jueves, 16 de enero de 2014

El viejo

El viejo piso tierra un diciembre, tenía apenas 48 años y el ímpetu de empezar un aventura más en un país distinto. Como venía haciendo desde hace más de 10 años. Casado desde hace poco más de 25 años, con dos hijas que formaban parte de ese matrimonio. Su vida errante de país en país era sin llevar bagaje, solo equipaje, solo. Era y siempre sería el proveedor ideal, el padre a distancia, el marido de vacaciones y el amante de ocasión. No mentía al respecto y mucho menos hacía promesas que no cumplía. Era un hombre de palabra, honesto y leal hasta la muerte, incluso moriría antes de ser desleal. Aunque morir implicara caminar con el corazón en la mano y un
"hubiera" en la comisura de su boca por el resto de su vida. 
Sin embargo esa libertad le ofrecía que a cada lugar que iba, terminaba conociendo una gran mujer que le hacía compañía, durante los meses o tal vez años en los que discurría su estadía.

Hospedado en un hotel de lujo por algunos meses descubría un país que anhelaba conocer y recorrer. Su trabajo era, como siempre, arreglar lo que estaba casi perdido. A eso se dedicaba. Y en ese lugar no sabía que pronto iba a arreglar una vida y de paso encontrar al amor de su vida.

Comenzó por darse cuenta de que las jerarquías eran tan importantes en ese lugar que causó conmoción con sus modos cómodos de tratar al Rey de "Che" y sus subordinados de "comamos juntos". Sus pares Duques, lo llevaban a lugares selectos. Donde lo más importante de la hora de la comida era cuantos whiskys pedías y que tanto sabías de vinos. Él solo se dejaba llevar. En realidad era un Dandi que le gustaba disfrutar de lo exquisito de la vida y eso muchas veces era una simple puesta de sol a la orilla del mar, o un café al conversar. Eso, una persona para conversar, le hacía falta escuchar, hablar, estar con un igual. Obvio, si era del sexo opuesto, mucho mejor. Toda su vida se había llevado mejor con las mujeres que con los hombres. Más allá de que le encantaran las mujeres. Su vasta experiencia en el tema lo había llevado por escenarios de amantes intrigantes, delgadas, voluptuosas, inteligentes y hasta tontas, de nacionalidades, colores, olores y sabores, preferencias e inclinaciones distintas y a todas les había entregado una parte de su corazón. 

Era pues, una persona dispuesta a experimentar lo que las oportunidades de la vida le presentara. Ese viejo, estaba llegando al destino final de entregarse por completo, de perderse por alguien. 

Salió un día a comer solo de la oficina, rechazó las ofertas de compañía de los Duques del lugar. Miro a ambos lados de la calle y la vio venir. Esa señal fue suficiente para decidir caminar en esa dirección. Conforme se acercaba disfrutaba de observarla con descaro mientras se acercaba. Para justo al pasar decirle una frase lasciva y morbosa. Comenzó diciéndola fuerte y bajó la voz casi cuando la tenía al lado, sus pensamientos y su intuición le gritaron que guardara silencio, podría ser empleada del lugar de trabajo que ahora tenía. Además, una mujer que sostiene la mirada con tal osadía era de cuidado. La "pendeja" le sonreía con cinismo. Siguió su camino y cuando creyó conveniente voltear para mirarle el culo, se sorprendió al ver que ella hacía lo mismo y entraba al edificio del cuál había salido él.



Te voy a morder la boca...


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