Cada que paso a tu lado, finjo no verte para evitar charlar, pues te veo siempre ahí.
Te imagino paseando por el bosque, deteniéndote a admirar todo por última vez. Evocando recuerdos y por fin en paz por que el dolor iba a terminar. Te imagino recorriendo todos los lugares posibles hasta que encontraste ese lugar ideal. Atrás de una Virgen de Piedra que alguien puso como altar. Un claro verde y hermoso, con sol y flores, paz y tranquilidad. Estabas muy feliz de haber encontrado por fin ese recinto final de paz.
Creo que decidiste salir a pasear tarde a la noche mientras todos dormían. Una carta en tu pecho y un ligero chandal para la noche fría que venía. Llegaste a tu lugar y recorriste descalzo el pasto frío y te pusiste al centro mirando hacia la noche estrellada. Te recostaste mirando el espacio infinito haciendo preguntas de como podrías llegar hasta allá. Sonreíste y te pusiste en acción. Las varias pastillas que ya habías ido acumulando sin que nadie se diera cuenta que no tomabas tu dosis, hasta la aumentaron pensando que el efecto se estaba acabando. Una a una, espaciando los minutos entre ellas, no había prisa y no querías que tu estomago las devolviera. En la última la pesadez era infinita, las estrellas bailaban en un remolino y sentías que flotabas. Escuchabas los grillos, las ratas de campo y los insectos caminar en tu piel. El sonido lejano de los autos y un perro aullando, como anunciando tu renacer. Tus ojos se cerraron y el vacío llego, no más dolor.
Al día siguiente alguien te encontró. Un perro que paseaba con su dueño te olfateo y luego ladró, aulló en despedida y solo atiné a llamar al servicio de emergencias. Fue una mañana extraña. Preguntas y luego tu hija. Llorando y exigiendo que le dijera que pasó. Vi que la mirabas pero ya no sentías dolor, con una sonrisa te acercaste y la abrazaste, mientras le decías al oído "tranquila, ya por fin terminó mi dolor, lo siento por tanto y tan poco".
Hoy te he visto más desvanecido, creo que por fin estas viajando a las estrellas. Por ese me he atrevido a acercarme a la Virgen y hablar contigo. Decirte que tu muerte ha sido hermosa, silenciosa y en soledad. Que ojalá yo tuviera tu coraje para dejar atrás toda esa oscuridad que anida en el fondo de mi mar. Te he deseado buen viaje y me has mirado con cariño. Y en un susurro, ya casi sin voz me has dicho: "Todos los viajes son hermosos, aunque estén llenos de caminos escarpados. Disfruta tu luz y sumérgete en tu oscuridad; vive desde ella, no a pesar de ella". De pronto te volviste una mota de polvo, iluminada como una luciérnaga en la oscuridad, flotaste frente a mis ojos y te elevaste a donde iremos todos a parar.
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