viernes, 31 de julio de 2026

Ritual de Olvido

Bien puedo ser el poema que atraviesa tus corazas y llega a los más profundo de tu alma. O ser tal vez el aroma que evoca los recuerdos más felices de tu memoria. Puedo ser la música que te hace bailar con alegría, pero también logro ser la que despierta la melancolía. 

Puedo ser el aire frío que hace que encojas los hombros y recuerdes los días llenos de vacío. También puedo ser la lluvia que trae a tu memoria los días en los que te sentías perdido. O el rayo de sol que indica que la tormenta pasó y tu fortaleza sostuvo tú convicción. Podría ser la noche que te rememora los más terribles horrores de tu imaginación, o la luz que asoma como esperanza en un bosque de desesperación.

Amaría ser el beso que te trae a la piel la memoria de la primera vez, o ser el bofetón del primer desamor que abre un profundo dolor en tu corazón.

Sé que solo soy el espejo donde miras el reflejo que a veces amas y otras observas como una terrible distorsión. Apartas la vista y regresas para poder ver lo que duele y necesita el cariño que esa vieja cicatriz dejo.

Se todo esto porque del otro lado del espejo veo en el reflejo lo muchas pieles que tengo y entre los pliegues asoman las más obscuras sonrisas a las que me rindo y acepto.

Todo esto para decir que si un día desaparezco, no olvides que fui el más terrible y horrible reflejo, el que te decía las cosas con ácidas sonrisas, desdeñosas miradas, y un ego desmedido lleno de rizos sangrientos. Que al final te hacía pensar que no eras tan malo y te vestías en un manto de santidad. 

Recordarás la sonrisa torva, mi mirada vacía y las palabras llenas de ponzoña que salían de mi boca despreciando, menospreciando, humillando y maltratando a quien no ha tenido la suerte de aprender a amarse por arriba de la línea de la desesperación. Recuerda la crueldad que en mi habitaba y hasta que grados llegó.

Con esto podrás olvidar que deseabas rendirte entre mis palabras lascivas y la imaginación que a ti acudía ávida de acción. Lograrás dejar de lado el olor de mi piel y la sensación en la punta de tus dedos. Las sonrisas que te provocaba al ver cuánto amor contenía esta alma abandonada por Dios. 

Así acaba esta receta de olvido para esta mujer que desdeña con veneno, hasta que su amor etéreo se escape por las grietas de tu memoria y puedas llegar a decir cuando escuches mi nombre: "¿Quién?". 

No olvides leer este ritual bajo la luna negra, mientras miras al cielo y susurras mi nombre completo al viento, sostén tu posición aunque escuches risas y no voltees aunque sientas caricias. Completa el ciclo hasta el párrafo anterior y quema todas las palabras que algún día te escribí, no olvides ni una. Y así cariño, se acaba la bendición de haberme tenido en tu vida, dejando de sentir que vives atrapado en un maldición.

martes, 21 de julio de 2026

Deidades

Se escuchan silencios, donde animales nocturnos aúllan y susurran, pasando a su lado sin ruido, como muestra de respeto a las lagrimas de una deidad caída en desgracia por un mortal cariño.

Por segundos mira fijamente a la muerte para retarla a tomar su mano. Pero la ignora y prefiere abrazar al lobo más viejo de la manada. El cuál aullaba al lado de ella cada que lloraba. Aumentando el dolor de continuar caminando sola. Las deidades no mueren, sufren; le recuerda la muerte con una sonrisa.

Continua su camino por el bosque nocturno, donde la luna le lanza miradas que hacen brillar los corazones en sus rizos demacrados. Se aferra al más fresco de ellos y lo acaricia con ternura y enferma de celos cuando siente que los latidos por ella han cesado. Se enoja consigo misma y destroza el corazón cerrando el puño con fuerza.

Saborea la sangre que escurre por sus dedos, sintiendo el hierro mientras escucha el grito del alma condenada que acaba de ser arrastrada al infierno. Se sonríe de ello y lanza carcajadas desdeñosas, mientras se arrepiente de ello.

Se detiene a llorar nuevamente por esa gran soledad y miedo que le invade por no volver a ser venerada, nublando su pensamiento. No piensa correcto, desborda emociones bajas, inferiores a los de una Diosa adorada. Ahora se enfrenta al silencio de averiguar quien es sin el reflejo del oro que rodeaba su monumento. 

El ego maldito de un cuerpo sin muerte, a la vez sin vida, lleno de grietas profundas provocadas por seres que aman con frialdad y dureza. Se cubre de hielo y busca derretirlo con la cercanía de los lobos que no dejan de seguirla en ningún momento.

Esa deidad cada vez más muerta que viva, pierde el control de sus heridas. Corre de noche y sigue gritando a un Dios Verdadero que la ignora, la mira de reojo y en su dureza no se compadece de ella. 

¡Mírala! Perdida en el torbellino de emociones que ya no controla y solo desea llegar a las ruinas de la memoria perdida, de los días que fueron su gloria. ¿Te compadeces de ella?