¿Te das cuenta que buscamos ternura entre dientes afilados y sonrisas maliciosas? ¿Entre datos fríos y mentes rotas? Buscamos dolor pensando que es amor y creemos que nos aman. Encontramos golpes en lugar de caricias y confundimos los dos. Dejamos que las líneas se desvanezcan. Doblegamos nuestros propios límites y continuamos tomando lo que nos hace daño. Es el veneno que nos mata el alma poco a poco y aun así lo disfrutamos. Ella, escuchaba la voz en calma que dilucidaba, parecía que no se dirigía a nadie en particular, y continuó escuchando.
Primero fue una sonrisa y luego risa. Luego llegaron las caricias y comenzaron las fantasías. Poco a poco tomando el control que cedían. Continuó el juego de hacer sentir especial al otro. De tener a esa persona embelesada. De pronto los días soleados y sus noches estrelladas, comenzaron a estar ensombrecidas, como si pasara una nube por sus ojos y ahí aparecía un gesto adusto cuando antes había dulzura.
¿Nunca viste la mirada vacía? Esa mirada que no concordaba con sus palabras y caricias. No, ya estabas demasiado adentro del abismo para distinguir lo que no cuadraba. Y así todo empezó a cambiar. Llegó el dolor como pequeños cortes. La palabra punzante que heria para luego ser curada con palabras de miel. Luego vino la hiel. Silencios prolongados, ausencias estando juntos y al final, las reales. Pequeños momentos donde dudabas de tu existencia.
Arribaron las lágrimas y reclamos, para terminar por sentir que la locura te invadía ¿Serás tu? ¿Estás mal de verdad? La desesperación llegó hasta el momento de discutir en medio de gritos y soltar un bofetón y ahí, su mirada revivió. Se abrió la puerta al demonio que en el fondo observaba y paciente esperaba. Su momento llegó. El bofetón que regresó nublo la vista, pequeñas estrellas desfilaban en la mirada. Vértigo y náuseas, el sabor a hierro en la boca y su olor en la nariz. Ella más pequeña que él, sorprendida de la reacción, lo miró tratando de enfocar su cara, por un segundo vio un monstruo y luego su cara de aflicción. La levantó, le ofreció mil disculpas justificando su acción, y ella lo perdonó.
Ella, escucha esta historia de boca de aquella que está acuclillada junto al lugar donde se desangraba. La figura de una mujer a contraluz, indefinida, oscura, fría; continuó hablando.
Y así empezó ese camino en una espiral decadente de golpes y caricias, de insultos y disculpas, hasta llegar a este momento. Tú, desangrándote y él organizando la desaparición de tu cuerpo. Del otro lado veía una luz que habló y dijo: Te envié muchas oportunidades de salir, te envía ayuda ¿por qué no quisiste tomarlas? El ángel sollozaba y la muerte se levantó observando en silencio. Tomó la mano de ella y dejó de sentir dolor con un último gorgoteo lleno de sangre.
Ella lloraba, aún rogándole a él para que le ayudara, que lo perdonaba. Él la envolvía en plástico para luego emplayarla. La muerte la tomó del brazo y la arrastró sin esfuerzo a pesar de que ella se empecinaba en zafarse de ese apriete que parecía un grillete.
El gato desde el alfil la observaba con la indiferencia de los animales que pueden atravesar los velos invisibles que separan distintas realidades sin que les pasara nada. Ella continuaba resistiéndose a dejarlo. De pronto del apriete frío de la muerte, pasó a un apriete lleno de fuego y dolor. Se detuvo y miró la sombra oscura que la arrastraba con una cadena de hierro candente. Ahí sintió el profundo horror de su final, miro la condena y esa alma gritó NO. La palabra que debió haber dicho en ese primer bofetón.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Habla