Descarga su furia en azotes constantes sin ser peligrosos. Tiemblan los presentes entre risas, nervios y osadía. La furia espumea dejando caricias divertidas, frías; sobre la piel tostada al sol. Se calmaba para seducir a los osados que miraban. Le gusta devorar hombres pendencieros y sin respeto. Ese mar calmo acepta desafíos. Atraído por esa silenciosa invitación, el endeble humano acepta. Sonriente se acerca a la orilla del arrecife, mirando la calma de esa fuerza mortal, pensando que la ola que viene será como las demás. Ante la incrédula mirada de asombro y maravilla; la ola crece dos metros más de lo normal. Como boca gigantesca de un monstruo salido de las profundidades del mar; se cierne sobre el valiente y cierra su boca, mastica y engulle. Arrastra al fondo de su estómago el cuerpo roto, sin vida y flácido del que pensó salir victorioso. Y así querido público, el mar se traga una vida.
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