Me encontraba contenida a tu lado, fingiendo ser la perfecta ama de casa, inhibiendo mis deseos, esos oscuros deseos. La imaginación galopaba en todas esas comidas con tus amigos. Me imaginaba escenas de atardeceres rojos en esas terrazas al sol.
Recuerdo esa carne asada donde me dediqué a ser la encargada de la parrilla. Imaginaba como uno a uno de los presentes perdían la vida en escenas sádicas. Sus caras pasmadas al ver como lanzaba al vacío al que más me fastidiaba. Su esposa corriendo a la orilla gritando su nombre, y yo, con singular alegría le comentaba: "Anda, deberías alcanzarlo". Mientras la empujaba con una sonrisa. Intentaban detenerme pero un cuchillo lanzado con destreza derrumbaba al anfitrión. Asustado el resto corría. ¡Ah, pero que sorpresa! Las escaleras estaban cerradas y el ascensor no funcionaba. Previsión, es la clave de un buen evento. Uno a uno caían en mi espiral de horror. Los hombres perdían por el miedo y no saber actuar frente a este tipo de situación. Después me arrepentía de pensar en eso, porque ¡Qué tonta! ¿¡Cómo podía pensar que dos cuerpos cayendo del último piso no llamarían la atención!? Odiaba esos lugares donde vivían, llenos de gente, miles de departamentos y yo añoraba la soledad de un bosque y los refugios que daba para mis más atrevidos sueños. Mi extraña sed no era apaciguada y yo estaba comenzando a llenarme de una oscuridad incontenible. Fantaseaba con cualquiera que no me agradara, cuando en realidad debía ser alguien que mereciera el sufrimiento. Me contenía al máximo.
No buscaba a nadie en particular y como cualquier regalo, llegó de sorpresa. ¿Quién pensaría que sería ella? Era igual que yo. No, mejor. Emanaba esa extraña sombra. Me daba escalofríos estar a solas con ella, sobre todo por como me observaba. Yo era su presa y me subestimó. Nunca supe cómo es que llegó a ese tu grupo de amigos. Me sorprendía que nadie se diera cuenta de como nos observaba. Estudiaba a todos y se anotaba mentalmente que haría con cada uno de ellos. No se limitaba y ella si sería capaz de acabar con todos.
¿Recuerdas el viaje que organizó? Yo estaba sorprendida que aceptaran con tal alegría su invitación. ¿Una casa en el bosque? ¿A la entrada del invierno? En un país que no haría mucho por la desaparición de unos cuantos turistas. Intenté poner los mejores pretextos para no ir, y tu insistías en que debía ser más flexible y socializar más, que le haría bien a mi "extraña soledad". Recuerdo que ella quería jugar conmigo, hacerme enojar y así poder ser más fácil de cazar. Comenzó a buscarte, acosarte, hasta que tu cuerpo cedió. Se acostaba contigo y dejaba la suficiente evidencia para que yo cayera en esa simple trampa. Repito, me subestimó. Fingí muy bien los celos que sentía por ella y tu te molestabas como si fueras un santo, y tus amigos te aplaudían en silencio. Eso te hizo sentir grande, poderoso y yo solo fingía sufrir con las esposas. Y aún así te quería, por esa sensación de normalidad que me dabas.
Confieso que la escena de sexo entre ustedes fue la mejor pornografía que haya visto. Me toqué al verlos, como te dominaba para que hicieras lo que ella quería. Arrastrarte en el piso como perro, con una correa de satín al cuello, jalaba de ti para dirigirte a su sexo, húmedo y anhelante por correrse entre tus dientes y lengua. Adoré ver como con las manos detuvo tu cabeza y no dejó que salieras de ahí hasta que ella quedó satisfecha. Me excito escuchar tu lengua chasqueando en su clítoris y escuchar como salivabas como un perro hambriento. Los gemidos de ella llamándote perro, y dando indicaciones: derecha, izquierda, muerde fuerte, lame perro, lame, no te detengas. Cuando hizo que lamieras toda la humedad que emanaba de ella: bebe el agua que provocas perro, calma tu sed. Te denigraba y tu eras feliz, como perro que maltratan pero que tiene hambre del jamón que a veces le dan.
Después de eso dejabas notar tu anhelo, el deseo que ella generaba en ti con una sola mirada, con un gesto. Sonrisas llenas de complicidad y mi magistral actuación de celos. El día del viaje llegó, planeado a la perfección. Todos llenos de ilusión. Las esposas fingiendo alegría, compadeciéndome y protegiendo a sus maridos de esa pérfida mujer. Entre falsas lágrimas y caras de desdicha, a mi me causaba cierto placer el saber como el infierno estaba por caer en todos ellos, incluido tú, mi amor. Aunque también intuía que me estaba guardando un lugar especial.
Llegamos a la imponente casa, en medio de la nada, sacada de película gringa de navidad. Tú, amor, como buen perro, cargando sus cosas y dejando en claro que este era el fin. El resto lanzando miradas de pena y sonrisas lastimosas. Sin embargo, era un día muy feliz para mi. Mis ganas de cazar estaban a flor de piel, anhelando la adrenalina. La primera sorpresa que te llevaste y hasta fue para ti una alegría, no permitir que entraras al cuarto que nos habían asignado. Antes de abrir el cuarto volteé a verte y en ese largo pasillo lleno de tus amigos, dije: Ya no quiero seguir contigo, esto llegó hasta aquí... Perro faldero. Lo que más te sorprendió fue ese fría sonrisa y la mirada llena de fuego, como si te enfrentaras a algo mortal, lo cuál te hizo dar un paso atrás. Adoré ver tu miedo y vergüenza, y en ella, ver desarmado su plan teniendo que compartir el cuarto contigo. Porque ¿Cómo no lo iba a hacer? Todos sabían.
Mi plan estaba trazado, escudándome en el ama de casa que sufría. No cené con ustedes, fingiendo llorar en mi cuarto, cosa que solo hice por unos minutos y luego un loop de un mix de sollozos en audio. Pasé una noche placentera sin ti, a pesar de que ella trato de entrar a mi cuarto.
El siguiente día siguiente, tu actividad favorita, "hicking", putos anglicismos. De regreso por la tarde, me encontraba siempre al final, ya nadie me esperaba porque siempre hice notar que odiaba el ejercicio. Cuando en realidad, lo que odiaba era compartir la naturaleza con un grupo de personas, ruidosas y molestas. Aprovechando esto, me desvié del camino, me adentré en el bosque hasta llegar a una cabaña que era mía desde hace mucho tiempo. La única recomendación que escucharon de mi parte fue ese lugar hermoso y alejado de todo, a 80 km de la ciudad más cercana, cosa que a ella le convenía. Todos sabían que esa noche nevaría. Así que cuando se dieron cuenta de que no regresaba, ya era tarde para irme a buscar, eso creo yo, o simplemente se levantaron de hombros después de fingir preocupación. Y tu dijiste, "ya llegará, siempre regresa, como los perros", todos rieron.
La nieve constante y suave fue cayendo toda la noche, estoy segura que todos pensaban que moriría congelada. La ropa para senderismo no era adecuada para una noche de nevada en el bosque.
Refugiada entre los árboles, me senté a escuchar los gritos al amanecer. El frío era casi imposible, pero el deleite de la sinfonía era estimulante. Con un sonrisa enorme, extasiada, con la mirada perdida, no me di cuenta del lobo que me acechaba hasta que lo tuve a un lado, gruñendo. Lo único que pensé es que todo mi plan se arruinaría, morir era lo de menos. Cerré lo ojos y sentí su nariz fría en mi cara. Dejó de gruñir y se acostó a mi lado. Me quedé recostada un largo rato con el a mi lado, hasta que metió su nariz en mi mano para que lo acariciara. Era enorme pero se comportaba como un animal domesticado. Después de eso, se fue. El estar cerca de algo tan salvaje y mortal me hizo perder todo el frío que sentía y aumentar mi concentración en el plan.
En fin, basta de detalles y vayamos a la noche, donde dejé que ella hiciera la siguiente parte. Esa noche ella había planeado jugar con todos, cazando a cada uno. Apagó cámaras, desconectó baterías de autos, y cortó la luz. Perfecto, más que perfecto. Me pude acercar a la casa sin ser vista, y me dedique a observar. La chimenea arrojaba luz pero hacia que las penumbras fueran más profundas. Los incitó a tomar vino, y lograr una ventaja sobre los maridos, las esposas eran presa fácil, frágiles. Condenó mucho el abuso de venenos, pero admiré la técnica de la droga natural, de hongos un poco más raros de lo común. Los alérgicos muriendo por anafilaxia. Me encantó el uso de alcohol un poco adulterado y fingir ayudar con las personas que iban vomitando. Muy feo eso de morir por tu propio vómito. Y finalmente, esos que salieron desnudos corriendo porque estaban alucinando cuando la vieron con esa mascara de demonio, y pensaron que era el día de su juicio. Y al final dejaste a tu animal domesticado, esperando a que yo llegase.
Cerca de la casa, dejé mi chamarra bañada en sangre, con una conejo muerto dentro. Esperando que los lobos lo olieran y pasearan como la noche anterior frente a la casa con el premio en el hocico. Y los lobos aparecieron. Por lo que los pobres que salieron alucinando fueron atacados, y maldita sea, te ayudé en eso. Pero tuve suerte mi lobo (que osadía la mía de llamarlo mío) dejó la chamarra cerca de la puerta. Al verla pude ver tu decepción, el berrinche y tu ira. Entendí que todo esto era para mí, por mi. Pura emoción me embargó, el objetivo deseado era yo. No te tragabas mucho el cuento de ama de casa desvalida que fingía ser ¿O sí? ¿Y solo me detestabas más que a los demás? Solo me detestabas, sí, eso era.
Ay amor, estabas a punto de perder la vida, cuando entré yo. Mirada sonriente, silencio en la casa. Ella a tu lado a punto de asfixiarte, que eso le excitaba. Me acerco a ella de tal forma que mi sombra se proyecta hacia ella. Trata de levantarse, la empujo y pierde el equilibrio. Cae de espaldas, sin poder levantarse, caigo a horcajadas sobre ella. Cuchillo en mano, su mirada de odio, lucha y forcejea para lograr asir algo, lo que sea para defenderse. El lobo se acerca y gruñe cerca de ella. Se queda quieta, se petrifica y grita. Clavo el cuchillo, mi corazón se acelera y su mirada se apaga. Cierro los ojos y respiro profundo el frío que entra, escucho el silencio y el lobo comienza a aullar. El resto de la manada se une a él y me regocija sentirme parte de ellos. Me levanto y le digo: "es tuya, es mi regalo". Muerde su cuello y la arrastra afuera. La manada se aleja con diversos premios y la nieve es roja, es hermosa la vista a la luz de la luna. Finalmente te veo, alucinando, queriendo alejarte de mi, gritando con cada paso que doy "BRUJA, SUÉLTAME, NO SOY TUYO". Y eso es lo que siempre has pensado cuando en realidad la que nunca fue tuya fui yo.
Esto me enseña a que el mundo de parejas, dulces y tiernas, estables y duraderas tan llenas de mentiras, no son para mi. Que lo mío es la naturaleza, la soledad y la fortaleza. Me gusta ver de lejos ese mundo tan perfecto, pero que nada tienen que ver aquí. Recito esto a tu oído, para que no te equivoques en pensar que tu jaula era para mi. Te arrastro afuera y comienzo un incendio, que la casa arda, que tu mundo arda mientras me alejo. Dejarte vivir es peor que acabar con tu vida.
Regreso a mi mundo, quemo tus recuerdos, me limpio de ellos y duermo. Todo mundo piensa que he muerto. La mejor manera de borrar mi presencia de la humanidad que te rodeaba y hacer que mis últimos momentos a tu lado fueran una pesadilla que pensabas había sido influencia de las drogas que tomaste. Después de años para apaciguar tu alma, me escribiste un correo ofreciendo disculpas pero culpándome de tus decisiones, pensando que estaba muerta. El ego que mantenías.
Fue una muerte discreta la tuya, casualmente escribiste un segundo correo diciendo que en realidad sufrías y no podías seguir con estos recuerdos. Saltando del 15vo piso de tu departamento. Caso cerrado. Nadie sospecha de los muertos.
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