Bien puedo ser el poema que atraviesa tus corazas y llega a los más profundo de tu alma. O ser tal vez el aroma que evoca los recuerdos más felices de tu memoria. Puedo ser la música que te hace bailar con alegría, pero también logro ser la que despierta la melancolía.
Puedo ser el aire frío que hace que encojas los hombros y recuerdes los días llenos de vacío. También puedo ser la lluvia que trae a tu memoria los días en los que te sentías perdido. O el rayo de sol que indica que la tormenta pasó y tu fortaleza sostuvo tú convicción. Podría ser la noche que te rememora los más terribles horrores de tu imaginación, o la luz que asoma como esperanza en un bosque de desesperación.
Amaría ser el beso que te trae a la piel la memoria de la primera vez, o ser el bofetón del primer desamor que abre un profundo dolor en tu corazón.
Sé que solo soy el espejo donde miras el reflejo que a veces amas y otras observas como una terrible distorsión. Apartas la vista y regresas para poder ver lo que duele y necesita el cariño que esa vieja cicatriz dejo.
Se todo esto porque del otro lado del espejo veo en el reflejo lo muchas pieles que tengo y entre los pliegues asoman las más obscuras sonrisas a las que me rindo y acepto.
Todo esto para decir que si un día desaparezco, no olvides que fui el más terrible y horrible reflejo, el que te decía las cosas con ácidas sonrisas, desdeñosas miradas, y un ego desmedido lleno de rizos sangrientos. Que al final te hacía pensar que no eras tan malo y te vestías en un manto de santidad.
Recordarás la sonrisa torva, mi mirada vacía y las palabras llenas de ponzoña que salían de mi boca despreciando, menospreciando, humillando y maltratando a quien no ha tenido la suerte de aprender a amarse por arriba de la línea de la desesperación. Recuerda la crueldad que en mi habitaba y hasta que grados llegó.
Con esto podrás olvidar que deseabas rendirte entre mis palabras lascivas y la imaginación que a ti acudía ávida de acción. Lograrás dejar de lado el olor de mi piel y la sensación en la punta de tus dedos. Las sonrisas que te provocaba al ver cuánto amor contenía esta alma abandonada por Dios.
Así acaba esta receta de olvido para esta mujer que desdeña con veneno, hasta que su amor etéreo se escape por las grietas de tu memoria y puedas llegar a decir cuando escuches mi nombre: "¿Quién?".
No olvides leer este ritual bajo la luna negra, mientras miras al cielo y susurras mi nombre completo al viento, sostén tu posición aunque escuches risas y no voltees aunque sientas caricias. Completa el ciclo hasta el párrafo anterior y quema todas las palabras que algún día te escribí, no olvides ni una. Y así cariño, se acaba la bendición de haberme tenido en tu vida, dejando de sentir que vives atrapado en un maldición.
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