Tomaré su mano y debe guardar silencio.
Se pone en cuclillas y toma tu mano. Sientes un frío que cala. Miras su mano y atrapa la tuya con las dos. Tratas de retirarla; ahora quema. No puedes zafar y abres la boca para gritar.
- Por favor Señor, no grite. Esto solo durará un momento. Necesito la información que usted contiene, para saber como proceder.
Cierras la boca, aprietas los dientes y los parpados se cierran dolorosamente sobre tus ojos. Ese fuego recorre tu cuerpo y duele. Aguantas, estoico.
- Gracias. Tengo lo necesario para proceder. Le pido paciencia ya que lo que voy a explicar requiere de que usted este tranquilo.
Le miras la boca. No entiendes como es que habla o la escuchas sin que ella articule las palabras. Asientes con la cabeza, ella toma tu mano nuevamente y la otra la apoya contra tu corazón.
- Usted ha muerto, le pido deje las preguntas al final.
¿Muerto? ¿Cómo? ¿Dónde? ¿Quien es ella? ¿Porqué? Cuando comienzas a pensar un grito pugna por salir de tu cuerpo. Y un dedo se posa en tus labios.
- No grite, ni se pierda en histeria, por favor.
Histeria... Muerto... No pensar...
- Muy bien, ahora, como decía. Usted ha muerto. Tiene que aceptarlo, ya que su información indica que no tiene opción de retornar. Mi trabajo consiste en que una vez aceptado el hecho, lo lleve a la siguiente decisión de su vida... Sí, si me ve es porque esto sigue sin su cuerpo. La siguiente decisión define solamente el camino a seguir, nada tiene que ver conmigo.
¿Ha entendido?
Asientes con la cabeza y de pronto recuperas el habla.
- Sí.
- Muy bien. Continuemos. Camine conmigo y le advierto, no debe huir o soltar mi mano. Puede perderse y nadie lo va a buscar. Ya debe hacerse responsable de la consecuencia de sus actos.
- Entendí... ¿Cómo morí?
- En cuanto comencemos el recorrido usted verá los momentos más trascendentes en su vida, incluyendo su muerte.
- De acuerdo
- ¿Otra pregunta?
- ¿Me puede abrazar por favor?
Miras su sorpresa, su duda. Como si fuera la primera ocasión que alguien le pide eso. Te mira profundo y aunque sus ojos son negros ves algo en ellos. Un brillo, un sentimiento y sin decir nada te abraza. Y tú, te dejas abrazar y suspiras primero. Hueles después, hundido en su cuello. Respiras olores... Tierra, sol, pasto recién cortado, lluvia, dolor, tristeza, sal, humedad... muerte. Comienzas a sollozar, primero suave, después más fuerte y finalmente te derrumbas ante tanto dolor. Es el dolor de ella. El que ha visto y el que alguna vez vivió. Lloras por ella, con ella.
- Señor, es mi trabajo. Lo acepté. Gracias por sus lágrimas, yo no tengo, me las quitaron.
- Quisiera ayudarla.
- No puede.
- Quedarme a hacerle compañía.
- No debe.
- ¿Podré verla nuevamente?
- Señor estamos solo para la transición de su vida. No sé como responder a eso.
- De acuerdo.
Secas tus lágrimas y sigues tomado de su mano. El camino comienza y solo quieres llegar al final. Quieres pedir que te permitan quedarte a su lado. Con ella.
- Me siento en paz a su lado...
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