Flores en la tumba. Flores secas y marchitas. La escoba barriendo las hojas caídas del árbol que da sombra a mi guarida. Mi guarida, morada de otros ya idos mucho tiempo atrás. No olvidados, su recuerdo permanece en la que visita este lugar. Y digo mi guarida porque lo usurpé. Los huesos los guardé en un rincón, limpios, ordenados; son el dueño original. Me da un poco de pena invadir su hogar, pero es cómodo, aislado de los demás. Este lugar es especial; no sé si es por los inquilinos que en vida fueran extraños. Extraños por poder ver sin ese velo que cubre la mente de la mayoría de los vivos.
A ella; esa que los visita; la huelo, es limpia y mayor. Rehuye su arte, la niega pero la fuerza la utiliza en alguna ocasión... lo que yo le enseñaría. Cada semana llora un poco, a solas. Cuenta lo bueno, lo malo y lo peor. Escucho y sus lágrimas caen y alimentan la tierra con su pesar. A veces escucho las risas del pequeño en el aire. Algunas veces siento a las otras dos, las hermanas. La trilogía que hacen, como Moiras, Nornas o Parcas. Como quieran llamarlas. Extraño la fuerza de una de ellas, la que me hizo ésto, la que me dejó en cenizas. La que incendió todo conmigo adentro. No tengo hogar y necesito uno, necesito alimento.
Todo queda en silencio en mi morada. Se enfría, dormito y guardo el poco alimento que me ha proporcionado esa rara familia; sin pensarlo o sentirlo siquiera. Sueño; a la luz de la luna y los gatos maullando, cazando; sueño. Sueño que habito en ella, la que casi no visita estos lares. La sueño durmiendo sola en esa cama nivea, amplia. Me paro a su lado y retiro los rizos que caen sobre su cara. Acaricio su mejilla y su olor me guía. Me meto entre las sábanas y tomo sus manos entre las mías. Observo su rostro apacible y pienso en lo mucho que ha crecido desde la última vez que cohabitamos. Beso la punta de sus nudillos y su sabor me embriaga, tanto que me dan ganas de mordisquear suave sus manos. Extasiado, sin percatarme, comienzo a hacerlo y se va despertando. Gira la cabeza en duermevela a mirar un crucifijo. Él. Lo miro y pienso en la falsedad de los ídolos, en la esperanza humana fallida. Se despierta de golpe mientras yo sigo mordiendo. Sonrío y pienso que por fin me ha visto. Susurro en su oído - Te extrañé vida -. Pero ella grita; no me ha reconocido. Arranca sus manos de las mías y corre escaleras arriba. La sigo y ella horrorizada me observa. Me esfumo.
Despierto entre raíces y el rocío de la mañana; agotado. Me doy cuenta que he viajado a su hogar. No puedo describir la emoción de saberme unido a ella, la sensación de tener nuevamente su vida a mi lado.
Insisto; te extraño fuente de vida. Para este ente que te ama eres alegría para la soledad. Quiero estar en cada momento de tu andar.
Vida, te espero acá. Acércate sin dudar, un poco más. En tu espalda me llevaras de polizonte, de incógnito, de pasajero, de íncubo. Ven hija de ángel caído te han prometido mía por una eternidad.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Habla